¿Alguien quiere una obra de rehabilitación para su escuela?

el 09 Septiembre 2014. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, Colaboración especial | Vistas del artículo: 5434

Publicado en Animal Político | 09.17.2014

Por: Analuci Ayora

He sido profesora de educación primaria por 28 años, trabajando en diferentes funciones y diferentes contextos, principalmente en el medio rural. He vivido de cerca la inequidad social y educativa, la indiferencia institucional y docente. Ello me llevó a luchar para generar cambios: hacer de cada espacio el mejor posible, convenciendo a la gente de Veracruz, Hidalgo y Yucatán que no son personas de segunda clase, que no se merecen un trato discriminatorio y que deben exigir que se cumpla su derecho educativo; algo diferente a lo que están acostumbrados.

He aquí una historia que quiero compartirles. Actualmente vivo en Sahcabá, una comunidad maya-yucateca, perteneciente al municipio de Hocabá, cerca de Izamal. Cuenta con una escuela de educación inicial indígena, un preescolar indígena y una primaria general, es decir, no indígena.

Llegué como directora a la primaria en septiembre de 2013. La escuela cuenta con 261alumnos. El paisaje era desolador: una escuelita sin pintar, salones sin energía eléctrica, cables expuestos, mobiliario de más de 20 años. Los baños, de hace varias décadas, cuentan con un sistema que pocos conocen, pues fue la innovación después de la letrina: la llave de válvula. Pero eso sí, se trata de una escuela que estuvo beneficiada durante más de cinco años por el Programa Escuelas De Calidad (PEC).

Además de lo ya mencionado, la escuela primaria Josefa Ortiz de Domínguez tenía un problema añejo: el sistema de desagüe que se derramaba. Ya lo habían ido a limpiar, según nos informaron; esta limpieza consistió en traer una pipa, una bomba, extraer la suciedad que sobre todo se genera de los baños, sacarla y llevarla a tirar… no me pregunten dónde, no lo sé, nadie lo dice.

Este sistema ya no era suficiente para la cantidad de alumnos. Era la segunda fosa séptica que se utilizaba, por lo que era necesario reportarlo. En Yucatán, hace poco menos de cinco años que las escuelas cuentan con un teléfono para emergencias en los servicios; es un 01 800, cuya atención por las operadoras es rápido y amable. Cuando llamas te dan un folio que registra tu solicitud y te dicen que en un plazo de 72 horas deberán visitar tu escuela, cosa que generalmente sucede. Hicimos el reporte el 10 de octubre de 2013.

Llegaron dos días después de mi llamada. Inspeccionaron y dijeron que no era viable limpiar, que había que resolverlo con un pozo de desagüe nuevo, y se fueron. Pasaron días, semanas, un mes… y cada cierto tiempo el agua sucia salía del llamado “sumidero”, inundando parte de la escuela. Así que yo reportaba: sí, ya había un folio, y me informaban que se estaba analizando: “que si la máquina no entraba, que si el recurso para el pozo, que había que hacer una nueva fosa…”

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Enfermedades de la piel, reporte de salubridad como foco de infección, más pestilencia, salida anticipada de alumnos y reclamos de los padres, reportes, quejas con autoridades inmediatas… y siempre la misma respuesta: “lo estamos viendo”. Tiempo después, mandaron a limpiar; al no funcionar, se presentó un primer contratista a abrir un pozo nuevo. Midieron, perforaron, armaron y taparon… pero jamás conectaron. Después de insistir, conectaron, pero con la fosa séptica fuera de servicio. Después conectaron, pero con el declive al revés; es obvio que no funcionó. Si me preguntan: ¿por qué no supervisaste esas obras?, ¿por qué no le dijiste al ingeniero cómo se conecta un pozo a una fosa? y ¿cuáles son las leyes de la física respecto a los declives -cosa que una directora de escuela primaria debe dominar, pero no un ingeniero-?, la respuesta es: porque esos trabajos se hicieron en fin de semana. Sin previo aviso.

 Por fin, en abril de 2014, seis meses después del reporte inicial –y gracias a visitantes externos que coincidieron con el encharcamiento de la escuela por aguas negras, y que se encargaron de que la información llegara a las autoridades más altas- comenzaron nuevamente las supervisiones para descubrir que “algo andaba mal” y que al agua le cuesta trabajo subir, por lo que hubiera sido mejor que lo hubieran puesto en declive; que el pozo que se había abierto no iba a servir porque era poco profundo y que era mejor otro pozo. ¿Ahora se explican eso de: “no alcanza el presupuesto”? ¿Cómo va a alcanzar si una obra escolar necesita de trabajadores, encargado de obra, contratista, supervisor de obra, supervisor del supervisor, ingeniero que autoriza, supervisor del ingeniero que autoriza? Y se hace tres veces mal, y cada vez peor. ¡Vaya malgasto!

Mi sorpresa un lunes al llegar: ¡Un pozo de casi 20 metros de profundidad, que había tocado el manto acuífero, iba a utilizarse para pozo de desagüe! Mi reacción de protesta fue tal, que el municipio y la CONAGUA estuvieron informados para parar un desastre ecológico. Existen en el mercado unos sistemas llamados biodigestores, que hubiesen resuelto el problema de forma menos dañina al medio ambiente y más económica, según la misma CONAGUA. Pero en el mantenimiento y rehabilitación de las escuelas sabemos que no se trata de eficientar recursos, ni de ir a la vanguardia con la tecnología; se trata de hacer “remedios” como popularmente dicen por aquí.

Hubo que exigir que se rellenara el pozo, para que quedara a 12 metros que es el máximo permitido. Se rellenó con gravilla, intentando que sirviera de filtro… nada igual al estado original. Se conectó al pozo anterior y a la fosa séptica antigua, resolviendo el problema. Todo se pudo haber resuelto en un fin de semana, y sin embargo tardó casi nueve meses… ¡nueve meses!

El15 de julio de 2014, con la clausura del ciclo escolar, se iniciaban en las escuelas de Yucatán los trabajos de rehabilitación, tan codiciados por los directores, ya que imaginamos una escuela pintada, impermeabilizada, reparada, dotada de lámparas y ventiladores. Pero nadie se imagina vivir una pesadilla escolar cuando es beneficiada con ese recurso. Les cuento por qué:

Se contempla un mes del receso escolar para impermeabilizar doce aulas, poner tres tramos de piso de cemento, reparar y pintar puertas, ventanas, cambiar tazas de baño, cambiar puertas de metal de baño, cambiar las lámparas y ventiladores. La SEP tiene un catálogo que indica qué deben hacer, pero según alguien que no conoce la escuela de cerca y que nunca se ha acercado a ver qué necesita. Lo que hicieron fue realizar compras innecesarias para mi escuela. Cambiaron los ventiladores, que la sociedad de padres de familia había comprado unos meses antes, por otros que paga la SEP pero que sí vienen en su catálogo, en lugar de pintar la escuela que sí se necesitaba, pero no venía en el catálogo.

¡Un mes de trabajos, y el día de la entrega nada estuvo listo! Las clases iniciaban el 25 de agosto; ese día, madres y padres de familia reunidos con sus hijos listos para comenzar el ciclo escolar, tuvieron que limpiar en las aulas los destrozos de la rehabilitación. Los maestros, en lugar de dar clases, tuvieron que sumarse a dicha tarea.

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Como resultado, les diré que hasta el día de hoy tengo: doce aulas impermeabilizadas; ventanas y puertas reparadas y pintadas, pero rotas por dejarlas cerradas con la pintura fresca; pisos de cemento sin terminar. Hay cortos circuitos en los salones, por “pastillas” de diferente capacidad a la correcta; desperdicio de lámparas y ventiladores comprados con esfuerzo de las familias; tazas de baño de sistema de válvula, cambiados por otro sistema parecido, pero de llave de plástico (las tazas con caja -que la mayoría conocemos- tal parece son un lujo innecesario para una comunidad rural, según el catálogo).

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Quedaron hoyos en las paredes de los baños, por falta de losetas parecidas a las que se rompieron para el cambio; puertas de metal que se quitaron y se llevaron a pintar “porque el presupuesto no alcanza”, y que se volvieron a colocar, claro, sin tomar en cuenta que había orificios originales en las losetas para ello. Al hacer otros orificios, a dos centímetros de diferencia, tienes como resultado puertas de baño que no cierran, y que -para colmo- se desprenden y caen sobre las alumnas, por suerte, todavía sin ocasionar lesiones graves.

Entonces les pregunto: ¿alguien quiere una obra de rehabilitación para su escuela?

 

 

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