Desde la intimidad del aula… El derecho a escribir

el 27 Febrero 2015. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, Colaboración especial | Vistas del artículo: 5314

Publicado en Animal Político | 27.02.2015

Por: Pedro Otero Otero | Ganador del Premo ABC “Maestros de los que Aprendemos”

“Enamorado del silencio al poeta no le queda más remedio que hablar”

Octavio Paz

Soltar por voluntad y con firmeza la mano inquieta, dejar que el lápiz se desplace lentamente, ponerle imagen a los sentimientos, hacer estético el lenguaje y fotografiarse desde adentro, desde lo más profundo donde se gesta la belleza, la inquietud y las quimeras: eso es poesía. El arte de esconder una idea entre un mar de palabras para que no se descubra fácilmente, y para que se disfrute sin límite al buscarla, eso es poesía.

Mi primera poesía (o tal vez pseudopoesía) la escribí en la adolescencia, a unas cuantas horas del terrible terremoto que azotó la Ciudad de México en el ya lejano año de 1985. También de dolor se escribe, cuando el dolor es brutal e insoportable. El dolor también es un motivo para manifestar la estética de las palabras. No me preocupé en la forma, le di prioridad al fondo. “Era un 19 de Septiembre”, así se titulaba, y aún la conservo en el acervo cultural de mis recuerdos.

Para escribir poesía el 90% es un motivo, el 10% que resta se puede cubrir con un poco de práctica, una retroalimentación oportuna y una muy buena dosis de motivación. Hay ocasiones en que la técnica parece limitar el flujo natural de las ideas. Poesía no es comprender; poesía es sentir. La técnica debe verse como un recurso para confundir más al lector, para que disfrute mucho más al construir su verdad; no importa que sea diametralmente opuesta a lo que el escritor quiso plasmar. Mientras más tardemos en asignarle un significado al lenguaje poético, más se disfruta. En ello radica el misterio, paladear la palabra es un derecho de todo lector.

Me gusta ser un ejemplo de lo que propongo: pido a mis alumnos que escriban poesía y el primero en compartir lo que escribe soy yo mismo, un servidor. Me gusta leer lo que yo escribo, soy uno de mis propios seguidores (aunque tal vez sea el único). El amor, el desamor, la patria, la naturaleza, los padres, los hijos y hasta los juguetes son motivos recurrentes en el aula para dejar volar la curiosidad y romper la barrera real que hay entre lo inmediato, por un lado, y la fuerza insaciable de la imaginación, por el otro. La creatividad es la praxis intelectual de nuestro tiempo y la poesía no puede quedar al margen de ello.

La poesía es una oportunidad para que nuestros alumnos se expresen sin límites. Es un derecho fundamental para que externen lo que sienten, lo que piensan, lo que les duele o aquello con lo que sueñan. Escribir poesía no es tan solo un aprendizaje esperado, una competencia o un rasgo del perfil de egreso; la poesía es una experiencia de vida.

Es importante gestar un ambiente alfabetizador para que nuestros alumnos escriban poesía y manifiesten el gusto estético por la palabra. Hay que proponer experiencias altamente formativas para que nuestros alumnos planeen, lleven a cabo y evalúen recitales poéticos, organicen encuentros literarios, aprovechen las redes sociales para difundir pensamientos, reflexiones y poesías que emerjan desde su interior, desde el espacio mágico de la inocencia y de la pureza, de la lealtad a la palabra y las consecuencias que de su uso se deriven.

Comienza por escribir lo que se te ocurra y no pongas límites al lenguaje. No hay palabras equivocadas. El lenguaje de por sí es bello, sólo trata de darle un ritmo natural y expresarlo con total libertad. Hay que generar ambientes alfabetizadores para que los alumnos escuchen, lean y escriban poesía. Esto les genera confianza, autoconocimiento, empatía y hasta pueden llegar a divertirse (un plus necesario en todo proceso educativo).

Hace meses germinó en mí el atrevimiento de escribir algo de poesía relacionado con mis juguetes que utilicé en los tiempos remotos en que yo era un niño; en los juguetes con los que mis hijos se divierten y hasta los juguetes que observo que mis alumnos llevan a la escuela. Cuando digo “atrevimiento” es porque al leer el maravilloso acervo de poesía con el que cuenta nuestra aula, lo que yo escriba serán tan solo esbozos por tratar de jugar con el lenguaje y tratar de lograr un poco de poesía ingenua.

De ese atrevimiento surge el cumplimiento de un sueño: hacer un libro de poesía que mis hijos puedan escuchar, mi esposa pueda cuestionar y mis alumnos puedan interactuar con él, pero sobre todo, que vean que el padre, el esposo y el maestro es capaz de intentar escribir algo y trascender con quienes convive, germinando a su vez en ellos la voluntad real de escribir. El libro titulado “Poesía para llevar…a mis queridos juguetes” está impregnado de ocurrencias, barbaridades, exageraciones y sueños que nunca (ni con el paso de los años) se han podido extinguir.

Como dijo Gonzalo Rojas –profesor y poeta chileno- en una entrevista: “Quien no parpadea vocálicamente, no entiende lo que es poesía”, y yo agregaría que tampoco puede empoderarla en el plano del sentir, de las emociones, ni tampoco del gusto estético por la palabra.

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