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La transformación educativa es un proyecto social que no depende de ningún actor político, candidato, o partido en el poder

  • Los tiempos electorales y la contienda por la Presidencia son secundarios y distractores de la transformación educativa.
  • Los agentes de cambio a nivel local son fundamentales para la implementación de la transformación educativa

Estamos iniciando el último ciclo escolar del sexenio, mismo que representa una oportunidad para apropiarnos del proceso de transformación educativa, identificarnos y convencernos que su implementación efectiva es nuestra mejor opción de presente y futuro.

No se puede confundir el proyecto educativo con uno político. Un proyecto educativo social es de nosotros, no de un “yo”. No importa quién gana, ni quién gobierna, ningún actor político presente o futuro tiene la capacidad de dar marcha atrás al compromiso que la comunidad ha asumido para garantizar el derecho a aprender de niñas, niños y jóvenes. La transformación no nació con la actual administración, y tampoco verá su fin con el siguiente Presidente o el siguiente secretario de Educación.

Debemos dejar atrás los discursos simplistas y totalizadores. La “reforma” no es un éxito ni un fracaso; es un proceso vivo, progresivo, evolutivo. No entender esto nos lleva a discursos triunfalistas o fatalistas, en los que hay opacidad y simulación.

El proceso de transformación educativa debe tener un carácter progresivo, que no sólo continúe sino que cada vez hagamos más y cada vez mejor por y con más personas.

La implementación depende de los agentes de cambio: Líderes intermedios, personas en la escuela, y actores sociales que aterrizan, monitorean, evalúan y retroalimentan
las políticas públicas en el contexto local.

Sólo cambiaremos las prácticas en el sistema educativo, las escuelas y las aulas con el compromiso y capacidades de los agentes de cambio a nivel local. El compromiso y la capacidad son complementarias y no pueden subsistir una sin la otra. Hay que fortalecer a estos agentes con espacios efectivos para la participación y comunicación; un marco regulatorio adecuado; información relevante y la comprensión de cómo usarla; oportunidades para desarrollar habilidades técnicas, y recursos suficientes.

El error más grande en los últimos cuatro años, ha sido no concentrarnos en fortalecer el compromiso y la capacidad de los agentes de cambio. Esto ha resultado en la implementación inexistente, inoportuna o deficiente de piezas claves para la transformación de la educación en México.

La Federación no es suficiente para el derecho de los niños. No podemos olvidar que son los 31 estados quienes administran las escuelas y son los formadores y empleadores de los maestros.

No hay reforma sin reformadores. Nuestra visión es de esperanza razonada: ni triunfalismo ni fatalismo. Nuestra visión es social; nada, y menos la educación, es un proyecto que dependa de un solo hombre o mujer. Ni hay, ni esperamos un supermán para salvarnos; no lo ha habido nunca en educación.

Por ello en Mexicanos Primero proponemos:

1) Que se lleve al cabo con claridad, serenidad e imparcialidad la siguiente oleada de evaluación de desempeño, y que no se posponga con el pretexto electoral.

2) Que se dé la formación continua adecuada, suficiente, no “en cascada” para que el cambio curricular, se haga efectivo.

3) Las tutorías para los profesores recién ingresados con los presupuestos y las designaciones adecuadas.

4) Deben dejar de incumplirse dos obligaciones con las familias: el informe de los directores a la comunidad y el sistema funcional de quejas

5) Se tiene que concluir en forma pública la depuración de la nómina de cada estado, tanto del FONE como de la nómina pagada con recursos estatales.

6) Es fundamental la verificación de los aprendizajes, y por ello seguiremos insistiendo en la versión no empobrecida de PLANEA.

 

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