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NOTICIAS DE HOY

Educando | Opinión

Excélsior | Paola Domínguez Boullosa | 15.febrero.2016

La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser. Hesíodo

La educación es un proceso que nace con el individuo y muere con él. La educación va más allá de la educación familiar, de la educación  formal, de los maestros, de los libros, de las aulas, de los deberes condicionados,  de los cumplimientos obligados, de los certificados… los títulos o los reconocimientos. La educación, como bien señala Rufino Blanco,

es la evolución racionalmente conducida de las facultades específicas del hombre para su perfección y para la formación del carácter, preparándole para la vida individual y social, a fin de conseguir la mayor felicidad posible. Por eso, contrario a lo que muchos  piensan, la educación no es nunca un proceso que acaba, sencillamente porque lograr nuestra felicidad es también materia de educación. Para la felicidad, como todo, también debemos educarnos y ese es quizá el punto más sorprendente que se le olvida a la mayoría de las personas que  ha elegido no ser feliz.

Se desaprovechan grandes oportunidades en la vida al creer que la educación es finita.  También, se cree que el educando se es sólo de niño, y lo cierto es que todo ser humano, a medida que va avanzando en edad se educa a sí mismo y educa, también, a la vez a su entorno,  lo hace  con el fin de analizar y analizarse, de comprender y comprenderse,  de adaptar y adaptarse al mundo en el que vive, para ser y hacerse más consciente. Esa es la verdadera educación… la evolución permanente, el desarrollo continuo de lo que se es en potencia… la búsqueda insaciable de la perfección y por ende de la felicidad que todos llevamos dentro.

Por eso nunca se termina de ser un educando, por eso nunca se termina esa gran labor que tenemos con nosotros mismos de ser mejores para procurarnos una vida mejor y más feliz. Siempre habrá algunos que hayan decidido  no seguir aprendiendo, no llevar registro de sus errores, no disfrutar jamás de sus aciertos, incluso sentirse y verse como seres ya formados y capacitados para enfrentar la vida, aunque siempre atrincherados, dudosos, reconociendo y reconociéndose únicamente en lo que han creído que son y no en lo que podrían llegar a ser. Son de los que prefieren sentirse graduados de todo en la vida y conocedores absolutos de la verdad, dando por concluido  su pasado, para finalmente convertirse en felices auto-limitados y libres comedidos. Y son así porque para eso se han educado para lo básico nada más, para la inmediatez, para lo absoluto, para lo finito. Sorprende que llegados a cierta edad no puedan comprender que las matemáticas sirven también para hacer balances de vida, que la literatura bien podría darles las bases para saberse contar con emoción su propia historia, que la química también sirve para enamorarse, que la biología puede salvarles la vida, que las manualidades producen sonrisas, que la filosofía  es también una estructura para tener una forma propia de vivir, o que el recreo no era un tiempo muerto sino tiempo de edificar relaciones y de relajarse. Se han olvidado que todo lo que se aprendió no sólo fueron conceptos en letra muerta, una vez pasado el examen.  Todo lo que se ha aprendido y se sigue aprendiendo es  formación integral para la vida, para expandir su mente, su  pensamiento y su emoción… una formación para conocerse, para definirse, para mejorarse… para elegir. Por eso hoy le invito a mirar su vida y a evaluarse en ella, porque es probable que necesite seguirse educando a sí mismo en muchas facetas que sabe que necesita para ser feliz. Recuerde que no se trata del grado que se tenga de conocimientos y de instrucción básica, se trata del grado de conocimiento que se elija tener sobre uno mismo y de lo que uno mismo se instruya en función de ese conocimiento personal para… ser feliz.

¡Felices evoluciones, felices búsquedas!

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