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La equidad: un elemento relegado en la política educativa | Opinión

Nexos  | Miguel Ángel Quintos Mora | 28.febrero.2018

A contracorriente de lo señalado en épocas recientes dentro del debate de la reforma educativa, consideramos que el énfasis de la política educativa debe centrarse en lograr la equidad y no en la calidad de la educación. Lo anterior no significa que la calidad no sea una cualidad deseable en el sistema educativo, pero considerando el contexto del país resulta insuficiente. Observando las condiciones de desigualdad e injusticia social que acontecen cotidianamente en nuestro país, debería ser prioridad del Estado mexicano una política educativa en materia de equidad, al menos en educación básica, con la finalidad de cerrar la brecha social e impulsar la justicia social. Partiendo del reconocimiento que las personas en situación de vulnerabilidad, exclusión o marginación son portadores de derechos básicos a los cuales el Estado tiene la obligación de destinar los recursos necesarios para que accedan, permanezcan y concluyan su educación básica satisfactoriamente.

El problema de la equidad se relaciona directamente con el hecho de que la mayoría de los bienes sociales se distribuyen inequitativamente en México; uno de ellos es la educación. Si bien se reconoce el acceso a la educación como derecho humano básico –señalado en diversos tratados internacionales y expresado como un derecho fundamental en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos– no obstante, existe una diversidad de causas y prácticas que limitan el cumplimiento efectivo de este derecho, profundizando el rezago y desigualdad en nuestro país. Para remediar lo anterior, se han impulsado distintas políticas públicas con la finalidad contener y cerrar estas brechas sociales y construir una sociedad más incluyente y solidaria favoreciendo la cohesión social.

Las políticas educativas en materia de equidad han sido un intento por responder a estos retos; con ellas el gobierno busca ampliar el acceso y el logro efectivo de las personas que por motivos de su condición social, económica o étnica se encuentran en desventaja para poder ingresar y concluir su educación básica. Al respecto, sin ser exhaustivos, podemos señalar que con la finalidad de ofrecer educación inicial y básica a niñas, niños y adolescentes que habitan en zonas marginadas o con rezago social, en 1971 se creó el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe); por otra parte, para los jóvenes y adultos de 15 años o más en situación de rezago educativo, en 1981 se creó el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA).

Sin embargo, ¿por qué afirmamos que existen inequidades educativas en México?, ¿en qué consiste la inequidad educativa?, ¿dónde se evidencian las inequidades del sistema educativo? En primer lugar se debe señalar que en nuestro país el porcentaje de población de 15 años o más con escolaridad básica es de 53.5 (INEGI, 2015), esto ya constituye una deuda histórica y un rezago educativo severo, para lograr acortarlo se ofrece a estos grupos rezagados una serie de medidas que si bien permiten el acceso no garantizan permanencia o el logro de resultados, por tanto, no se asegura la equidad ni la calidad educativa. En este sentido, la reforma educativa impulsada por la actual administración considera el rezago educativo dentro de su Estrategia de Equidad e Inclusión (SEP, 2013); no obstante, considerar el combate al rezago educativo como una simple certificación de habilidades y saberes no resuelve el problema de la equidad ni mucho menos la calidad educativa a la que están obligadas las instituciones educativas del país.

La inequidad en la educación se puede presentar de maneras casi imperceptibles, por ejemplo: en el bajo rendimiento de los estudiantes provenientes de familias pobres; en los resultados de las escuelas indígenas en relación con el resto del sistema escolarizado; en que la población monolingüe tiene que aprender los elementos básicos en una lengua ajena a la suya; en que muchas de las escuelas rurales no cuentan con la infraestructura necesaria para llevar a cabo sus labores; en el gasto educativo por entidad que no considera las necesidades sociodemográficas; en el gasto corriente que absorbe la mayor parte del presupuesto destinado a la educación, y demás indicadores.

El sistema educativo nacional aún afronta temas pendientes por resolver como el acceso, la eficiencia, la equidad, el género, la calidad y la relevancia de la educación. Ante la amplia agenda de temas pendientes, teóricos como Jacques Hallak consideran que la educación puede contribuir a regular las desigualdades existentes si damos una mayor preponderancia al enfoque de derechos humanos, considerando las diversas condiciones sociales y económicas de los estudiantes. Entre otras cosas, se pretende que exista un menor involucramiento del Estado en el proceso educativo y mayor participación social; pasar de los sistemas a las instituciones; de los insumos a los procesos y la reasignación de los recursos; revertir la atención de los niveles superiores a los básicos; pasar de una educación inicial a una educación para toda la vida, y centrarse en una educación que pueda apropiarse el educando.

Por otra parte, Fernando Reimers argumenta que la desigualdad social se traspasa generacionalmente a través de cinco procesos educativos diferenciados (Reimers, 2000): Acceso diferencial a distintos niveles educativos para los pobres y los no pobres; tratamiento diferencial en las escuelas (lo cual da mayores ventajas a los estudiantes que proceden de hogares de mayores ingresos); segregación social que ocurre en las escuelas (la mayor parte de los estudiantes aprende en la escuela a convivir y a relacionarse sólo con personas de un nivel sociocultural semejante al suyo); los esfuerzos privados que realizan los padres para apoyar la educación de sus hijos (estos incluyen el tiempo que destinan a conversar con ellos, el tipo de pensamiento que estas conversaciones estimulan y los recursos que destinan a actividades que desarrollan capacidades), y los contenidos y procesos educativos que no están orientados a tratar la desigualdad, lo cual deriva de la ausencia de un proyecto para promover la justicia social desde la escuela. 

Considerando los elementos ya mencionados, la reforma educativa de 2013 se centró en mejorar la calidad de la educación relegando la importancia del contexto de desigualdad social y educativa que impera en nuestro país. Sin resolverse las desigualdades y brechas educativas, la escuela seguiría operando como reproductora de la estructura social existente antes de ser un verdadero espacio de transformación social (Bourdieu y Passeron, 1999). En este contexto, la escuela no sólo reproduciría las desigualdades existentes, sino que las amplía al tener un sistema diferenciado en su cobertura (escuelas urbanas o rurales, por ejemplo) y por no lograr revertir las desigualdades sociales de sus educandos, consolidando una educación efectiva, es decir de equidad con calidad.

Por tal motivo, la equidad debe constituir el eje ordenador del sistema educativo o, si se prefiere, la medida de tendencia que señalará la igualdad en tres momentos diferenciados pero que, en conjunto, conforman una política de calidad integral. Nos referimos al acceso, las condiciones de permanencia y los resultados exitosos, los cuales podríamos llamar niveles de la equidad:

• Igualdad de acceso: cuando las oportunidades de acceder a los diferentes niveles educativos o algún programa son las mismas para todos, sin distinción de ninguna naturaleza. 

• Igualdad en la permanencia o supervivencia: se debe exigir un trato diferenciado, pero no discriminatorio, respecto a los recursos financieros, materiales, humanos, tecnológicos y pedagógicos, según las distintas necesidades de personas o grupos, con el fin de lograr resultados de aprendizaje equiparables. 

• Igualdad en los resultados de aprendizaje: se aspira a que todos los estudiantes, sea cual sea su origen social y cultural, alcancen aprendizajes equiparables, según sus posibilidades. 

De lo dicho anteriormente se entiende que las políticas educativas en materia de equidad no se deben centrar sólo en el acceso de los educandos a las escuelas, esto una condición necesaria más nunca suficiente. Es preciso tener una educación de calidad a lo largo del ciclo escolar, con oportunidades compensatorias para permanecer y concluir con éxito cada nivel de estudios, reduciendo las brechas sociales de origen.

 

 

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