73 historias por el derecho a aprender

el 18 Diciembre 2017. Publicado en Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 170

Publicado en Animal Político 15|12|2017

 

Quienes protagonizan estas historias son personas reales con muchos nombres. Todos los días dan más de lo que les compete en cualquier ámbito y contexto. Caminan buscando a quien acompañar y sueñan en grande, muy grande. Están entre nosotr@s y, de muchas maneras, también con Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. son de tantas palabras, porque esas se van fácil. Más bien son de acciones, porque han aprendido que así es como ellas mismas se van haciendo y formando, de a poquito, con pasos chiquitos.

Se trata de las personas voluntarias. Aquellas que todos los días están tras bambalinas y este 5 de diciembre, en el marco del día internacional del voluntariado, los reflectores los dirigimos a ellas para que se vean y luzcan y reciban nuestro más profundo y sincero reconocimiento.

En Mexicanos Primero llevamos dos años implementando Voluntarium, nuestro programa de voluntariado. A la fecha, han pasado setenta y tres personas que han dedicado cada una, en promedio, más de cinco meses. En conjunto, el equipo de Voluntarium ha aportado 13,678 horas de su tiempo a la causa del Derecho a Aprender.

Más allá de las cifras, estos dos años hemos sido testigos de historias increíbles. De hecho, el programa comienza con la historia de dos voluntarias. Ellas son Xime y Perla, quienes presionaron a su universidad para que Mexicanos Primero estuviera dentro de las opciones de servicio social. Su persistencia llegó a buen puerto, pero su inquietud por formalizar el programa fue lo que llevó, en parte, a que se creara Voluntarium.

Con el paso del tiempo conformamos un equipo con perfiles de estudiantes de licenciatura, algunos con maestría y doctorado para apoyar las labores de investigación para la publicación del Índice de Cumplimiento de la Responsabilidades Educativa Estatal (ICRE, 2016). Ese mismo año también participaron 5 voluntarias en la implementación de Nuestra Escuela Primero, un proyecto de intervención en escuelas, que, partiendo de los sueños de la comunidad escolar, plantea caminos para alcanzarlos en conjunto.

Un voluntario de Suecia que tenía algunas semanas disponibles en México, realizó gran parte de la página de Aprender Primero. Las reuniones de seguimiento implicaron una paciencia estoica: nosotros con nuestro ritmo acelerado explicábamos los requerimientos en inglés y él, con un español cortado respondía sin preocupación, aferrado a su propósito de aprender nuestro idioma.

El voluntariado es una actividad disruptiva que pone en práctica principios y actitudes. Hemos presenciado esta práctica y su resultado que muchas veces cuestionó a las propias personas voluntarias sobre su labor y sus convicciones. Derivado de ello fueron las decisiones de comprometerse de lleno con sus estudios universitarios o, incluso, cambiar de carrera. Al final, cada persona voluntaria encuentra la necesidad de ser consecuente y honesta con lo que día a día realizan al servicio de su comunidad.

El año pasado llegó Felix (sin acento) por un programa de voluntariado alemán. En su versión internacional, este programa manda un año a diferentes países a personas de Alemania de entre 17 y 26 años para que tengan una experiencia intercultural. Los resultados son asombrosos tanto para la persona que viene a México como para el equipo que convive cotidianamente con ella. Y es que no sólo se trata de explicar a la persona extranjera la variedad de comida cuya base es el maíz, el queso y la crema, sino que un año completo de convivencia profundiza las relaciones, haciendo notar las diferencias, pero también las similitudes entre culturas que, en apariencia, son diferentes.

Por Felix aprendimos un poco de la educación en Alemania y los desafíos de inclusión que representa la enorme movilidad humana dentro y hacia Europa. Él, por su parte, aprendió que un geógrafo puede aportar su talento a cualquier causa social y a que los tlacoyos pueden ser el mejor incentivo para llegar temprano a la oficina los jueves.

En este 2017 hemos visto consolidarse Voluntarium. Han participado más personas que se han involucrado en proyectos como la activación de un muro en la marcha de #VibraMéxico, análisis de bases de datos, mapeos de actores, elaboración de materiales físicos y audiovisuales para campañas, revisión de marcos legales estatales, análisis de sentencias relativas al Derecho a Aprender, participación en el diseño de estrategias de comunicación, entre otras más. Dentro de todas éstas destaco una: el Teatro del Idiota.

En mayo pasado, el colectivo “No seas Idiota” nos invitó a dar una presentación sobre educación a una audiencia particular: estudiantes de universidades en una situación de privilegio. La invitación era a decirles, literalmente, “no sean idiotas e involúcrense en los problemas de su país”. Nuestra tirada era sacudir con cifras sobre el estado de la educación, pero necesitábamos algo más. Dani, una voluntaria que estudia pedagogía y ha participado en diversas obras de teatro en su universidad, sugirió “¿por qué no hacemos algo basándonos en la pedagogía del oprimido de Paulo Freire?”. En ese momento encontramos el “Teatro del Oprimido” de Agusto Boal que conserva una gran influencia de Freire y nos encantó, pero nosotr@s lo nombramos, por la oportunidad del foro, “Teatro del Idiota”.

Entonces hicimos una presentación con datos que demuestran que la educación en México está lejos de permitir que todas las personas en México estén, aprendan y participen (Mexicanos Primero, 2017) y en la parte de sensibilizar hicimos una pausa y anunciamos la primera llamada para la escena del teatro. Reacomodamos las sillas y las mesas, organizamos a la audiencia en una herradura y pusimos el escenario al tiempo en que se anunciaba la segunda llamada. Para la tercera llamada comenzamos la obra.

La escena buscó ser un reflejo de alguna situación en las universidades donde abunda la intolerancia, despreocupación e indiferencia de todos los actores: maestros y estudiantes. Después se analizó lo que sucedió y se repitió la escena, pero para esa ocasión se invitó a que las personas espectadoras fueran “espect-actores”, por lo que se invitó a que cada vez que alguien del público sintiera que algo estaba mal podían interrumpir la escena, tocar el hombro de la actriz o actor que estaba promoviendo la intolerancia y sustituirle para actuar de acuerdo al deber ser.

La mayoría de quienes preparamos la obra sabíamos que iba a ser difícil que la audiencia participara en la escena. Sin embargo, sustituyeron a tantas personas que tuvimos que regresar a las actrices y actores originales para que la dinámica se extendiera.

El Teatro del Idiota terminó con el último acto: la vida cotidiana. Cada persona que asistió a aquella presentación ahora tenía claridad sobe el impacto de sus decisiones en situaciones cotidianas.

De aquella presentación se interesó un gran número de personas, entre ellas Andrea, quien comenzó a involucrarse para que el programa de voluntariado tuviera un mayor impacto. Hoy ella está involucrada en el desarrollo de un programa de activismo que buscará crear espacios y mecanismos de participación que ayuden a incidir en las decisiones de política pública. El objetivo: que la educación sea un tema en cada conversación y que mejorarla sea una aspiración compartida.

Actualmente 16 personas están involucradas en diversos proyectos. Lisa, quien ha sucedido a Felix, nos ha compartido su talento y nos hemos alineado a lo más característico de su cultura alemana: eficiencia y practicidad. A sus 19 años tiene un gran talento para cuestionarnos sobre las cosas que no tienen sentido en México: palabras como “ahorita” y su polisemia mexicana o situaciones en donde mandar tres correos, dos mensajes y hablar por teléfono una vez a una sola persona apenas es suficiente para confirmar su asistencia, porque en México es difícil confirmar una reunión dentro de tres meses pues “no sé qué voy a estar haciendo en ese tiempo”. Pensamiento básico de nuestro día a día.

Marina, quien se incorporó al equipo de Voluntarium a través de una publicación en internet para ser voluntaria del área de investigación, lleva casi año y medio de servicio. Su pasión, involucramiento y compromiso la han destacado y recientemente se unió como colaboradora de Mexicanos Primero como asistente de investigación. Marina es el ejemplo vivo de que el voluntariado es una cantera de talentos nuevos que refrescan los equipos veteranos.

Más allá de las anécdotas, cada voluntaria y voluntario es una historia diferente. Su pasión y genuino interés por involucrarse en la promoción del Derecho a Aprender nos alimenta todos los días. Es esa energía y seriedad con que se toman el asunto en sus manos lo que nutre nuestra esperanza de que otro país es posible, porque ellas y ellos lo están haciendo.

A todas las personas voluntarias sólo me queda decir: ¡Gracias por compartirse y hacernos parte de sus historias! Nuestro mayor reconocimiento a toda su labor.

Si quieres participar en nuestro programa de voluntariado escribe a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

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