Aprende a ser con otros

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 16 Noviembre 2011. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, David Calderón - Blog | Vistas del artículo: 4226

Célebre y celebrado, La Educación encierra un Tesoro es el reporte que preparó, junto con especialistas de todo el mundo, Jacques Delors para la UNESCO; en él se trazaron las claves de una visión que hoy comparte la mayor parte de los especialistas y activistas del sector educativo.

Uno de los cuatro pilares en el reporte Delors es “aprender a convivir”: la educación no puede circunscribirse al cultivo de las habilidades intelectuales, sino que ha de articularse con un desarrollo pleno de la empatía, las habilidades de escucha y de cuidado, la necesaria coincidencia de propósito que no es sencillamente un frío acuerdo racional sino una extensión del afecto.

Así, los manuales de pedagogía y buena parte de los programas oficiales destacan la importancia de la convivencia escolar como parte imprescindible del derecho a la educación; una educación de calidad no puede omitir el punto de la gestión de ambientes de aprendizaje serenos, hospitalarios, seguros e inspiradores.

La escuela tiene entonces que fungir como laboratorio de ciudadanía, en sus pautas cotidianas de juego, de estudio y de socialización, invitando con sus prácticas concretas a ejercitar a nuestros hijos en la tolerancia, el mutuo ajuste, la inclusión y la colaboración. Sin embargo, en la mayor parte del país, lamentablemente, no existe un referente concreto para orientar esta dimensión, más formativa que informativa. Todos apreciamos que ya no haya cabida en las escuelas al castigo corporal o al maltrato verbal de los maestros hacia los alumnos, pero es cierto también que hoy los adultos se enfrentan a niños y jóvenes que están sometidos a una cultura de impunidad, gratificación inmediata y, en general, de una mayor laxitud en la crianza que corresponde a los padres. Basta recordar que en la encuesta TALIS, realizada por la OCDE, los maestros mexicanos reconocen que entre un 15% y un 20% del tiempo efectivo de clase lo dedican simplemente a establecer la disciplina para poder abordar las actividades de aprendizaje que prepararon.

Es por ello muy esperanzador el paso que ha tomado la Administración de Servicios Federales que opera como autoridad educativa para el DF, proponiendo el Marco para la Convivencia Escolar. Se trata de un documento y una serie de estrategias que le apuntan a ser más que un catálogo de faltas y sanciones, pero sin tampoco quedarse en un documento genérico y altamente retórico acerca de lo que sería deseable que pasara en la escuela. El núcleo de esta pieza de política pública es una Carta de Derechos y Deberes de los alumnos que retoma el enfoque y el lenguaje contemporáneo: nuestros deberes no son los de “portarnos bien” en un enfoque de obediencia y dependencia, sino la responsabilidad que tenemos de defender y promover los derechos de los demás.

Hay, también, un apartado de lineamientos de conducta: como todos los que hemos trabajo en ética aplicada sabemos y en su momento Kant y Gramsci puntualizaron, los preceptos en positivo son abstractos y se tiende a la vaguedad y la simulación, mientras que los descriptores de lo inaceptable son precisos y favorecen la rendición de cuentas. Así como “impulsa la verdad” suena bien, pero no tiene la contundencia y la incorruptibilidad de “no mentirás”, la descripción de las conductas inaceptables y sus respectivas medidas disciplinarias zanjan la posibilidad de un proceder errático o autoritario, no dejando a la arbitrariedad el criterio correctivo sobre las actitudes o acciones que atenten contra la convivencia amable en las escuelas.

La apuesta es que los directores y los maestros conozcan y difundan los documentos, que se firme expresamente un compromiso entre la escuela y los alumnos, y que los padres también se comprometan, para que el referente común sea el que norme las interacciones. Si queremos una cultura de la legalidad en los intercambios de los adultos, no podemos suponer que brotarán mágicamente en el ánimo de los jóvenes el día preciso de su cumpleaños dieciocho. Es obra de paciencia y de dedicación que tiene que comenzar desde edades tempranas y la jornada escolar es un tiempo noble para consolidar las actitudes solidarias.

Con la previsible crítica de espacios de privilegio sindical, que rechazan de entrada la transparencia y la rendición de cuentas, el Marco de Convivencia es un paso adelante que necesitará de prueba y de afine, pero que establece un faro en medio de la borrasca del bullying que amenaza tormenta, si no nos aplicamos, y la mezcla de permisivismo y tics autoritarios que tan desagradable puede ser en la vida de los jóvenes mexicanos que se asoman a la convivencia más allá del espacio familiar. Lo mejor del Marco es que demuestra que el apoyo psicopedagógico, el liderazgo de los directores y la dignidad de los maestros como educadores integrales –y no sólo como instructores o adiestradores en los contenidos del plan de estudio- no son cosa del pasado, sino más precisamente son cosa del futuro: algo que cada vez será más claro en las escuelas si queremos en serio que las noticias del gobierno federal no sean las capturas de criminales sino los méritos de los buenos maestros.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

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