Articular la educación básica I

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 24 Agosto 2011. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, David Calderón - Blog | Vistas del artículo: 4043

Una de las grandes limitaciones que ha arrastrado nuestro sistema educativo es la falta de articulación. En concreto, lo que significa es que el nivel preescolar, la primaria y la secundaria se organizaron formalmente en épocas distintas y crecieron según su propia lógica. La dificultad grande estriba en que el enfoque fue el de la oferta: los funcionarios estaban concentrados en hacer llegar un tipo de servicio a la mayor población posible, pero al mismo tiempo se dejó de lado que cada etapa fuese una progresión natural de la anterior. Como muchas cosas en México, el acento estaba en el control de las instituciones, a la administración de los puestos y del presupuesto, y de la fuerza política ligadas a estos factores.

Los grandes ausentes eran los mismísimos niños y jóvenes; sus necesidades, sus ritmos, el diseño orientado a su formación integral con consecuencias tangibles. La educación básica fue entendida como tarea del estado y aparato del gobierno, con su contraparte sindical y de agrupación corporativa. Pocos tuvieron la visión -y menos todavía la fuerza y la congruencia- de poner a las generaciones reales de mexicanos en el primer lugar. Lo importante era hacer crecer “el sistema” y no las trayectorias completas y exitosas.

Así, se produjeron al menos tres distorsiones mayúsculas. La primera fue que el paso de la primaria a la secundaria se convirtió en campo minado. No sólo no se aseguró que en el paso de un nivel a otro se nos perdieran los menos posibles, sino que el grupo recortado que cada año ingresaba se topaba de golpe con un arreglo totalmente distinto: en lugar de profesor único para la mayor parte de la jornada, encontraban una complicada cuadrícula en la que cada 50 minutos, y de la forma más artificial y mecánica, se pasaba de una asignatura a otra –doce, trece materias- con maestros de muy diversa preparación, experiencia y reglas para conducir la clase, montones de cuadernos y libros, sin hilo conductor más allá del esfuerzo y el ingenio de cada alumno para sobrevivir en ese caótico mosaico. Sin mucha sorpresa, muchos reprobaron, y a la repetición seguía el abandono. Todavía hoy, entre los que comienzan el sexto de primaria, 6 de cada 100 no van a estar en primero de secundaria en el siguiente ciclo, y otro 7% y 8%, respectivamente, se van a quedar fuera al cruzar a segundo y tercero de secundaria.

La segunda distorsión fue que la planeación se convirtió en algo casi imposible: la opacidad en el manejo de las plazas de todos los niveles, su pulverización en secundaria, los requisitos y reglas tan diferenciados de un nivel y modalidad educativa a otra produjeron sobrecarga administrativa, exceso de burocracia, duplicidad de funciones, contradicciones en las estrategias de formación continua y trayectoria profesional de los maestros. No tenemos una visión clara de los maestros como conjunto de profesionales de la educación, y no hay espacios naturales para que los profesores de los distintos niveles intercambien experiencias, clarifiquen sus mutuas expectativas y generen mecanismos de aprecio y coordinación. A veces los maestros de primaria desdeñan a las “educadoras” y las culpan de falta de disciplina y concentración en sus alumnos, mientras que los profesores de secundaria tienden a concentrarse en lo específico de su materia, sin buscar recuperar los aprendizajes de primaria o la construcción conjunta, con sus colegas de nivel, de una visión coherente del mundo para sus alumnos.

La tercera distorsión es la falta de responsabilidad educativa. Cuando comenzaron a aplicarse pruebas complexivas de todo el currículum oficial, como las EXCALE del INEE, o de competencias, como PISA, los resultados mostraron graves deficiencias en los aprendizajes que podían esperarse en nuestros muchachos y muchachas que concluyen la educación básica. Pero nadie se sintió, de entrada, responsable. Fueron los programas, fueron los libros, fueron los maestros de los otros niveles o grados, fueron los papás, fue la pobreza. En esta tragedia de “múltiples manos” nadie siente que dejó de hacer su parte. Pero lo cierto es que no quedaba claro cuál era la parte de cada uno. Los objetivos generales y particulares de las materias, todos agregados, no alcanzaban para hacerse una idea clara de lo que un alumno mexicano debe saber, debe poder hacer y de las actitudes y criterios de decisión que orienten su comportamiento individual y grupal.

Este 19 de agosto se publicó el acuerdo 592 en el Diario Oficial de la Federación. No es el fin de las tres distorsiones, pero sí puede ser la oportunidad de un nuevo comienzo. Le comentaré más detalles en la próxima entrega.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

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