Bicentenario y educación

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 13 Enero 2010. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, David Calderón - Blog | Vistas del artículo: 3974

Me propuse, en ésta mi primera colaboración del año, compartirle a usted una reflexión sobre el Bicentenario y la educación. Como seres históricos, hacer memoria es siempre vital para la identidad; recordar de dónde partimos y qué queríamos es una excelente manera de profundizar en la comprensión de quiénes somos hoy y hacia dónde nos dirigimos.

Por eso hacer memoria es más que repasar viejos datos y viejas imágenes. El Bicentenario es una extraordinaria oportunidad que podemos dilapidar neciamente, si lo reducimos a unas cuantas "celebraciones", a ciclos de conferencias, publicaciones y verbenas populistas en año electoral. Convendría hacer un buen examen de conciencia para ver los avances y atropellos de estos dos siglos, para tomar nuevo impulso hacia el futuro.

El futuro llega solito, así que de él no tenemos que preocuparnos; en lo que sí nos tenemos que aplicar es cómo voy a ser yo, cómo vamos a ser nosotros cuando el futuro llegue. Entre las ideas que se fueron cristalizando entre los diversos grupos de conjurados, la que tomó más fuerza a lo largo del movimiento fue la de Independencia. Los nacidos en estas tierras ya estaban hartos de depender del rey, de las Cortes, del virrey; los primeros conjurados de 1808 y de 1810 no sabían mucho qué querían, pero sí tenían claro qué ya no estaban dispuestos a tolerar.

Fue en todo caso la interacción entre la Junta de Zitácuaro y el Generalísimo Morelos la que perfiló el ideal en positivo: una nación plenamente independiente, con el pueblo como soberano, centrada en la convivencia entre los diferentes, bajo el imperio de la ley y con una vocación a la equidad. Como se dice en los Sentimientos de la Nación de Morelos, la distinción entre un ciudadano y otro no debe ser el origen o la casta, sino únicamente la virtud o el vicio.

Si ya desde 1813, en que el Siervo de la Nación cavilaba sobre la forma de establecer escuelas para todos, la independencia se ligaba con la educación, más claramente aún diez años después la idea de educación pública como garante de la independencia se expresó en los escritos de Zavala, Teresa de Mier y sobre todo en el Proyecto Maldonado, un documento visionario que lleva el nombre de su autor, un cura de avanzada que pensaba en algo semejante a lo que hoy encontramos en el Artículo Tercero constitucional.

No hay independencia verdadera sin educación. En estos 200 años queda claro que no basta dejar de estar sujetos formalmente a una potencia extranjera. Somos dependientes si no podemos marcar nuestro propio rumbo. Somos dependientes si no tenemos con qué: un país que no sea productivo, saludable y ordenado caerá irremediablemente en la esfera de control de poderes ajenos. Una nación de valientes no alcanza para ser un país independiente: enfrentar una invasión se hace con armas y decisión, pero ser independiente sólo se logra si hay ideas propias, si se entienden los propios derechos, si se puede expresar públicamente lo que uno piensa.

"No hay independencia sin educación" es cierto no sólo a nivel de las naciones; tal vez ocurre más profundamente a nivel de las comunidades, las familias y los individuos. De poco vale no ser parte de una potencia colonial, si uno es víctima de tiranos locales, de un sistema político abusivo y sin responsabilidad para con los ciudadanos, si uno no puede proponerse metas en la vida porque las oportunidades reales de una alternativa sólo puede ofrecerlas alguien fuera de mí.

Todas las libertades ciudadanas se vuelven polvo y retórica si la persona no sabe en qué mundo vive, si no ha desarrollado sus competencias para dialogar, planear, generar riqueza y apropiarse legítimamente de ella. Y eso no lo hacen unos cohetes el 15 de septiembre, sino muchas horas de dedicación a ejercitar y acrecentar las capacidades de cada mexicano.

¿Celebrar el Bicentenario? Sí, pero no como megakermés mediática y electorera, sino con un compromiso compartido por todos los órdenes de la sociedad para avanzar a una educación de calidad. Nuestros niños se van a quedar con muy poco si sólo les ofrecemos estampitas de los próceres, mientras que la clase es justo lo contrario a lo que soñaron. No se aprende el valor de la independencia en un sistema autoritario, manejado en forma opaca, hostil a la verificación de los ciudadanos, mediocre en sus resultados, excluyente en su composición. No va a cambiar en un año, pero no podemos esperar otros 200... vamos armando un movimiento de independencia real.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

Compartir

 

¡Deja un comentario!

Para comentar, escribe tu nombre y correo electrónico,