¿Dónde está mi maestro?

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 19 Mayo 2010. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 5608

Es lógico buscar la innovación educativa: probar nuevos modelos, pensar estrategias alternativas, intentar caminos inéditos. Todo bueno y justo. Lo que a veces nos pasa, en nuestro querido y zarandeado país, es que dejamos de ver lo obvio. No hay sistema que se pueda gobernar si no se cuenta con un mínimo de información confiable, sólida. Y en México, por extraño que parezca, no sabemos quiénes son los maestros, cuánto son, dónde están.

Sin renunciar a las aspiraciones de grandes cambios, es crucial ya no seguir avanzando a ciegas: necesitamos un registro nacional de alumnos, escuelas y maestros. ¿Por qué es importante contar con un padrón de maestros? Porque si no contamos con él, el desorden administrativo y financiero es brutal. Porque sin él no hay manera de realizar adecuadamente la planeación educativa, llevando a los maestros a donde hace falta y reubicándolos cuando se necesita. Porque sólo con un padrón podemos ubicar realmente cuáles son las necesidades de formación continua, y diseñar una verdadera estrategia nacional de profesionalización, una verdadera carrera magisterial que no sea una acumulación de puntos en la "cultura dálmata" que ya le he comentado en este espacio. Porque sólo con un padrón tiene sentido sentarse a negociar aumentos en salarios y prestaciones, pues ¿cómo sabe el gobierno federal o los gobiernos estatales que pueden conceder un punto porcentual más o menos, si no sabe la composición real del colectivo docente? Y así podría seguir durante varias páginas.

El resumen concreto: es importante el padrón de maestros porque sin él no podemos conocer y reconocer a nuestros maestros. Y si eso no pasa, seguirá deteriorándose el derecho a la educación de calidad que tienen los niños y jóvenes de México.

¿Cómo se cayó en un desorden tan estrafalario? Revisando la bibliografía especializada, difícilmente se encuentra una referencia a contar con un padrón de maestros, pues es una obviedad no de política educativa, sino de simplísima administración pública (por cierto, sí la hay: en 1986 Hansen, un investigador estadounidense, se congratula porque en Colombia y Venezuela ya remontaron esa carencia tan inconcebible y cuentan con los respectivos padrones ¡qué alivio! ¿no?). ¿Qué organización pública funciona adecuadamente si no cuenta con la información al día de sus agentes fundamentales? En breve, el Padrón Nacional fue una de las muchas bajas en la imperfecta descentralización de 1992; pero la opacidad no es de a gratis: muchos llevaron ganancia en que no se clarifique la situación del magisterio en el sistema.

Para empezar, los propios responsables de las finanzas estatales, al poder solicitar ampliaciones a la Federación sin tener que presentar evidencia clara de la situación de los maestros "transferidos". Ganancia también para multiplicar comisiones no educativas a un número creciente de maestros, y contar con cuerpos amplios de operadores sindicales y electorales. Ganancia en una suerte de comercio informal -y por ello altamente rentable- en el que se cobraba con distintas monedas las promociones, los permisos, las ausencias, los interinatos. Un buen maestro podía ser sujeto de exacción para conseguir lo que en justicia laboral -si hubiera transparencia- sencillamente le correspondería por mérito y trayectoria. Un mal maestro podía comprar inmunidad para su irresponsabilidad, obtener ganancia mal habida lucrando con su plaza, dejar a sus alumnos con un palmo de narices a medio curso y jubilarse de una forma en que el sistema tarda meses para designar a quien lo sustituya. Hay secretarias con plazas de maestros, y verdaderos educadores con plazas de intendentes. Las plazas, como los peces de la parábola, se dividen y multiplican, hasta un punto que es difícil reconstruir el punto de partida.

¿Evidencias? La misma Cámara de Diputados publicó los resultados de la auditoría realizada por la firma RSM Bogarín, Erhard, Padilla, Álvarez & Martínez, en revisión de su mandato de que los estados entregaran la nómina y la compulsa de plazas de la educación pública básica (CEPySE, 2008); entre otras lindezas, se destaca que ninguna entidad entregó datos completos sobre comisionados, que se detectaron irregularidades por más de 37 mil millones de pesos, más de 500 personas con doble plaza en dos entidades que no son colindantes, montos millonarios a un solo RFC -con razón, el senador Ramiro Hernández llamó a esto una "sangría al erario federal".

El descalabro financiero es grave, el abuso a los contribuyentes es indignante, pero lo más preocupante es lo que nos implica como padres: no podemos impulsar a los maestros porque su identidad, formación, situación laboral y desempeño se pierde en un Triángulo de las Bermudas, una espesa noche donde todos los gatos son pardos: el mérito, la perseverancia y el compromiso pasan desapercibidos o hasta resultan en hostigamiento para el cumplido. SEP y gobiernos estatales traen la carga de la prueba para presentar este 30 de junio un Padrón Nacional. Enhorabuena; estaremos atentos para que se le responda a todo niño de este país cuando pregunte: "¿Y dónde está mi maestro?".

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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