El Derecho a un buen maestro

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 15 Junio 2011. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 3473

A la mejor Usted estuvo distraída o distraído, pero esta semana se sembró un semilla de un tamaño descomunal. Este lunes entró en vigor el decreto por el cual la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos cambió en su Título Primero; un cambio de nombre y un cambio de profundidad. El título dejó de ser “De las garantías individuales” y ahora es “De los Derechos Humanos y sus Garantías”. El cambio es enorme, es magnífico, es una promesa.

Por ejemplo, ya desde el Artículo Primero el acento se mueve de una visión estatalista a una más respetuosa de la soberanía originaria de los ciudadanos; donde antes decía: Todo ciudadano gozará de las garantías que otorga esta Constitución…, ahora dice: …todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución... Muy distinto es “reconocer” de “otorgar”; mis derechos nacen conmigo y son superiores y anteriores a todo arreglo institucional; nadie me los da, porque son míos desde siempre, y el papel de las leyes, del derecho positivo que comienza desde la Ley Fundamental, es reconocerlos, explicitarlos y armonizar su ejercicio en sociedad. El texto ahora vigente de la Constitución mexicana reitera la doctrina internacional de los derechos: universalidad, interdependencia e indivisibilidad, esto es, todos los derechos para todas y todos.

La reforma tiene muchas otras bondades virtuales, desde darle más capacidad de acción a la Comisión Nacional y las comisiones estatales de derechos humanos, hasta precisar el papel de la Suprema Corte de Justicia para resolver el conflicto entre los tratados internacionales y las leyes federales y locales. Son bondades virtuales, porque iremos viendo qué tan dignamente se desempeñarán las instancias involucradas cuando lleguen los casos concretos. La garantías, entonces, podemos entenderlas como algo muy distinto al papelito que acompaña a relojes, aparatos electrodomésticos y juguetes caros; son promesas sociales e institucionales de respeto y defensa del derecho de cada uno, y los artículos del Título Primero, incluyendo al Artículo Tercero, podemos leerlos ahora explícitamente como compromisos del Estado ante derechos humanos irrenunciables e inalienables.

Revisar cómo andamos con el derecho a la educación en México puede hacerse desde muy diversos ángulos. Ahí está el maravilloso trabajo del INEE, publicado el año pasado, en los que se relaciona los textos normativos y los datos duros; está también el informe del Relator de la ONU, cuyas expresiones levantaron tanta irritación en la SEP y el SNTE y tanto aplauso entre las organizaciones de sociedad civil, pero que pocos han vuelto a revisar para dar un seguimiento ordenado.

Yo quiero proponer que reflexionemos sobre el derecho a la educación de todos nuestros niños, niñas y adolescentes. Ya en los documentos internacionales, del tímido Jomtien en 1990 al más claro Dakar de 2000, se fue puliendo la idea de que el derecho a la educación no se cumple solidariamente como garantía sólo con la provisión de acceso a los cursos que ofrece gratuitamente el Estado. Sin el compromiso con la calidad, el ejercicio del derecho es sumamente defectuoso y se acerca peligrosamente a la simulación. Reconocer el derecho a la educación es concretar un compromiso el derecho a aprender que tiene cada ser humano, especialmente los que están en el proceso de maduración. El derecho a la educación es el derecho a aprender, y otra cosa es retórica, pretexto y coartada.

Por ello, y prosiguiendo con las condiciones reales del ejercicio del derecho, podemos decir que hay un derecho a contar con un buen maestro. Más exactamente, el derecho a la educación implica la garantía de contar con un maestro idóneo. El proceso de aprendizaje está tan centralmente entretejido de una relación humana de conducción, guía, ejemplo y ejercitación que no es posible -ni deseable- abstraer el papel del maestro. La computadora o el libro texto, si tienen un papel relevante en la educación, es porque sirven de puente para contactar a un maestro (el que diseñó el software o escribió los textos), pero incluso así la investigación educativa muestra que estos recursos se aprovechan mejor con el acompañamiento presencial de un maestro.

Todo niño merece un buen maestro, un maestro idóneo y el estado tiene el deber de ofrecer la garantía de ello. Si usted conoce un buen maestro -y son cientos de miles- felicítelos y cuídelos, porque gracias a ellos se ejerce el derecho a la educación. Y si conoce un maestro extraordinario, apúntelo o propóngale que se inscriba al Premio ABC en http://mexicanosprimero.org/abc2011/, porque necesitamos reconocerlos y honrarlos.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

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