Impacto educativo de Internet 1

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 17 Junio 2009. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 6230

En las últimas semanas se han presentado diversos foros de reflexión sobre Internet y la educación, desde el seminario de A Favor de lo Mejor hasta los resultados de Microsoft en convenio con la SEP para el bachillerato. Pero, a final de cuentas, ¿el impacto de Internet sobre la educación es positivo o negativo?

Cito las palabras de un líder de opinión, que, a mi juicio, describen muy bien el tema: Así como es evidente la utilidad que puede aportar al género humano la difusión de todo cuanto constituye la cultura... y que debe ser irradiado y dado a conocer por los hombres, tanto contemporáneos como venideros, lo que suele verificarse mediante este medio a través del cual las virtudes, como ligadas entre sí, son transmitidas, conservadas y difundidas a las personas distantes tanto en el espacio como en el tiempo, de la misma manera debe considerarse nociva y en grado sumo perniciosa la publicación y difusión indiscriminada de lo contrario...

En síntesis, este pensador nos dice que es maravilloso vencer las barreras del espacio y el tiempo a través de un medio tan versátil, pero que también es preocupante la posibilidad de un abuso que implique distribuir basura cultural en una banda tan ancha.

Ahora bien, confieso que hice una pequeña trampa, pues el texto que acabo de citar (por cierto, identificado en la web) no se refiere propiamente a Internet; el autor está haciendo referencia... ¡a la imprenta! En efecto, lo citado es un fragmento de la bula Inter multiplices de Inocencio VII, promulgada en 1487.

La ponderada respuesta de este papa -que con ello acalló a los que proponían una condena al recién descubierto "medio masivo" que fue la imprenta de tipos móviles- no ha perdido nada de su vigencia. Si hay un medio que difunde extensamente el pensamiento, las aspiraciones y búsquedas de los seres humanos, qué bien; si ese medio sirve para envilecerse a sí mismo y a otros en forma más rápida y extensa que antes, qué mal.

Siempre que en la historia se abre un nuevo horizonte de posibilidades a través de un medio inédito, recién descubierto y apenas dominado por algunos, se producen dos reacciones muy típicas pero igualmente superficiales y distorsionadas:

La primera reacción es la de una expectativa exageradamente optimista. Se piensa que el medio va a introducir una revolución tan radical en nuestra forma de vida, que después de algunos años ya no nos reconoceremos a nosotros mismos. El nuevo medio se concibe envuelto en un aura glamorosa y definitiva: es lo que esperábamos, el genio que cumplirá nuestro deseo, el futuro garantizado de la humanidad hacia el progreso y la realización. El resto de nuestros medios culturales quedará, según esta incauta visión, subordinado al nuevo orden o incluso tenderá a hacerse superfluo, indeseable o hasta retrógrado.

En el otro extremo, algunos se tornan exageradamente pesimistas. El nuevo medio es una amenaza, un instrumento de destrucción que nos hostigará y acabará por dominarnos. Todos sus beneficios son ficticios y tramposos, y estamos por desbarrancarnos en un abismo cultural del que nunca podremos ya volver. El nuevo medio es el inicio del fin: no tarda en acabar la civilización tal como la conocemos.

Esto pasó con la imprenta, el teléfono, la televisión... y se equivocaron unos y otros, los pesimistas y los optimistas, los "apocalípticos" y los "integrados" -como los llamó Umberto Eco; se equivocaron aquellos que sin criterio se lanzaron en el vértigo de lo nuevo y le apostaron todo a sus promesas, como se equivocaron aquellos que huyeron de esta realidad y acabaron por tenerse que sumar al sistema que, tiempo después, fue común y compartido.

Así pasa con Internet: aunque ya se está mitigando el furor de quien lo ve como panacea y sustituto de la escuela, la tienda, el parlamento y hasta de los espacios de la intimidad, todavía hay optimistas exagerados, entusiastas y consumistas. Paralelamente se van centrando las posturas de aquellos que lo consideraban un atentado a la comunicación interpersonal, el enemigo del libro, el arrasador de conciencias y el pulpo comercial, pero todavía hay catastrofistas que lo ven como virus cultural sin antídoto, atacando lo que no conocen y ridiculizando lo que no entienden.

En educación, el papel no sólo del cómputo electrónico, sino las posibilidades de la "telaraña" global y de las redes sociales ya ganó ciudadanía. El tema, entonces, no es si Internet tiene impacto educativo: claro que lo tiene, ya, irremediablemente. Qué impacto queremos, es un tema que le comentaré en la próxima columna.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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