La herencia y el cobro

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 21 Marzo 2012. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4723

El sector educativo del país pasa por una sacudida que era inevitable, y que puede resultar beneficiosa. A pesar de que se cumple casi un año de su anuncio, la Evaluación Universal saltó a primer plano por la manifestación multitudinaria de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación; mejor esperar a tiempos propicios de agitación. Ahí, los medios nacionales pudieron dar testimonio del contradictorio discurso de los líderes de esa expresión sindical ("sí queremos evaluación, pero no ésa" vs "nunca vamos a ceder nuestros derechos adquiridos"). Algunos medios y varios testigos pudieron confirmar la variedad vertiginosa de la consigna cantada, pero no pensada, y la desinformación: "No nos pueden evaluar como a los maestros de Finlandia", "Nos van a quitar el ISSSTE", "Con tener el título ya reconocieron que estoy preparado".

Pero también llamaron la atención las expresiones públicas del SNTE: "Nada me costaría pedirles a los maestros que salieran a la calle" –expresión que ilustra bien lo que en el texto de Metas llamé "Humillados y ofendidos": quien se dice atento defensor del honor es quien somete a los maestros y propicia su desprestigio social. ¿quién ofende a los maestros? ¿de verdad responderían al llamado unipersonal, de buenas y de inmediato? ¿de verdad responderían a una convocatoria con una adhesión acrítica, sólo porque su Presidenta así lo determinara? ¿Con eso está sugiriendo que el gobierno federal debe aceptar sus condiciones unilaterales de gobernabilidad?

Hubo también la extraña sugerencia de desprestigiar el proceso, con declaraciones del SNTE como: "la Evaluación Universal no podrá realizarse hasta que la SEP presente un programa integral para su instrumentación: ¿Con qué componentes se va a abordar la evaluación universal y sobre todo, cuáles son los instrumentos con los que se va a evaluar a los trabajadores? En tanto no haya estos trayectos formativos y los instrumentos por parte de la Secretaría nosotros consideramos que las condiciones para su aplicación estarían en duda". Como de pasada, el Secretario General recuerda que esperan la respuesta salarial, y que ello "genera incertidumbre e insatisfacción en los maestros y no podemos jugar con eso". Lo que omitió decir es que los representantes del Sindicato, incluyéndolo a él, firmaron junto con los funcionarios de la SEP, el 1º de marzo, los Lineamientos de la evaluación. Obviamente, la propuesta propiamente técnica, no puede estar sujeta a la aprobación del SNTE, pues ahí sí la rendición de la autoridad educativa sería total: lo académico no puede estar a merced del condicionamiento de una representación laboral.

La coyuntura en la que llega el Dr. Córdova no es sencilla, a pesar del extraordinario desempeño, claridoso y de elegante aplomo, del Dr. Tuirán actuando como encargado de despacho en la SEP. La sociedad no va a olvidar los compromisos que se tomó el Presidente de la República, los capitalinos no van a conformarse con ser damnificados de negociaciones bizarras (¿protestan contra la evaluación pero pactan condiciones de seguridad social, con Gobernación?) y los 900 mil espectadores que ya vieron ¡De Panzazo! no van a dejar de recordar la pregunta: "¿Por qué los maestros no se dejan evaluar?".

Por ello, es de lectura imprescindible –pero gozosa, por lo bien escrito- el libro de Carlos Ornelas Educación, Colonización y Rebeldía, presentado apenas la semana pasada. Con excelente documentación y un gran trabajo de contexto histórico, las tesis de Ornelas no son fáciles de tragar: sostiene que la Alianza por la Calidad de la Educación es una reforma insolvente, más aún, un placebo: satisfizo momentánea y superficialmente una demanda de cambio, pero no tiene las condiciones de fondo para esperar logros sustantivos. La principal deficiencia no está en sus proyectadas metas –por supuesto, avanzar en la profesionalización docente y la evaluación útil son las relevantes- sino en el hecho de que el acuerdo mismo supone una cesión de autoridad a la cúpula sindical, sin compromiso ni posibilidad real de recibir de regreso una transformación democrática o modernizadora, y menos aún acabar con la exclusión que es típica en la conformación de la política pública en educación: se dejó fuera o de comparsas a las entidades federativas, los otros poderes, los académicos, las organizaciones de sociedad civil, y menos que ninguno, a padres y maestros.

Sin compartir del todo el punzante juicio del Maestro Ornelas, héroe de la sinceridad en la propia comunidad de los investigadores educativos, es cierto que la autoridad hereda baja legitimidad ante el veleidoso y displicente manejo de la cúpula sindical. Pero la sociedad civil prueba, propone, arriesga: hoy mismo una Coalición de OSCs hace un exhorto al Senado para que la docencia sea un servicio profesional de Estado, y se recobre la dignidad que miles ya viven en la práctica, pero que los líderes de uno y otro bando sindical tanto se empeñan en desmentir con sus acciones y palabras.

El sector educativo del país pasa por una sacudida que era inevitable, y que puede resultar beneficiosa. A pesar de que se cumple casi un año de su anuncio, la Evaluación Universal saltó a primer plano por la manifestación multitudinaria de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación; mejor esperar a tiempos propicios de agitación. Ahí, los medios nacionales pudieron dar testimonio del contradictorio discurso de los líderes de esa expresión sindical ("sí queremos evaluación, pero no ésa" vs "nunca vamos a ceder nuestros derechos adquiridos"). Algunos medios y varios testigos pudieron confirmar la variedad vertiginosa de la consigna cantada, pero no pensada, y la desinformación: "No nos pueden evaluar como a los maestros de Finlandia", "Nos van a quitar el ISSSTE", "Con tener el título ya reconocieron que estoy preparado".

Pero también llamaron la atención las expresiones públicas del SNTE: "Nada me costaría pedirles a los maestros que salieran a la calle" –expresión que ilustra bien lo que en el texto de Metas llamé "Humillados y ofendidos": quien se dice atento defensor del honor es quien somete a los maestros y propicia su desprestigio social. ¿quién ofende a los maestros? ¿de verdad responderían al llamado unipersonal, de buenas y de inmediato? ¿de verdad responderían a una convocatoria con una adhesión acrítica, sólo porque su Presidenta así lo determinara? ¿Con eso está sugiriendo que el gobierno federal debe aceptar sus condiciones unilaterales de gobernabilidad?

Hubo también la extraña sugerencia de desprestigiar el proceso, con declaraciones del SNTE como: "la Evaluación Universal no podrá realizarse hasta que la SEP presente un programa integral para su instrumentación: ¿Con qué componentes se va a abordar la evaluación universal y sobre todo, cuáles son los instrumentos con los que se va a evaluar a los trabajadores? En tanto no haya estos trayectos formativos y los instrumentos por parte de la Secretaría nosotros consideramos que las condiciones para su aplicación estarían en duda". Como de pasada, el Secretario General recuerda que esperan la respuesta salarial, y que ello "genera incertidumbre e insatisfacción en los maestros y no podemos jugar con eso". Lo que omitió decir es que los representantes del Sindicato, incluyéndolo a él, firmaron junto con los funcionarios de la SEP, el 1º de marzo, los Lineamientos de la evaluación. Obviamente, la propuesta propiamente técnica, no puede estar sujeta a la aprobación del SNTE, pues ahí sí la rendición de la autoridad educativa sería total: lo académico no puede estar a merced del condicionamiento de una representación laboral.

La coyuntura en la que llega el Dr. Córdova no es sencilla, a pesar del extraordinario desempeño, claridoso y de elegante aplomo, del Dr. Tuirán actuando como encargado de despacho en la SEP. La sociedad no va a olvidar los compromisos que se tomó el Presidente de la República, los capitalinos no van a conformarse con ser damnificados de negociaciones bizarras (¿protestan contra la evaluación pero pactan condiciones de seguridad social, con Gobernación?) y los 900 mil espectadores que ya vieron ¡De Panzazo! no van a dejar de recordar la pregunta: "¿Por qué los maestros no se dejan evaluar?".

Por ello, es de lectura imprescindible –pero gozosa, por lo bien escrito- el libro de Carlos Ornelas Educación, Colonización y Rebeldía, presentado apenas la semana pasada. Con excelente documentación y un gran trabajo de contexto histórico, las tesis de Ornelas no son fáciles de tragar: sostiene que la Alianza por la Calidad de la Educación es una reforma insolvente, más aún, un placebo: satisfizo momentánea y superficialmente una demanda de cambio, pero no tiene las condiciones de fondo para esperar logros sustantivos. La principal deficiencia no está en sus proyectadas metas –por supuesto, avanzar en la profesionalización docente y la evaluación útil son las relevantes- sino en el hecho de que el acuerdo mismo supone una cesión de autoridad a la cúpula sindical, sin compromiso ni posibilidad real de recibir de regreso una transformación democrática o modernizadora, y menos aún acabar con la exclusión que es típica en la conformación de la política pública en educación: se dejó fuera o de comparsas a las entidades federativas, los otros poderes, los académicos, las organizaciones de sociedad civil, y menos que ninguno, a padres y maestros.

Sin compartir del todo el punzante juicio del Maestro Ornelas, héroe de la sinceridad en la propia comunidad de los investigadores educativos, es cierto que la autoridad hereda baja legitimidad ante el veleidoso y displicente manejo de la cúpula sindical. Pero la sociedad civil prueba, propone, arriesga: hoy mismo una Coalición de OSCs hace un exhorto al Senado para que la docencia sea un servicio profesional de Estado, y se recobre la dignidad que miles ya viven en la práctica, pero que los líderes de uno y otro bando sindical tanto se empeñan en desmentir con sus acciones y palabras.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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