La peor deserción de todas

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 04 Marzo 2009. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4807

La deserción escolar es uno de los más importantes factores de vulnerabilidad social. Es una doble tragedia, pues si ya es bastante malo quedarse sin el aprendizaje que brinda la escuela, es aún más dramático e indignante que ello ocurra cuando alguien ya se había incorporado al sistema... literalmente lo perdimos.

No es que no llegó; el punto es que no supimos, no pudimos retenerlo. Es más, "retenerlo" suena hasta extraño, como si se tratara de apresar o detener a esa niña o niño; en concreto, lo abandonamos, lo dejamos a la deriva, no creamos las condiciones de que la escuela encarnara el espacio para construir un mejor futuro.

La deserción en Michoacán es un problema indignante. El estado tiene un deshonroso primer lugar nacional en deserción a nivel secundaria. ¿Se imagina usted? Aquella niña ya cursó diez u 11 años de escolaridad y no vuelve a la escuela. Está bien documentado que si no se concluye la secundaria con un trayecto regular, sólo una fracción muy pequeña, entre el 10 y el 15 por ciento, acabará más adelante en su vida este ciclo escolar. Si a los 15 no acabaste la primaria, es una de diez tu oportunidad de completarla a una edad mayor. Por eso no sorprende que, con la mayor deserción en secundaria a escala nacional, Michoacán tenga también el segundo lugar nacional en rezago educativo, que es el término técnico para indicar el porcentaje total de la población que no concluyó la educación básica.

¿Es un estado pobre? Depende cómo se defina la riqueza. Es un estado de hondas raíces culturales, gente luchadora y con recursos naturales envidiables. Pero su capital humano, la riqueza que dan las capacidades y conocimientos a las personas, se encuentra en una condición lastimosa. La preparación general de la población, especialmente en aquello que le permite aspirar a trabajos de buena remuneración, es sumamente deficiente. No es un estado pobre, sino empobrecido.

Pero la peor deserción de todas, a mi juicio, no está en las consecuencias del abandono escolar. Dicho problema es grave, pero hay esperanzas fundadas para una recuperación en un plazo razonable si el manejo de la política educativa cambia, en forma radical, decidida y veloz. Porque la peor deserción de todas no es la de tal o cual niña, sino la de las autoridades. Esa deserción de origen condiciona, mientras no cambie, que se siga produciendo la deserción en el aula.

La autoridad está desertando de su responsabilidad educativa en Michoacán. Nada menos ayer, una nota periodística recoge las declaraciones de la secretaria de Educación estatal. Ante los cuestionamientos por el ausentismo de los profesores, la funcionaria responde que hará un exhorto fraterno; cuando le recuerdan que las instalaciones de la sede de la secretaría están tomadas desde hace más de un año, contesta que no se necesita estar en las oficinas para que se realice el trabajo. Finalmente, cuando se alude a la prueba Enlace, la secretaria responde que no se aceptará la aplicación de esta prueba nacional, y que en su lugar se realizará una prueba diseñada localmente.

¿Cuál es el papel de la autoridad educativa estatal? Cuando no puede ejercer sus atribuciones, hay una violación del orden normativo, un bloqueo lamentable. Cuando no quiere ejercer sus atribuciones y cuando se arroga las que no le corresponden, entonces la violación es mayúscula, una omisión culpable que debiera llamarse por su nombre.

¿Por qué el gobierno de Michoacán se rehúsa a respetar la prueba censal que usted y yo pagamos? ¿Por qué las plazas docentes no se asignan tras un concurso de oposición verificable? ¿Por qué se desafía la coordinación federal ante el silencio y la omisión de los mismos funcionarios federales? ¿Por qué se permite que los documentos de las pruebas estandarizadas se secuestren y se quemen? ¿Por qué se omite intervenir ante una ocupación ilegal de instalaciones? ¿Por qué no hay sanciones contra la suspensión injustificada de clases?

A muchos niños y jóvenes la escuela no los pudo retener. Sus familias no pudieron seguir pagando el costo de oportunidad para seguirlos enviando, o los menores de edad se fueron junto con sus familias a buscar una oportunidad en el desarraigo. Esa deserción duele, porque esos talentos deberán hacer piruetas y soportar castigo para no desperdiciarse y recortar sus horizontes en trabajos intensivos como la pizca, la jardinería, la albañilería o el servicio doméstico.

Pero la deserción de gobernadores y secretarios de educación... esa deserción indigna. Los ciudadanos tenemos que ir más allá del exhorto fraterno y alzar la voz a favor de los sin voz. Los niños de primaria y secundaria no secuestran camiones ni queman cajas de papeletas; en su lugar, nos corresponde a los adultos hacer saber a las autoridades que ya no queremos tolerar la deserción, la peor deserción de todas.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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