La Revolución y las brechas

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 17 Noviembre 2010. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4829

Mañana se cumplen 100 años del ataque a la casa de los Serdán, en Puebla, y el día 20 celebraremos el inicio formal de la rebelión maderista. El proceso de transformación del régimen anterior –heroico, contradictorio, aspiracional-  se concretó después de once años de una guerra civil intensa. ¿Cuándo concluyó la Revolución? Es difícil establecerlo, pero aquí le tengo una propuesta doble: el 22 de octubre de 1921 y “todavía no”.

¿Qué pasó el 22 de octubre? Ese día fue el arranque oficial de la Secretaría de Educación Pública, con José Vasconcelos al frente, tras casi un año de debate parlamentario, la aprobación de ambas Cámaras y la publicación del correspondiente decreto por parte del Presidente Obregón. En la creación de la SEP se conjugó el anhelo de que no sólo hubiera pan, tierra y justicia para todos, sino que la construcción de la nación fuera de la mano del desarrollo intelectual, moral y laboral de cada ciudadano de México. Puede considerarse así que, en la perspectiva de un proyecto educativo nacional de altos vuelos, se estaba abriendo la posibilidad de alcanzar –como lo dijo Kant con respecto de la Revolución Francesa- “frutos de cultura que compensen la sangre derramada”.

Nunca sobra releer esos textos fundacionales para dimensionar el sueño: en sus notas, artículos, circulares y discursos, Vasconcelos no está pensando sólo en una gran coordinadora nacional escolar: está pensando simultáneamente en la primaria, en la educación de campesinos y obreros adultos, en el acompañamiento a los pueblos indígenas, en el fomento generalizado de la lectura, en el cultivo y fomento de las artes –las artes/oficio y las bellas artes, en manifestaciones populares, en debates sobre ética y ciudadanía, la ciencia al servicio del pueblo. No sólo en ello, pero principalmente en este ideal de avance social equitativo puede leerse la mejor herencia revolucionaria.

Por otro lado, la Revolución aún está pendiente. Ya en su momento Cosío Villegas y Silva Herzog nos hicieron reconocer que justicia social sin democracia es revolución fallida, incompleta, inconclusa. Tenemos hoy una democracia frágil y jalonada de oportunismo y corrupción, pero esa deuda comienza a saldarse. Hoy podemos afirmar que la otra revolución pendiente, que nos debemos, es la revolución educativa.  Todavía el sistema educativo no es el galardón de la Revolución, porque todavía nos está faltando que se logre equidad en el acceso, en la permanencia y sobre todo en los aprendizajes.

Ayer se presentó el reporte “Brechas” (que se puede descargar libremente en el sitio www.mexicanosprimero.org/images/stories/Reporte_Mexicanos_Primero_-_Brechas_2010.pdf) y nos convoca a una urgencia perseverante. Con los datos presentados por el INEE en su reporte anual, debemos saber que no estamos logrando para todos trayectorias completas y exitosas en su escolaridad básica. De mil inscritos a primero de primaria, sólo 451 están concluyendo, en los nueve años prescritos, la secundaria. Con el retraso de uno o dos años más, acaban egresando 655. Los otros 345 quedan, casi indefectiblemente, en el rezago educativo persistente.

Y ahí, en el tercero de secundaria, lo que han tenido la fortuna de permanecer, están obteniendo logros de aprendizaje muy limitados: si atendemos a los resultados de EXCALE 2008, el 52% de los alumnos no logran el mínimo indispensable que se plantea para matemáticas; si usamos los datos de ENLACE, la panorámica es bastante semejante: 51% en nivel de logro insuficiente para ese mismo grado y área de conocimiento. A grandes trazos, sólo uno de cada cuatro mexicanos de 15 años está logrando lo previsto por el sistema educativo.

Esta falla generalizada se hace más inquietante si revisamos los logros saliéndonos de los promedios: si comparamos a Nuevo León con Oaxaca, si comparamos la secundaria de sostenimiento privado contra la telesecundaria, las distancias se vuelven rupturas, brechas, inequidad. Hay abismales diferencias en las oportunidades educativas de las niñas indígenas, si consideramos que hoy, en pleno centenario de la Revolución, 50% de la mujeres indígenas de 15 a 24 años trabajan de tiempo completo en labores domésticas sin pago. La escolaridad de las mujeres indígenas es de cuatro años, menos de la mitad del promedio nacional. Literalmente, no les ha hecho justicia la Revolución.

Remontándonos a 1910, las estimaciones marcan que rondábamos apenas dos años de escolaridad promedio. La Revolución desafió ese destino. Hoy no podemos pedirnos una hazaña menor.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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