Las brechas entre los maestros

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 04 Mayo 2011. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, David Calderón - Blog | Vistas del artículo: 3867

Ya antes he compartido con Usted cómo en México no sólo existe una falla generalizada en el sistema educativo –porque es un sistema que expulsa y en el cual no se logran los aprendizajes previstos sino que tiene además un rasgo indignante que es la inequidad. Falla más gravemente, falla más profundamente justo en aquellas zonas y situaciones en las que más se necesita el aporte de la educación pública.

Los hijos de las familias en las grandes ciudades cuentan con una multitud de factores que contribuyen a su formación; además de la escuela están relativamente a su alcance bibliotecas y librerías, parques y museos, cines y teatros, revistas y letreros, supermercados y pantallas con números…un poco caótico, pero hay muchos estímulos que complementan lo que se logra hacer desde la escuela.

En cambio los hijos de las familias más pobres encuentran típicamente en comunidades pequeñas, con una oferta cultural muy limitada (en aspectos que tienen que ver con competencias cognitivas, independientemente de la riqueza –si se observa– de sus culturas tradicionales), sus padres tienen baja escolaridad y sus escuelas están carentes incluso de algunos suministros mínimos. En ese arranque disparejo el único factor que puede renivelar la balanza es la acción de un maestro destacado. La mejor esperanza para comenzar a cerrar las brechas deaprendizaje es cerrar las brechas en el impacto de los docentes.

Así, el problema de una desigual distribución de la calidad educativa se vincula fuertemente al problema de la desigual fortaleza del cuerpo de maestros en las diversas regiones de México. Una primera dificultad tiene que ver con una decisión administrativa caduca y ahora nociva: en el siglo XX, cuando los trabajadores al servicio del estado eran en su gran mayoría trabajadores manuales –petroleros, electricistas, intendentes de limpieza– o bien auxiliares en oficinas, la “base” o “plaza” se planteó como un mecanismo de protección del trabajador, ligado inmediatamente a su persona, como un patrimonio. Tener un nombramiento fue como conseguir una concesión, equivalente a unas placas de un taxi; por ello, pareció normal y la autoridad permitió o se hizo cómplice de la venta, renta y herencia de plazas docentes. El maestro “cargaba” con su plaza yendo de una escuela a otra, en lugar de que la plaza –una posición docente- estuviese radicada en la escuela.

Hoy en una escuela irlandesa, checa o colombiana, la plaza que queda disponible por renuncia, jubilación o despido se abre a un concurso; evidentemente, los padres, los compañeros maestros y los directores son los más interesados en que el maestro que ocupe esa asignación sea un miembro positivo y honorable de una profesión exigente y prestigiosa. Junto con las autoridades, la comunidad participa en una selección rigurosa en donde se sabe de antemano a dónde llega el maestro a incorporarse.

En contraste, en la escuela mexicana prevalece la fatídica práctica del “corrimiento”: las escuelas más consolidadas y prestigiosas, las mejor dotadas y más céntricas son acaparadas por los trabajadores más antiguos, con mejores sueldos y más oportunidades de formación permanente, con mayores comodidades en el entorno cercano. Cuando un maestro se jubila, no se abre la plaza, sino la asignación; el lugar es ocupado con un maestro experimentado, típicamente de una escuela muy cercana. Así se inicia un efecto dominó en el que los maestros se “corren” a una posición más cómoda… como en el juego de las sillas, el último casi se cae. La resultante es que a la escuela más lejana de la capital, a la más precaria, llega por lo general el maestro más novato, que hace de todo para buscar un cambio a la brevedad. Ofrecer asesoría es más costoso, las oportunidades de formación y desarrollo profesional son escasas.

No sólo hay un sesgo en el desarrollo personal y profesional de los maestros, sino que el papel ecualizador de la escuela queda en entredicho. Los niños pobres, con padres del menor nivel educativo son los que reciben los servicios educativos de más baja calidad; las brechas no sólo no son recortadas, sino que a veces son ahondadas por la escuela. Justo las niñas y niños que más necesitan a su maestro como facilitador del despegue, son los que serán asignados a maestros que están todavía en camino de consolidarse. Hay, por supuesto excepciones conmovedoras y ejemplares, pero la estructura no facilita el reajuste que compense suficientemente. Si a ello sumamos la situación también frecuente de escuelas enteras con maestros “por contrato” (es decir, con una contratación eventual), con “dispensa de perfil” (por ejemplo psicólogos, licenciados en educación, etc. que quieren probar fortuna como maestros en escuela básica, sin contar con la preparación específica y a veces sin haberse titulado o haber concluido todos los créditos de una licenciatura) y la muy desigual calidad de las escuelas normales, el cuadro es alarmante. No se van a reducir las brechas en los alumnos si no comienzan a reducirse entre los maestros. Su carrera debe ser cuidada como auténtico patrimonio nacional y arrancarse de toda servidumbre, desprecio y manipulación.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

Compartir

 

¡Deja un comentario!

Para comentar, escribe tu nombre y correo electrónico,