Las experiencias vividas de la exclusión educativa

Escrito por PAOLA GONZÁLEZ-RUBIO NOVOA el 29 Marzo 2017. Publicado en Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 410

Publicado en Animal Político 28|3|2017

El mejor lugar para comenzar a entender la exclusión educativa es con las personas que la viven cotidianamente: casi tod@s las niñas, niños y jóvenes en México, sus maestr@s y sus familias. Con esto en mente, hace más de un año en Mexicanos Primero emprendimos un proyecto de trabajo de campo para conocer situaciones y prácticas educativas que nos llevó a diferentes contrastantes y lugares en el país: Baja California, Ciudad de México, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Yucatán.

Nuestro tiempo en campo nos permitió conocer algunas experiencias vividas de la exclusión en educación de niñ@s jornaleros agrícolas migrantes, de niñ@s maya en escuelas regulares así como en educación indígena, de jóvenes privados de su libertad, de la atención a la primera infancia en lugares muy apartados, de atención a las “necesidades educativas especiales”, y de educación multigrado, entre otras experiencias. En este espacio recupero algunos aprendizajes que obtuvimos de estas experiencias.

  • La diversidad real significa ver y reconocer la experiencia vivida de cada persona. Cada persona es única e imposible de representar con categorías o etiquetas; al hacerlo, fragmentamos su identidad: o es migrante, o es indígena o es transgénero o vive en situación de pobreza. Ver a las personas, en cambio, permite responder a cada una, como persona íntegra.
  • La interculturalidad es derecho – y responsabilidad- de tod@s. Integrar a las personas “diferentes” a lo “regular” no es inclusión. La interculturalidad no va en un sólo sentido; es decir, no sólo debe ser intercultural la educación de poblaciones indígenas, sino de tod@s.
  • El sistema educativo actual privilegia a quienes pueden aprovechar el sistema “regular”. El modelo actual, diseñado para el o la niña “promedio”, no permite la atención diferenciada. Esto resulta en un sistema de apoyo regresivo: da mucho menos a quienes menos tienen y están en contextos más complejos y con mayores dificultades para aprender.
  • La existencia de tipos de servicio diferentes tiene un impacto ambiguo en la inclusión. Estar en el olvido (del sistema educativo) ha permitido a los tipos de servicio periféricos (como educación indígena, CONAFE o multigrado) tener más flexibilidad y espacio para la innovación, ya que tienen menor supervisión o burocratización que el sistema “regular”. Pero, al mismo tiempo, estos servicios enfrentan grandes retos que han contribuido a la exclusión, como la permanencia docente y contar con maestr@s con perfiles adecuados.
  • La sensibilidad del personal educativo juega un papel determinante en la inclusión y equidad. Una directora con conciencia incluyente es clave para proteger el derecho a aprender de las y los niños. Pero, en general, no se forman directores para la inclusión. Igualmente, no es común que docentes reciban formación para la inclusión, lo que impacta directamente a sus alumnas y alumnos.
  • La primera infancia está abandonada y desde ahí comienza la exclusión. El desarrollo infantil temprano es limitado para muchas niñas y niños, lo que obstaculiza sus posibilidades de tener un desarrollo pleno desde pequeños, determinando gran parte de las desigualdades que se manifestarán en los siguientes años de vida.
  • Sin una transformación radical del sistema educativo, el origen seguirá determinando el destino. Existen cadenas de exclusión que perpetúan las desigualdades de desarrollo y aprendizaje y se heredan de generación en generación. Si las niñas y niños ven limitadas sus posibilidades simplemente por su origen, su condición, sus necesidades, sus gustos e intereses, vuelven la discriminación algo normal en sus vidas y parte determinante de su historia.
  • La probabilidad de ser excluido aumenta de acuerdo con ciertas características personales y/o de contexto. La discriminación por género se vive de manera transversal, desde la primaria más alejada en Yucatán, hasta la secundaria urbana en Ecatepec. Igualmente, tener barreras para el aprendizaje y no contar con un maestro que apoye tu proceso en la escuela te vuelve más propenso a dejarla, lo que aumenta la probabilidad de involucrarte con actividades ilícitas y terminar privado de tu libertad. 
  • La verdadera inclusión no se puede lograr sin un trabajo conjunto con las familias. Las expectativas de las familias sobre las posibilidades de sus hijas e hijos muchas veces se limita a lo que ellos mismos pudieron lograr. Este pesimismo no es de a gratis; el sistema mismo les dice que las expectativas sobre ellos son mínimas. Esto se suma a las necesidades de la familia, lo que les condena a no ir más allá de su contexto. 
  • Actualmente la diversidad no se ve desde la política pública. El diseño, implementación y evaluación de la política educativa no están pensados en torno a la inclusión, por lo que la exclusión no se visibiliza ni se corrige desde la política pública. Los tomadores de decisiones no reflejan una preocupación real sobre los peligros de la exclusión, lo que perpetúa – o empeora – el status quo excluyente. 
  • Las inclusiones son simultáneas, no sucesivas. Para lograr que tod@s estén, aprendan y participen en la escuela, las inclusiones se deben atender simultáneamente. Actualmente, el sistema está estancado en atender el acceso a la educación. Sin embargo, el derecho a aprender se viola cuando, estando en la escuela, las niñas y niños no aprenden ni participan. La idea de “primero uno y después lo otro” ha mantenido al sistema en este eterno enfoque cortoplacista que excluye a millones de niñas y niños.

Les invitamos a conocer las historias de las personas detrás de estos aprendizajes – así como nuestra propuesta de acciones específicas para comenzar la transformación hacia una educación incluyente en nuestro estudio Tod@s, disponible en: www.mexicanosprimero.org.

Acerca del autor

PAOLA GONZÁLEZ-RUBIO NOVOA

Soy activista social y promotora de la equidad. Actualmente soy investigadora en Mexicanos Primero donde me enfoco en lo que más me apasiona: educación, equidad e inclusión. Estudié una maestría en Desarrollo Internacional con una concentración en educación internacional y desarrollo comunitario en la Universidad de George Washington en Washington DC, y la licenciatura en Ciencia Política en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) donde he impartido la asignatura de Políticas Públicas para la Educación y el Desarrollo. He sido consultora sobre temas educativos para diferentes organizaciones internacionales, como la UNESCO en Bangkok, Tailandia, y Room to Read en Washington DC y Katmandú, Nepal. 

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