Las generaciones heridas de México

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 10 Agosto 2011. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 3896

Esta semana acudieron al bachillerato, por primera vez, miles de jóvenes. Son afortunados y, al mismo tiempo, están en riesgo. Además de sortear el examen de ingreso –en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, conseguir un lugar en las escuelas públicas es una hazaña especialmente dramática- nuestros muchachos tienen como perspectiva ser uno de los dos que puedan concluir en tiempo y forma. Para fines estadísticos, es un volado: la mitad no van a llegar a la meta.

En los reportes Contra la Pared y Brechas he insistido en la importancia de considerar esta realidad como de máxima gravedad para el desarrollo nacional. Como una mazorca que se desgrana, sólo la mitad de cada generación está llegando al primer año de bachillerato y, a su vez, este grupo llegará diezmado a la mitad para el tercer año. Si consideramos que esos años son clave para desarrollar un mínimo de capacidades de expresión clara, pensamiento crítico y elementos que permitan la independencia económica en un marco laboral estable, debemos cobrar conciencia de esta sangría de proporciones brutales.

El INEE confirmó en el Panorama Educativo de la Educación Media Superior, presentado este mismo lunes, que más de 19 millones de jóvenes no se beneficiaron del bachillerato. No se puede decir qué grupo representa la tragedia mayor: si los 7 millones que no podían entrar por falta de antecedentes académicos (el grupo que reúne los analfabetas, los que no terminaron la primaria o la secundaria) o los 12 millones que sí hicieron secundaria, pero ya no cruzaron el siguiente nivel. Es obvio que en todo sistema nacional escolar hay mermas en cada nivel, pero en los países desarrollados e incluso en algunos de nuestra región -como Chile, Uruguay y Brasil- las tasas alcanzan un nivel superior al 80% en el logro del ciclo de educación media superior.

Las consecuencias para la marcha de nuestra sociedad son inenarrables. Mucho, por ejemplo, se ha insistido en la presencia y atracción del crimen en los jóvenes sin bachillerato. Pero debemos matizar con cuidado, pues hay una cierta tendencia en el imaginario de los adultos a ver con temor y recelo a estas masas de nuevos desposeídos. Se habla muy poco en cambio, de su fragilidad como afectados por las prácticas criminales. Su condición de personas sin recursos amplios, sin una tradición de defensa y resguardo a ellos por parte del sistema policial y judicial, sin suficiente educación para hacer valer su derecho, los convierte en objetos de victimización frecuente e impune. Es significativo que en la más reciente encuesta de María de las Heras 59% de los entrevistados opinen que incorporarse a las filas de la delincuencia es algo que los jóvenes hacen sólo porque se les hizo más fácil, mientras que un sorprendente 56% piensa que los jóvenes de hoy gozan del derecho a la educación de calidad.

¿Es la solución implantar la obligatoriedad del bachillerato, hacerlo parte de la obligación del Estado de proveer servicios educativos en forma obligatoria y gratuita? No. No es parte de la solución, es sólo una condición marco. Es importante tener a la vista lo desafortunado de una decisión paralela en el caso del preescolar; se implantó la obligación formal, pero no hubo planeación, presupuesto suficiente, construcción de capacidades en funcionarios y maestros para hacerle honor al compromiso. Todavía arrastramos una terrible pauta de deserción en secundaria, por el mal diseño de las reglas y por prácticas viciosas. La solución no pasa por agitar a los legisladores y mandatar en el papel lo que no se está dispuesto a enfrentar en la política real, en la ejecución.

El sistema de Educación Media Superior debe concentrarse en los años inmediatos a ser una opción digna, comprometida con trayectorias completas y exitosas para sus alumnos actuales. Es muy lucidor inaugurar montones de bachilleratos y eventualmente rentable –para el político- contratar a miles de maestros, pero si no se cambian las reglas básicas, la receta del fracaso se multiplicará. Los maestros de bachillerato, como regla general, tienen nula preparación pedagógica. Heredamos de la Preparatoria de los positivistas porfirianos una obsesión por privilegiar a expertos temáticos y no desarrollar educadores profesionales. Gran parte de la planta docente de este nivel está formada por profesionistas habilitados: dentistas que dan Biología, contadores que dan Matemáticas, abogados que dan clase de disciplinas sociales. Algunos encontraron rumbo y bien ganado prestigio en esa nueva ocupación; otros son testimonio del subempleo y la formación fallida. Sin bachilleratos dirigidos por profesionales, con rendición de cuentas exigente y plazas por concurso, el ejército de sin-sin (sin educación y sin oportunidades laborales) no se va a reducir, la herida no se va a cerrar.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

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