Los 100 años de la SEP

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 05 Octubre 2011. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 3612

No, no es un error. Este lunes 3 de octubre se cumplieron 90 años de la creación formal de la Secretaría de Educación Pública. Es siempre complicado hacer una evaluación ponderada de lo que ello significa, así que lo que voy a comentar con Usted tiene más que ver con los próximos 10 años; es un ejercicio necesario saber de dónde venimos, pero más aún hacia dónde vamos.

En estos días los funcionarios van a tender a subrayar los logros de nueve décadas -masivos, monumentales, innegables- con un cierto dejo de suficiencia, como si los méritos de cientos de miles de educadores, a lo largo de décadas, pudieran atribuirse a la plantilla actual. En el otro extremo, los opinadores de variado cuño y los periodistas de la fuente tenderán a pasar la factura hipercrítica por los últimos 90 días del Secretario actual, o por los 11 años del PAN, o incluso por los 71 años de PNR y PRI definiendo la educación pública de México.

Hay mucho que celebrar y mucho que no se debe olvidar. En 90 años el analfabetismo cedió, se garantiza inscripción casi universal a primaria y la proporción de población en estudios universitarios es inimaginable, si regresáramos las manecillas a ese también lunes 3 de octubre de 1921 en el que un Diario Oficial de tipografía Art Decó anunció con cierta timidez el establecimiento del nuevo ministerio. Es necesario cuestionar el mito del origen dorado pues en estos días los funcionarios se sentirán otros tantos Vasconcelos renacidos, mientras que los detractores acusarán traición y desvío con respecto de los épicos ideales del origen.

Se puede documentar extensamente que la SEP nació con una doble característica, una contradicción alojada en su centro mismo: un proyecto humanista de acceso inédito a oportunidades, pero a través de un mecanismo vertical de control de las poblaciones. El presidente que firma la creación no es Madero, sino Obregón, y claramente el recién nacido traía los rasgos de “Justicia Social, sí; participación y libre crítica, no” que ha prevalecido, con sus más y sus menos, por nueve décadas. Así que des-mitologizando, la SEP no nació como prístina Atenea, sino más bien como compleja Adelita, mandando besos y echando tiros.

En honesta confesión de todo los actores relevantes, el modelo está agotado. No se trata de dinamitar a la SEP, pero con la mera continuidad no alcanza. ¿Qué ha cambiado? Que para rifársela con cierta probabilidad de éxito en el mundo contemporáneo, a las niñas y niños mexicanos ya no les basta con leer y redactar un recado, sino que necesitan poder escribir un ensayo, discriminar información en un texto discontinuo –una manera elegante para decir que deben poder entrar a Wikipedia y discernir si las pistas ofrecidas y las referencias anotadas son dignas de crédito o son mera basura informatizada-; deben poder no sólo con las cuatro operaciones aritméticas básicas, sino entrarle con éxito al cálculo y a la probabilidad, y hacerle sentido a un gráfico de frecuencias.

La educación pública ya no puede verse como una delgada capa de conocimientos y actitudes con la que se barniza a cada nuevo ciudadano genérico, con la brocha del infaltable e infalible libro-único-de-texto-gratuito.  Debe ser ahora el terreno de maestros profesionales e innovadores que atienden a pautas y estilos de aprendizaje tan diversos como cada uno de sus alumnos; los mismos ocho o nueve años de escolaridad –en los que llevamos atascados más de una década- son una referencia vaga del éxito educativo si para los ocho o nueve de edad no se han podido propiciar habilidades de aprendizaje para toda la vida. La educación pública ya no es indispensable para construir un Estado-Nación militarista, como los de antes de la 2ª Guerra Mundial  a través de la disciplina y la inducción del imaginario infantil. Hoy está llamada a servir de laboratorio de participación:  intercambios igualitarios y solidarios, en los que cada uno aporta y recibe, a su vez, compromisos cívicos, ideas y riqueza.

Algo que urge cambiar antes de llegar al Centenario es el modelo de decisión. Es altamente disfuncional en tres ángulos: en la articulación entre Federación y estados; en la relación entre SEP y SNTE; en la interacción entre el sistema oficial y los ciudadanos, por separado u organizados en fundaciones, redes y movimientos. Antes de diez años necesitamos resolver que esos tres puntos no sean hoyos negros por los que se pierde energía, talento y consistencia. El país que la SEP construyó, ahora demanda una SEP distinta.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

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