Maestros del tamaño de nuestros sueños

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 07 Abril 2010. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4654

A los grandes países no los hacen sus gobiernos, los hacen sus ciudadanos y es la educación de los ciudadanos la que fortalece los cimientos para su desarrollo. De ahí que se ha vuelto indiscutible la importancia del trabajo de los maestros como actores principales en el proceso educativo, y la estrecha vinculación de sus competencias docentes con el resultado del logro educativo de sus alumnos. Mientras más avanzada es una sociedad, más exigente se vuelve con la preparación y sobre todo con el desempeño de sus profesores. Incluso, podría decirse que fueron los propios maestros quienes crearon tal situación, precisamente porque ayudaron a educar a la población, es decir, son los maestros quienes han dado las claves para buscar y procesar información, y para desarrollar el pensamiento crítico; por eso tenemos ahora una exigencia más alta sobre su trabajo.

No debe ser cómodo que los medios de comunicación, las instituciones de evaluación, las organizaciones de la sociedad civil, las autoridades locales, y mamás y papás vigilen en todo momento el desempeño de los maestros a través de los resultados de aprovechamiento escolar de sus alumnos. También deben rechazarse y combatirse la crítica infundada, las expresiones ofensivas o las generalizaciones injustas: flojos, corruptos, aviadores, etcétera. Pero debe entenderse como positiva la expectativa que hay sobre el docente: tiene que ser, como siempre, una figura del tamaño de nuestros sueños. ¿Hacia dónde puede crecer un pueblo, si sus agentes para conquistar el futuro son retrógradas?

Escapando de la barbarie nazi, la primera conferencia que dio Freud fuera de su Austria natal fue a maestros de educación básica de Estados Unidos. En esa ocasión, dijo que el maestro lleva el honor y la responsabilidad de ser el primer arquetipo de ciudadano con el que se topa el niño.

Los maestros, explicaba Freud, son los primeros adultos con los que nos relacionamos, nos representan lo que la civilización tiene para ofrecernos. Nuestros profesores de preescolar: guías, primeros amores, figuras mágicas que nos traen un mundo más grande que los estrechos muros de casa. En nuestros maestros de primaria: encontramos –o no- al guía que cuestiona y nos introduce a las ciencias y las artes. Así, concluye Freud, el desenvolvimiento psíquico de una persona se explica por su relación de estímulo o distanciamiento de sus maestros.

Ahora bien, si revisamos la situación de los maestros de México, nos damos cuenta que poco a poco vamos teniendo más elementos para medir su preparación y evaluar sus capacidades. Revisemos: desde la Normal se cuenta con las aplicaciones del Examen General para el Egreso de la Licenciatura (EGEL); luego, para ingresar al servicio, el Examen de Conocimientos y Habilidades Docentes, primera fase del Concurso de Oposición; siguen después los resultados de Enlace, las evaluaciones de Carrera Magisterial, los Exámenes Nacionales para la Actualización de los Maestros en Servicio. ¿Y por qué tanta evaluación? Ah, pues porque ya se instaló una cultura de la evaluación, una que los propios maestros ayudaron a crear al habituar a sus alumnos a la evaluación continua. ¿Y por qué se les pide tanto a los maestros? ¿Por qué se les exige un parámetro? Por que son los mismos profesores quienes instauraron en la sociedad la idea de que hay que esforzarse continuamente, que el conocimiento no es algo estático y no nos podemos conformar con lo que sabían nuestros abuelos, que la actualización es necesaria, que debe triunfar el mérito demostrado y no la palanca, el machete o el billete como recurso para avanzar en la vida.

Una  situación que inevitablemente se discute, incluso entre los propios maestros y que se ha convertido en un tema de estudio para los investigadores, es por qué los cursos de preparación y actualización para maestros tienen tan pocos efectos visibles. Me explico: en el sistema público, México ya no tiene –salvo lamentables excepciones- maestros que no se formen constantemente. Además de los Talleres Generales de Actualización y de los cursos nacionales y estatales, es común que durante el año cada profesor tome uno o dos cursos cortos, o siga un diplomado o una maestría. Pero está demostrado por las evaluaciones que el número y frecuencia de los cursos para docentes tienen pocos efectos, tanto en los resultados del maestro como en los resultados de sus alumnos.

¿Y eso por qué? Ahí va mi hipótesis: se trata de un doble efecto que combina que los cursos no están, la mayoría, diseñados con una misma lógica, y que los maestros han desarrollado pautas de aprendizaje más complejas que otras profesiones, y son alumnos refractarios, exigentes y hasta a veces displicentes… hay que ser capaz de sorprenderlos, interesarlos y activarlos en serio. Por eso creo que, más que cursos, necesitamos recursos para que nuestros profesores se preparen de acuerdo con las necesidades y exigencias que nuestros niños y jóvenes requieren, y que los lleven a obtener aprendizajes para la vida.  Nuestras maestras y maestros mexicanos son la esperanza de nuestro proyecto de nación, así que ayudémoslos a ser igualmente ejemplares en vocación y capacidad.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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