¿Para quién es la evaluación?

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 08 Septiembre 2010. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, David Calderón - Blog | Vistas del artículo: 3633

Con mayor anticipación que el año pasado y con una agradecible sobriedad sobre los modestos avances, se presentaron los resultados de ENLACE 2010. Es ahora el momento de apropiarnos de los resultados y orientar los cambios.

Si comparamos los diarios y revistas de hace tres décadas con los actuales, en todo el mundo, un notable cambio es la frecuencia con la que se hace referencia a números, a los datos, a la estadística. La evaluación está con nosotros; es un imprescindible del paisaje cultural contemporáneo, y ya no se va a ir.

Nuestro país no es ajeno a este movimiento generalizado. La realidad es que no sólo los "tecnócratas" del Banco de México y de las áreas de programación y presupuesto en los diversos niveles de gobierno necesitan datos y elaboran evaluaciones.

En el proceso legislativo -con todo y el sofoco retórico que aún nos aqueja cuando sube un legislador a tribuna-, ya nadie se atreve a hacer una exposición de motivos sin citar estudios, sin ofrecer datos, sin apoyarse en evaluaciones. Temas de gran calado para la marcha social, como la impartición de justicia, los procesos educativos o la atención a la salud requieren, para ser discutidos con provecho, para intentar su mejora continua o su transformación estructural, de evaluaciones.

La corazonada, la ocurrencia, la mera convicción son de entrada "estados internos" en el ánimo de las personas; en sí son muy respetables, pero aislados en su desnudez; son una base deleznable para argumentar y entenderse con otros. Que alguien crea en algo con mucha pasión no me genera, por sí y en sí, ninguna responsabilidad para dar por buena su creencia, y mucho menos para adoptarla. Al menos en algunos campos de la vida colectiva, la mera ideología ya no alcanza para convocar a la aprobación. Si me dices que la educación básica en México está bien y avanza con solidez, o que disminuye el efecto del crimen que afecta a los ciudadanos, no me pidas que dé por bueno tu dicho: dame datos, preséntame evaluaciones.

Ya Habermas nos ha advertido que una sociedad que sólo se comunicara mediante argumentaciones fundadas, con enunciados abiertos a verificación constante por cualquiera, es sólo un ideal, un contrafáctico. Sería muy aburrido vivir en una comunidad que sólo emite oraciones rigurosas y comprobables, sin espacio para la poesía, el albur, la insinuación, la ensoñación o el chiste. Pero sí nos sirve, ese ideal, para pensar en una sociedad en donde las decisiones no se den por la razón de la fuerza, sino por la fuerza de las razones.

Evaluar es -y conviene nunca olvidarlo- juzgar. Como su nombre lo indica, toda evaluación es un juicio de valor. La diferencia entre una evaluación propiamente dicha y una mera opinión es que la evaluación emplaza elementos de verificación independiente, está abierta al escrutinio, a poder ser replicada por otro sujeto. La evaluación no es una simple recolección de datos, aunque sea muy rigurosa. La evaluación implica colocar esos datos en un contexto de explicación, de manera que esos datos permitan afirmar algo y negar su contrario. No es malo juzgar, lo malo es hacerlo sin fundamento, sin posibilidad de réplica sobre las mismas bases.

De una evaluación se siguen muchas conclusiones, y unas suelen ser más robustas que otras. Siempre hay que leer el disclaimer, el enunciado que hace el evaluador para indicar el alcance y plausibilidad de lo que presenta. Se vale decir -más, se debe decir- que lo afirmado tiene límites, admite matices y se basa en determinada información. Que es una selección, y que no puede aspirar, evaluación ninguna, a pasar como el juicio definitivo e incontrovertible que baja desde Dios, la conciencia cósmica, la ciencia o cualquier otro absoluto.

Hay evaluaciones más sólidas que otras, unas son más relevantes que otras; el ideal, de nuevo, es un equilibrio entre su rigor y su efectividad. Pero evaluar sirve para juzgar, y en toda lógica, para hacer algo al respecto; para que lo sabido se realice.

Algunos aspiramos a que la evaluación sea elemento crucial de rendición de cuentas a la ciudadanía, antes que reducirse a consejo u orientación para el funcionario. La dimensión de apropiación y empoderamiento de la "opinión pública" juega un papel vital en la democracia.

El mensaje a los evaluadores es el mismo de la ilustración: ¿es un atrevimiento pensar que podemos incursionar en tan altas y arcanas materias? Tal vez, y queremos hacerlo con el mayor rigor posible. Saber la verdad de la educación en México no nos quita esperanza, nos la da. Merece reproche, por el contrario, que la evaluación no sirva para comparar, para emplazar y para demandar mejora.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

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