Participación como educación I

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 27 Julio 2009. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4667

Ningún sistema de educación pública escapa a la tensión que significa la participación; en México el asunto es complejo, pues el gobierno expulsó a las familias y comunidades de las decisiones educativas sustantivas, y ahora les conmina a que "vuelvan a la escuela". ¿Es bueno que todos participen? Si se responde que sí, ¿cómo entonces mantener orden y proyecto? Si se responde que no, ¿cómo entonces sostener que es democrática, como lo manda con toda autoridad el artículo tercero constitucional?

Si no se cuida la rectoría del Estado, la educación pública corre el riesgo de ser botín de los diversos grupos con poder fáctico para determinar su marcha. Todos entendemos que un Estado débil puede sucumbir a las presiones de un sector empresarial para que la educación sea restrictivamente utilitaria, o ante el embate de una mayoría religiosa, para que sea sesgadamente confesional.

Estas dos precauciones acerca de la debilidad se agrupan con una tercera igualmente inquietante, pero mucho más factible: un Estado débil puede sucumbir ante un sector sindical para determinar ya no la marcha de la educación, sino su inmovilidad: que la educación permanezca como un proceso sin transparencia, sin consecuencias ante la mala práctica, sin presiones para la innovación y la mejora.

O bien, en el otro extremo, si se descuida la participación social, la educación pública será sólo oficial, o como se dice, "de gobierno". No sólo tendrá el riesgo de reproducir sistemas corporativos y verticales, un nacionalismo demagógico y un abordaje del conocimiento que privilegia lo repetitivo y lo retórico, sino que se condena obligatoriamente a ser irrelevante (no atenderá en serio a ninguna necesidad social profunda) y a ser impertinente (no responderá a las aspiraciones de los propios sujetos que buscan el aprendizaje). Un fraude, pues.

¿A cuál situación se parece México? Dan ganas de contestar con la opción d), en exámenes de opción múltiple: "Todas las anteriores". Es claro que se puede y se debe participar, que se puede y se debe fomentar, multiplicar y fortalecer la participación. Y ello comienza con aclararnos qué estamos entendiendo por "participar".

En la invitación a participar en educación las autoridades educativas del país tienden a convocarnos al apoyo. Y claro, ante las ingentes necesidades de un sistema público como el nuestro, es muy comprensible. Hay un enorme déficit en infraestructura, en fondeo, en recursos para materiales y actividades complementarias.

Se invita a los padres a ser vigilantes que, en piquete, hagan rondines en torno de la escuela; que hagan de control sanitario y de animadores de hábitos de higiene y salud; que regalen su trabajo voluntario para rehabilitar espacios; que hagan esfuerzos económicos adicionales para dotar de equipos.

A las organizaciones de la sociedad civil (OSC) se les solicita que contribuyan compartiendo sus resultados de investigación, que ofrezcan su tiempo para revisar planes, programas y proyectos; que animen procesos de organización local o generen voluntariado; se les exhorta a que ofrezcan estímulos, recursos adicionales, premios, juguetes, útiles, computadoras, becas.

Cuando padres, OSC y sector privado ya no sólo complementan la oferta gubernamental, sino que clarifican la demanda, la historia cambia. Que los papás regalen trabajo el sábado es una cosa; que cuestionen la clase del lunes es muy diferente. Son notables las excepciones, a nivel escuela, supervisión o sistema estatal, en que los padres o los mismos alumnos encuentren un canal despejado para hacer conocer sus inconformidades o quejas.

¿Quieres participar? Una forma deslactosada de la participación es la invitación. Ojo, no estoy sosteniendo que todas las invitaciones son de esta calaña, si digo y afirmo que muchas invitaciones traen su dardo tranquilizante incluido. El marco de la "planeación democrática" abre mil y un posibilidades de estar preguntando a los "sectores relevantes" una opinión, recomendación o postura que no se tiene ni la mínima intención de tomar en serio.

En el gran acto, escuchamos a la multitud de "actores implicados"; en la negociación en corto, pactamos con los que de verdad actúan. Ven de testigo, siéntate en el presidium; ¡ven y tómate la foto! Te convoco a un foro, a un consejo consultivo, presenta una ponencia. Ya te oímos, ya participaste, ya tranquilo; como dicen con ironía los muchachos: "¡Gracias por participar!". Seguimos la próxima semana.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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