Participar en la escuela: apoyo, exijo y propongo

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 02 Noviembre 2011. Publicado en David Calderón - Blog | Vistas del artículo: 2439

En pleno siglo XXI, hay un peligro de recaer en la visión de que la participación social –tanto de los padres y las comunidades que circundan a cada escuela, como de las instituciones académicas, las agrupaciones profesionales y las organizaciones de la sociedad civil- es un “apoyo”, un “complemento” y no el ejercicio de un derecho. Los titulares centrales del derecho a la educación básica son los niños, niñas y jóvenes, y sus padres sus representantes legítimos y responsables solidarios.

En una democracia, los ciudadanos establecen los mandatos educativos, las instancias oficiales traducen ese mandato a planes y programas y quedan emplazados ante los ciudadanos, de nuevo, para la revisión del alcance en los objetivos y para la demostración de impactos favorables.

Para entender con mayor profundidad, precisión y amplitud lo que significa la participación social en las escuelas y en el propio Sistema Educativo Nacional es conveniente reconocer un punto de partida frágil.
El sistema educativo en México nació como expresión de un arreglo estatal vertical, autoritario y corporativo a favor de la justicia social. La finalidad es la más loable, y a 101 años de la Revolución Mexicana debemos proponernos nunca olvidar esa aspiración, esa orientación a la dignidad y a la equidad  que constituye lo mejor del “sueño mexicano”. Sin embargo, esa finalidad de justicia -y de desarrollo humano integral, como se expresa en los términos actuales- fue concretada en políticas e instituciones que siguen siendo una pesada herencia: inhibir la participación de las familias y las comunidades en la marcha de las escuelas.
Somos corresponsables, pero como lo ilustra la positiva experiencia acumulada del Programa Escuelas de Calidad y la incorporación de Comunidades de Aprendizaje o modelos como el FIDE (Fortalecimiento e Inversión Directa a la Escuela, una innovación del PEC propuesta y evaluada por la organización en la que participo y en la que se dio una articulación entre sociedad civil, Gobierno Federal y autoridades educativas estatales), la participación de los padres que más favorece a la escuela no es aportar cuotas adicionales, ayudar a pintar, barrer u organizar una kermesse, sino involucrarse en la determinación de objetivos y en la evaluación continua del plan de trabajo de la escuela: conocer a los maestros, consolidar la alianza entre casa, localidad y escuela, dar razón y proponer la reflexión colectiva sobre el uso de los recursos y los resultados de aprendizaje… eso sí es participación.
En forma paralela, la sociedad civil participa de forma muy incipiente en educación cuando sólo complementan la dotación que corresponde al Estado. Es muy loable, pero con limitado impacto en el tiempo, los apoyos en forma de uniformes, útiles o desayunos ofrecidos desde el tercer sector a las escuelas.
Mucho más profundos son los cambios que introducen un refuerzo a la infraestructura, las becas, la entrega de tecnología. Todavía más relevante es la contribución a la formación continua y al acompañamiento de los maestros, pues es el actor clave de la última entrega y, aunque usado de bandera retórica, puede ocurrir que sea el actor más desatendido, el más olvidado en las estrategias de calidad. Es estrecha nuestra concepción de participación cuando se reduce a los mecanismos de la invitación y la consulta, cuando se limita a lo oficial y eventual. Ya hemos dicho que las iniciativas desde la autoridad son necesarias, pero resultan dañinas cuando ocupan todos los espacios e inhiben la iniciativa desde los ciudadanos. Reducirse a invitarlos a eventos, a título personal o representando a sus organizaciones, hace que su participación sea literalmente eventual, no continua y permanente.
La participación de la sociedad civil al asegurar transparencia, difundir datos, pedir cuentas y proponer prácticas alternativas, como en muchas ocasiones lo ha hecho Mexicanos Primero en un diálogo respetuoso pero exigente, es una forma de participar cuyos beneficios no se circunscriben a la escuela. Son para la escuela, pero más claramente para los destinatarios de ella, para esos niños, niñas y jóvenes que podrán crecer no sólo con mejores prácticas de aprendizaje, sino en una sociedad en la que más ciudadanos se saben titulares de los derechos y origen de todo mandato a los servidores públicos.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

Compartir

 

¡Deja un comentario!

Para comentar, escribe tu nombre y correo electrónico,