¿Podemos ser mexicanos?

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 09 Febrero 2011. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4916

Los resultados de PISA son polémicos y de enorme utilidad. Son polémicos porque, como toda medición, consideran una selección de parcial de datos y referentes. Son de enorme utilidad porque nos sacuden de la complacencia, nos invitan a la innovación, nos comparan con los resultados de otros.

Con un dejo de involuntaria sorna, escritores cercanos al SNTE han comentado los resultados de un sistema escolar destacado en el parámetro de PISA, bajo la pregunta: "¿Podemos ser finlandeses?". Las implicaciones de la pregunta son muy reveladoras pues en realidad se hace elipsis -omisión retórica- del nosotros específico. La pregunta formalmente es: "¿Podemos los mexicanos ser finlandeses?".

La obvia respuesta es no. No podemos ser finlandeses en este momento, cuando estamos en el trance mismo de ser mexicanos. En todo caso, ¿para qué querríamos ser finlandeses? ¿No habría quien prefiriera ser brasileño, cosaco o ya de plano, en el juego de la fantasía desbordada, mexica del Posclásico, egipcio de la Tercera Dinastía, romano de la era de los césares?

Cuando uno arriba a los contenidos, el mencionado artículo describe algunos elementos particulares del sistema educativo finlandés, elementos que pueden correlacionarse en forma clara -o "robusta", como gustan decir los cultivadores de la estadística- con los buenos resultados de aprendizaje y, de rebote, con los altos puntajes en el aspecto individual y colectivo en la prueba PISA. El sistema educativo finlandés se enmarca en una trama de decisiones sociales muy acertadas: alta recaudación, inversión continua en educación, esquema amplio de seguridad social, escuela de jornada completa con alimentos, currículum centrado en competencias, maestros de alto profesionalismo, gran autonomía escolar, mucho involucramiento de los padres.

Y ahora viene el cierre: como México no tiene esas características, no es como Finlandia. No podemos ser finlandeses. Y entonces yo pienso: "Mala tarde; nos tocó el lado chico del cucurucho". Ellos sí, nosotros no. Y ni intentar emular: el artículo nos advierte que no todas las buenas prácticas son exportables, imitables, reproducibles.

No pasaría de ser una anécdota pintoresca, si no fuera por el peculiar mensaje que deja: hasta que México no sea como Finlandia, no podemos esperar resultados como los de Finlandia. Ah, bueno; eso es tranquilizador. Entonces, ¿cuando seamos finlandeses tendremos educación de calidad y haber sido mexicanos nos parecerá como un mal sueño? Este argumento a la Top Gear me parece desencaminado y alarmante.

Yo digo que no tenemos que aspirar a ser finlandeses; no lo necesitamos. Me resulta ofensiva y digna de ser contestada esa visión. Como si ser mexicano implicara un destino manifiesto de mediocridad o fracaso; país irredento e irredimible, dejado de la mano de Dios, la Naturaleza o lo que cada uno quiera poner como voluntad arbitraria o deriva ciega... Algo así como: "En la tierra nacimos y no despegaremos". No puedo aceptar como normal ese fatalismo medieval, esas pobres miras de siervo de la gleba; no es aceptable que se piense en que tal vez se pueda mejorar, pero que es una audacia siquiera compararse con Finlandia. "No, eso no -nos dicen-. Eso dejémoslo a soñadores e ingenuos, a los que no saben".

Por eso también resultó sumamente oportuna la visita del coordinador internacional de PISA, Andreas Schleicher, la semana pasada en México. En el diálogo con maestros de verdad, en la Universidad Pedagógica Nacional, salió a flote la perspectiva de escuelas que son excepciones positivas. Hay en México estudiantes de escuelas rurales que puntean como los estratos elevados de naciones desarrolladas y mucho más arriba que paisanos de escuelas urbanas públicas o privadas. Son pocos, poquísimos. Pero son una señal de esperanza, una demostración fehaciente de que el origen no tiene que ser el destino.

Los mexicanos no necesitan aspirar a ser como los finlandeses, sino como los mexicanos que pueden desempeñarse con buenos niveles de logro en el mundo contemporáneo. Efectivamente, como los autores del mencionado artículo señalan, los buenos desempeños no son unifactoriales. Implican la corresponsabilidad de autoridades, maestros, padres y, por supuesto, los propios alumnos. Pero esa ruta, decididamente, la tomó en su momento Finlandia. No sólo ella; a su manera, conjugada en su respectiva idiosincracia, esa decisión la tomaron Corea y Nueva Zelanda, Chile y Polonia, Shanghai y Canadá.

Es altamente ofensivo para los verdaderos maestros de México ponernos en una liga aparte; como si necesitáramos una báscula y un metro "truqueados" para disimular que no damos la talla y el peso. Los comparativos internacionales son una llamada de atención y también nos muestran que es posible avanzar mucho y en poco tiempo. ¿Copiando lo de otros? No. Como nos enseñó ese gran maestro, esa gran maestra de nuestros primeros años: copiando no se aprende; hay que encontrar la respuesta por nuestra propia cuenta. No nos conformemos con el estereotipo, la caricatura, la media tinta; mejor ver si los mexicanos podemos ser mexicanos.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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