Poner a prueba

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 27 Agosto 2009. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4455

Tenemos ya los resultados del Examen Nacional de Conocimientos y Habilidades Docentes, publicados como parte del segundo concurso del oposición para asignar casi 17 mil plazas y más de 110 mil horas en el sistema público de educación básica. Como es de esperarse, los titulares en los medios acentúan lo que falta. Como es comprensible, las autoridades acentúan lo ya alcanzado.

Para ser honestos, conviene señalar que este examen funciona como una "cala", como una biopsia. Se evaluó a una porción tanto de los maestros de nuevo ingreso -los que acaban de salir de las normales- como de los que ya están en servicio. El examen se realizó sobre una parte acotada, pero los resultados que arroja sirven para plantear un diagnóstico de todo el terreno, del organismo entero. No sólo estamos poniendo a prueba a los maestros: estamos poniendo a prueba el global del sistema.

No sirve -no se vale- limitarse a denostar a los maestros. Los que ahora se expusieron al examen son, en todo caso, distintos a sus colegas que heredaron o negociaron sus plazas de turbia manera, hace apenas años y tal vez hace apenas semanas. Hay que asumir que nos pusimos un espejo delante. Esta vez que no hubo consignas en la calle, hay que escuchar el clamor de los resultados.

El despliegue para convocar, elaborar y aplicar del examen mejoró claramente con respecto del año pasado. La calificación se realizó con un sofisticado sistema de cálculo. Pero tener un mejor sistema para medir la glucosa es muy distinto a contar con un tratamiento para la diabetes. El punto que me interesa destacar no está en la ingeniosa parte técnica, que requiere de labor detectivesca para ubicarla y de un matemático de cabecera para desentrañarla. Lo que es crucial en el examen, a mi juicio, es cómo dice a gritos la necesidad de cambios.

Se da por aceptable que un aspirante obtenga plaza con puntajes que, en la práctica cotidiana, con sus alumnos, ese mismo maestro consideraría menores a un seis. Se abre la posibilidad para que desempeños todavía menores lleven a una definitividad en el nombramiento para un servicio público de alto impacto. Las cifras oficiales, con todo lo cuestionable que puedan ser en sus complejos ajustes, ya son suficientemente vociferantes: sólo 25 por ciento cruzan la línea de "aceptable". Y el presidente de la República, el secretario de Educación Pública, la presidenta del SNTE, los gobernadores y los legisladores no pueden posponer la escucha y hacen mal en minimizar las implicaciones.

Es duro saber que maestros de bajos rendimientos tendrán a su cargo la educación de los mexicanos que en 20 años se harán cargo del país, con los últimos tirones del bono demográfico. Tan duro como saber que casi 30 mil docentes -entre no aceptados y por nivelar- siguieron dando clase esta misma semana, así como están, con su comprobada limitación a cuestas.

La solución no va en la línea de dispersar masivamente computadoras personales en un inopinado esfuerzo por subirse al mundo desarrollado. La investigación muestra contundente que las TICs dan su mejor fruto educativo con la guía de maestros capaces, y no como alternativa a ellos.

Los resultados de este año nos ponen a la prueba. Si siete de cada 10 aspirantes requieren nivelación, aún con los favorables ajustes de puntaje, entonces hay que reandar el camino. Tenemos que corregir desde el origen lo que es caro y fatigoso compensar más adelante. Precisamente el sentido de contar con maestros de asignación permanente es contratar a personas capaces de cerrar las brechas, no que las reproduzcan.

Ya no puede posponerse una reforma radical a las normales; no crear cinco nuevas, sino rediseñar el sistema entero. Ya no podemos conformarnos con una capacitación continua certificada en el catálogo, pero no certificada con exámenes sumarios a los maestros que tomaron los cursos. Es inaceptable favorecer que los docentes alcancen maestrías y doctorados para que sus alumnos sigan topándose con una enseñanza mediocre, no entusiasta, no innovadora, no incluyente, no efectiva.

El ama de casa, el taxista, el comentarista de radio lo sospechan, lo elaboran como corazonada, como indignación y como anhelo: no está bien que los maestros estén tan impreparados para su tarea. No puede ser que las niñas y niños del país dependan de una abstracta "nivelación" que las autoridades se sirvan ofrecer para capotear la postración actual. No es posible que sigamos haciendo lo mismo y esperemos resultados diferentes.

No va a haber, al menos en el corto plazo, otros maestros. Ésos son, y son los nuestros. Como dice Silvio Rodríguez, con feroz lucidez: el sueño se hace a mano y sin permiso,/ arando el porvenir con viejos bueyes. Pero entonces necesitamos, más allá de la simple alianza entre gobierno y sindicato, un nuevo compromiso entre la sociedad y sus maestros.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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