¿Qué ganas con estudiar?

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 10 Junio 2009. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, David Calderón - Blog | Vistas del artículo: 3829

La pregunta suena rasposa, impropia, tirando a vulgar. Instala un enfoque materialista, con un poco de sorna escéptica. Lo políticamente correcto, hasta hace unas décadas, era contestar indignado que la educación no es una mercancía, y que no busca en principio ninguna utilidad o ganancia más allá de hacernos mejores personas, seres más cultos, reflexivos, etcétera.

El asunto es que la educación vale mucho, pero también cuesta. Y los gobiernos, las empresas y las familias se han preguntado, primero con precaución y ahora con urgencia, si la inversión rinde. Es decir, si lo que se gasta inicialmente se recupera con creces y en cuánto tiempo.

La pregunta por los retornos no es ociosa, ya que se trata, en último término, de entender si la educación es una buena estrategia de desarrollo social y personal; con la responsabilidad de distribuir recursos escasos, se trata de una prioridad ética. El bien que deja de hacerse por radicar recursos públicos o familiares en estrategias menos efectivas es una omisión culpable.

La decisión de un padre de sacar a su hijo de la escuela para ponerlo ya a trabajar, o concentrar las posibilidades en aquél de sus descendientes que más posibilidades parece tener de concluir exitosamente una carrera, llena la literatura de historias estrujantes, pero el economista diría que es una decisión racional.

Todos esperamos de la escuela que el paso por ella sea una experiencia de crecimiento integral; sin renunciar a ello, sino incluyéndolo, de la escuela debemos esperar que nos ofrezca bases y pautas para tener empleos bien pagados y asegurar remuneraciones crecientes. La correlación demostrable entre los ingresos y la cantidad y calidad en la escolaridad de una persona pueden servir como evaluación de la eficacia de un sistema educativo. Más todavía, si la escolaridad no funciona como sistema de redistribución de oportunidades, entonces la brecha de ingreso se acentuará y tendremos sociedades cada vez más injustas, desiguales, polarizadas y caóticas.

En un estudio del año pasado, la Fundación Espinosa Rugarcía calculó que en México, si alguien no concluye el bachillerato, difícilmente puede aspirar a un ingreso mensual superior a los seis mil 800 pesos. No es sólo un tema de años de escolaridad, sino también de calidad y ubicación; Mark Weinstein, de la mejor agencia de colocación de Estados Unidos, me hizo conocer un estudio en el que se demuestra que algunas certificaciones ligadas a manejo de procesos tecnológicos y a cuidado de la salud como rehabilitación, atención geriátrica o enfermería, son más productivas social y personalmente que la mayoría de las carreras universitarias.

Nos faltan investigaciones que verifiquen el nivel de rendimiento de los distintos niveles y modalidades, pero este enfoque económico es irrenunciable. No someterse a un escrutinio así es coartada barata; es claro que uno, al estudiar filosofía o letras clásicas no pretende alzarse como accionista mayoritario de empresa que cotiza en la bolsa, pero eso es muy distinto a hacer de la educación pública básica o media superior una bodega de esperanzas fallidas. Si no ganas con estudiar, entonces el sistema educativo nos queda a deber.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

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