Recapitulando PISA / I

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 15 Diciembre 2010. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4779

Desde diversas perspectivas, a lo largo del siglo XX muchos pensadores educativos nos previnieron ante la miopía de sólo ampliar la escolaridad. Sin aprendizaje significativo, sin pertinencia, sin relevancia, pasar muchos años en la escuela puede no hacer una diferencia.

Por ello, se ha ido posicionando que la educación no sea hundirse en una masa creciente de nociones, pedazos de información y modelos, sino el despliegue de las habilidades que permitan mejor habitar el mundo que nos tocó. Reconocer y repetir deben considerarse inferiores a relacionar, interpretar, solucionar y construir.

Desde un enfoque de derechos humanos (más de UNICEF y UNESCO), así como desde la evidencia pragmática de habilidades para la vida y el trabajo (más de OCDE y el Foro Económico Internacional), hay un importante consenso en el sentido de que la escolaridad debe verse como ejercicio de socialidad y aprendizaje, y que sus mejores frutos no deben ser autorreferentes, sólo académicos, sino en términos de habilitar para una vida más plena, una ciudadanía más vigorosa.

El éxito de un sistema educativo es que, en el tránsito de sus grados y requisitos, las personas resulten con más estrategias y opciones para entender, discutir y generar en su vida cotidiana y en las opciones que elijan como adultos.

PISA es una prueba estandarizada y matricial (es decir, la hace una muestra representativa de los alumnos, y ninguno de ellos resuelve todos los reactivos) que se viene aplicando cada tres años entre los países miembros de la OCDE desde el año 2000. Su prestigio ha crecido con cada aplicación; en 2009 -cuyos resultados se presentaron la semana pasada, tras más de un año de análisis y validación de los datos- no sólo participaron los 34 miembros de la organización, sino otros 31 países o "economías" que consideran muy relevante contar con un comparativo exigente y vigoroso, entre ellos: los socialistas Brasil y Uruguay; los oficialmente musulmanes Indonesia, Jordania y Qatar, e incluso tres ciudades de la comunista República Popular China (Hong Kong, Macao y Shanghai).

México es miembro de derecho pleno de la OCDE, y no sólo participa desde 2000, sino que desde 2003 la muestra permite obtener resultados válidos para las 32 entidades de la República. Como en otros países, la revelación de los resultados es motivo de debate porque pone en contexto auténticamente global los esfuerzos educativos de un país.

Así como fue un gran desengaño para la opinión pública estadounidense o alemana, que tuvieron que pasar el amargo trago del reconocimiento de que no eran las superpotencias que se imaginaban en cuanto a logro educativo, fue también un factor de reconocimiento a los años de dedicación y compromiso de finlandeses, canadienses y neozelandeses, que se propusieron en serio que sus escuelas públicas funcionaran.

México tiene un largo trecho por recorrer. En este año debe reconocerse que la SEP hizo un gran esfuerzo para presentar los resultados de una forma más abierta y sujeta a discusión. También nos debemos felicitar por el protagonismo de nuestro Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

El INEE mostró que puede y debe comunicar a los mexicanos estos resultados de una forma en que "internacional" no se interprete como "extranjero". Mandó fuerte y claro el mensaje de que no "nos vinieron a examinar", sino que nos medimos -de un forma significativa, sin que sea un juicio ni exhaustivo ni sumario- con nuestros pares en el mundo, evidenciando fortalezas y limitaciones.

Al secretario de Educación le hace falta mayor aplomo para entender siquiera las críticas, y a quien le prepara los discursos le hace falta mayor tino para destacar lo que de veras es un avance y no presumir lo que son variaciones nimias. Mezclar promedios de dos dominios diferentes (habilidad matemática y lectora) para formular una meta sexenal es una insensatez pedagógica y evaluativa, que el equipo actual de la SEP se empeña en mantener; subrayar el comparativo con Latinoamérica y opacar el comparativo, por ejemplo, con Corea, suena a pretexto y no mucho a rigor (¿sabrán en la SEP que México y Corea participaron en el Tercer Estudio Internacional de Matemáticas y Ciencias Naturales -TIMSS- 1995, y que en 2003 el INEE reconstruyó los "resultados perdidos"?).

¿Cómo salimos? Ligeramente mejor. La gran noticia es que cada vez tenemos una menor proporción de estudiantes en los niveles de desempeño insuficiente, es decir, por debajo de 2. Eso es doblemente meritorio, considerando que hay cada vez más alumnos -en términos absolutos y en términos relativos- que están en la escuela a los 15 años. Seguiremos.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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