Tod@s: una visión que te quiere incomodar (I)

Escrito por JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ el 14 Marzo 2017. Publicado en Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 623

Publicado en Noroeste 12|3|2017

La exclusión está en todas partes. Vive y convive entre nosotros con bastante naturalidad. La toleramos o la promovemos, consciente o inconscientemente y en ocasiones, hasta la padecemos. Su capacidad de penetración descansa en nuestra ceguera. Está frente a nosotros, pero no la reconocemos. Nadie la ve y nadie la oye, como si nuestros sentidos estuvieran adormecidos. En realidad, forma parte del paisaje por una razón: porque ya no nos incomoda.

Mexicanos Primero presentó el pasado 7 de marzo “Tod@s. Estado de la Educación en México 2017”, un estudio sobre inclusión educativa en el País.
La exclusión es un problema de tod@s porque el sistema en su totalidad es excluyente.
Cuando afirmamos que la “exclusión esta en todas partes”, “que vive y convive entre nosotros”, estamos ciertos de que no se trata de un problema delimitado a un segmento o clase social. Excluimos y somos excluidos en las zonas rurales como en la zonas urbanas; en la Ciudad de México como en Oaxaca; en la zona serrana de Badiraguato como en las zonas contiguas al malecón de Mazatlán o el parque de las riberas en Culiacán.
Desgraciadamente, hoy no todo es para tod@s y no es nada nuevo ni tampoco poco evidente. Arrastramos siglos de indiferencia cultural marcados por nuestra insistencia a seguir diferenciándonos a partir de etiquetas: mujer, indígena, pobre, vulnerable, discapacitado. La idea misma de ciudadanía sostenida en el presente a través de nuestra legislación, en la que los 18 años se plantea como mayoría de edad, deja lagunas para 33 por ciento de la población donde ser joven siempre es sinónimo de mañana, pero rara vez del hoy. Ni que decir de nuestros espacio cotidianos para la convivencia; el trabajo, la familia y nuestras propias instituciones son lugares comunes donde se registra la exclusión, tan sólo por el hecho de ser único y distinto.
Si la exclusión es un problema generalizado, ¿qué nos hace pensar que no estará presente en nuestras escuelas, tanto públicas como privadas? ¿Qué nos hace pensar que nuestros hijos no la padecen, la promueven o peor aun, la ignoran?
La triple exclusión es evidencia suficiente del nivel de exclusión con el que estamos familiarizados en el sistema educativo mexicano. En México, no todas y todos los niños están en la escuela: de cada 100 niñas y niños que ingresan a primaria, seis años después sólo 77 entran a secundaria en tiempo y forma, y tres años más tarde sólo 57 lo hacen a bachillerato.
En nuestro País, los que permanecen en la escuela, no necesariamente aprenden: seis de cada 10 niñas y niños tienen un aprendizaje insuficiente; esta proporción es de ocho de cada 10 para niñas y niños indígenas.
Por último, la participación activa y significativa de los estudiantes en su proceso educativo ni siquiera es un factor a considerar. ¡No hay datos!, apenas algunos cuantos que están lejos de contar una historia cercana a la realidad. Los niños no están, no aprenden y no participan: ¡Están tres veces excluidos!
Para Mexicanos Primero, la educación es en muchos sentidos el nombre de nuestros sueños. Las garantías para que este sueño se materialice son complejas y en los últimos años, contrarias a nuestras aspiraciones.
La evidencia demuestra que, en los resultados de PISA 2016, la evaluación estandarizada que desarrolla la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y donde México participa como País miembro desde el año 2000, revela que si naces en una familia pobre tienes cuatro veces más probabilidad de que tu origen marque tu destino.
Inhibir esta realidad, en la que el contexto se sobrepone a las posibilidades de éxito de las escuelas, exige renunciar a una idea abstracta de justicia para el mañana, y dar paso a la construcción de capacidades de nuestras hijas e hijos en el hoy, en el presente. En este sentido, la modificación al Artículo Tercero es sólo el basamento, el punto de partida de un desafío mayúsculo: hacer del derecho a aprender una realidad de presente.
La experiencia demuestra que transformar la realidad es una apuesta mucho más compleja que cambiar la ley. ¿Por donde debemos empezar? Tres aspectos básicos para imaginar una posible transformación integral del sistema educativo. Primero, empezar por ver a las personas; se escucha sencillo, pero la inclusión suele resumirse en estadísticas, sin profundizar en necesidades y realidades diversas. Las etiquetas nublan la particularidad de cada uno de nosotros, nos roban identidad y con ello sentido de pertenencia.
Segundo, la transformación que necesitamos es integral, no se soluciona con unos cuantos “parches”. Los llamados programas compensatorios son, sin duda, necesarios e importantes, pero son sólo programas periféricos para ciertas poblaciones, que a la larga sólo cristalizan la exclusión.
Finalmente, partamos de una perspectiva de derechos humanos. ¡La educación es un derecho, no un servicio! Ignorar esta realidad limita la calidad de la exigencia y el sentido de la urgencia.
Llegó el momento de Tod@s. Un sistema educativo exitoso es incluyente. Estar, aprender y participar garantiza el derecho a aprender de tod@s. Hacerlo realidad es responsabilidad de ¡Tod@s!
Que así sea.

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JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

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