Un pésimo mensaje contra la sociedad civil

Escrito por DAVID CALDERÓN M., JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ el 10 Julio 2017. Publicado en Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 464

Publicado en Animal Político 10|7|2017

Las organizaciones de sociedad civil son expresiones de la libertad de conciencia, de la libertad de expresión, de la libertad de asociación y del derecho a la participación, todas consagradas en la Constitución. Es preocupante que, más allá del sector en el que cada una se enfoca –en nuestro caso, el derecho a aprender, en los últimos meses se ha enconado la displicencia de una gran variedad de funcionarios y miembros de la clase política, que teniendo un grave déficit de legitimidad en sí mismos, quieren ahora desacreditar la crítica de la sociedad civil organizada, desmontar el control democrático y estrangular a quien monitorea, estudia los problemas y sus soluciones, y les impide un protagonismo autoritario y univocal.

En esa oleada, los cuestionamientos del Senador Pablo Escudero a la Comisión de Selección del Comité de Participación Ciudadana para el Sistema Nacional Anticorrupción envían un mensaje muy claro y de impacto muy negativo para la sociedad civil: la clase política y las instituciones que han sido rebasadas en la lucha contra la corrupción no van a facilitar el trabajo de las organizaciones sociales.

En una democracia en pleno proceso de consolidación, la participación ciudadana es de vital importancia para que las instituciones funcionen. Las organizaciones civiles están llamadas a participar en el cambio que ellas mismas proponen a través del diagnóstico, la propuesta, el monitoreo y el ajuste, y de emplazar a los funcionarios e instituciones a escuchar posibles soluciones, entregar información y rendir cuentas; sin dejar por ello de corresponsabilizarse con el debido proceso. Dejarles el papel de contorno, invitados de piedra y edecanes de eventos oficiales es perderse el dinamismo de las democracias contemporáneas, en donde las soluciones se descubren en un vivaz diálogo entre sociedad civil y estructuras formales del Estado.

En el caso del Sistema Nacional Anticorrupción, pareciera que los actores políticos pretenden limitar sistemáticamente su funcionamiento y alcances, pues a más de un año de firmadas las leyes secundarias del SNA, aún no han sido nombrados ni los magistrados ni el fiscal anticorrupción. 

La pasividad y falta de compromiso para con el SNA no termina en el cauce institucional; también pretende ahora afectar la percepción publica y ponerla en contra del comité de participación ciudadana. El pasado 1 de julio, el senador Escudero, del Partido Verde, dijo a un medio de alcance nacional que el Comité de Participación Ciudadana actuaba de manera opaca y que “lo único que han hecho, lo han hecho mal”. También acusó al comité de selección de no ser transparente, de tener conflicto de intereses, de seleccionar a sus cuates, y de hacer trampa.

La credibilidad de las organizaciones civiles es mucho más alta que la que tienen algunos institutos políticos y sus actores tradicionales. Gobernadores y exgobernadores acusados de fraude, malversación de fondos, corrupción y otros delitos contra la sociedad a la que deberían servir, dejan por el suelo la confianza de los ciudadanos. Los Borge, Duarte, Moreira, y otros, son sinónimo de corrupción, engaño y desconfianza, y las instituciones encargadas de castigarlos han quedado rebasadas en esta misión, por lo cual la impunidad se suma a la lista de padecimientos de los mexicanos.

Una vía para salir de esa entropía es la democracia participativa. Lo que se teme para el 2018 puede ya estar presente hoy: cada declaración se escanea y se toma como agravio, cada crítica se entiende como injuria, cada propuesta se ve como amenaza a la propia (posible) candidatura. Así que hay un vigor inusitado para arrinconar a la sociedad civil: mermar sus esfuerzos, bloquear sus iniciativas, y en esta ocasión, atentar contra la credibilidad de quienes son parte de este esfuerzo.

Tratar de manchar los nombres de las personas detrás de las organizaciones de la sociedad civil, acusándolos de hacer trampa, de compadrazgo, de amiguismo y de corrupción, es tratar de quitar toda la credibilidad e independencia que a pulso se han ganado líderes como Edna Jaime, Maria Elena Morera, Marieclaire Acosta, Juan Pardinas, y otros ciudadanos que han dedicado su talento y comprometido su estabilidad para contribuir a terminar con la corrupción, uno de los más grandes males que padecen los mexicanos.

Y aunque el senador Escudero recule y diga que la presentación del Libro Blanco “abona a la rendición de cuentas y a la fortaleza democrática de las instituciones”, la aclaración llega muy tarde. El daño está hecho. El mensaje que se envió a la ciudadanía y a la sociedad civil es muy claro: No van a facilitar el trabajo de las organizaciones civiles. El mensaje de regreso es: cuéntanos bien; somos muchos más. No tenemos un trabajo, una curul, un nombramiento, una chamba. Ésas tienen caducidad. Nosotros tenemos una causa, y nuestro empeño en ella empezó antes y continuará después de tu periodo.

 

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutuvo de Mexicanos Primero.
Conoce mi trayectoria.

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JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

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