Frente y perfil

"Quien ocupe el cargo en la Secretaría de Educación debe tener un sentido pedagógico claro, voluntad de justicia social, apertura a la experiencia estatal y capacidad de conjuntar a los agentes sociales. ⁦"
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David Calderón
17/12/2020

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Ayer, el presidente de la República anunció que, en sustitución de Martha Bárcena, propone a Esteban Moctezuma como embajador de México en Estados Unidos. Falta que el Senado lo apruebe y que el gobierno del vecino país no lo objete, pero todo indica que correrá sin mayor problema.

Lo que es sumamente preocupante es lo que ocurra en la SEP, en el sector educativo mismo. Siempre un cambio de titular –en México como en la mayoría de los países– trae aparejados movimientos en el equipo, salidas, sustituciones. En el momento de máxima crisis del sistema educativo nacional, en el momento de una auténtica emergencia educativa, este cambio sienta mal, porque resta certeza a una gestión que requiere claridad de rumbo y consistencia en la implementación.

Pero además del tropezón de la interrupción, aunque parezca increíble, debemos tener en mente que siempre podemos estar peor. Es como una pandemia dentro de la pandemia: ya estábamos mal y en problemas, con bajo rendimiento y resultados decepcionantes, pero la interrupción de ese proceso nos deja peor todavía… así es con el cierre de las aulas generalizado y Aprende en Casa, y tal cual se puede producir algo paralelo por el vacío y rearranque en la SEP.

Deseemos lo mejor, y preparémonos para los escenarios más complicados. Para ello, en lugar de sumarle a las conjeturas y hacerse las quinielas de si el subsecretario que metía el pie o el gobernador que solito alza la mano, que si el senador que mejor quiere ser gobernador o el enroque con un diplomático que no quiere regresar, mejor revisemos la descripción de puesto, el perfil necesario. Hagamos una descripción de 'se busca', un boceto de frente y de perfil del titular de la Secretaría de Educación Pública que merecen las y los estudiantes de México.

¿Qué rasgos debe tener la Secretaría de Educación federal? Se abre paréntesis: tal vez como nunca antes valdría la pena pensar en una mujer; se cierra paréntesis. En el momento más crítico de toda la historia del sistema educativo nacional, no se vale que se llegue a improvisar, a apenas aprender, a desarticular la continuidad en las ya de por sí limitadas respuestas a la emergencia. Pablo Latapí –que, mirando con sus dulces y muy claros ojos, decía cosas tremendas en su bajita y serena voz– me preguntó un día: “¿Sabes tú, David, cuál es el alumno más caro de todo el sistema?”. “No” –respondí. “El nuevo secretario de Educación, porque en lo que aprende echa a perder una cantidad de cosas valiosas, que después nos sale carísimo compensar o recuperar”.

Una persona conocedora, pues; alguien con la solvencia intelectual y la necesaria experticia en gestión educativa, en modelo de aprendizaje, en ubicación del marco normativo vigente, de los tiempos y procesos. Pareciera que sólo en este país nos parece normal que llegue un político sin trayectoria propiamente educativa.

Una opción que sea pago de cuota política, una opción que llegue a llenar de ideología lo que necesita evidencia, alguien que no asuma la urgencia y necesidad de apoyar a niñas y niños, a sus docentes y a sus familias significaría derrota y retroceso.

La administración presente tiene ya una muy mala marca en términos de conocimiento experto y dominio de la materia, desde personas sin formación encabezando instituciones que deben definir prácticas, hasta la dirigencia de secretarías enteras. Al menos en Salud son médicos (lástima que aún no médicas, enfermeras o trabajadoras sociales), pero en Educación las filas se engrosan con toda clase de advenedizos y recién convocados.

Pero además de saber, se requiere querer. Muchos secretarios y secretarias estatales fueron líderes sindicales. Con honrosísimas excepciones, fue poner a lobos a despacharse sabrosos tacos de cordero. Una secretaria que capte que es titular de obligaciones y que son niñas, niños y jóvenes los titulares del derecho a la educación, es a quien buscamos. Sobran, y ya nos urgen que se vayan, los que entienden su trabajo en la administración pública educativa como un espacio para que los adultos intercambien beneficios, y no para que la fuerza del Estado garantice el derecho de los niños.

Por último, que pueda. Un presidente que no tiene medida en su sinrazón e improvisación, que se mete a micromanejar por donde pasan trenes, se hacen presas o cómo se compran vacunas sin leer, sin atender a los colegiados, sin contrastar, sin preguntar cómo han hecho en otros lados, sin valorar la experiencia estatal, es un peligro para la decisión educativa sólida. El secretario Moctezuma alcanzaba a escuchar a veces, convocaba voluntades, quiso participar en ejercicios de interacción en la diversidad, como el Laboratorio de Educación Básica. Un secretario o secretaria que sea chambelán de librea para introducir a los líderes de la CNTE a Palacio, que siga con la lógica de desmantelar programas con reglas de operación y métricas de evaluación para llevárselo a becas no focalizadas con atractivo electoral y que generan un círculo de dependencia y baja autoestima, que le siga la corriente a los delirios sobre confundir la moral patriarcal y de consejitos con la ética y el discernimiento cívico, sería una tragedia.

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