El verdadero reto del regreso a actividades escolares

"El regreso a actividades presenciales se contempla como parte de la solución a diversas problemáticas que actualmente presentan nuestros alumnos, pero las aulas ya no serán del todo ese “espacio seguro” al que estaban habituados."
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Vanessa Lissett Martínez Coronado
13/04/2021

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La pandemia obligó al sector educativo a perder a la escuela como espacio seguro de interacción, participación y convivencia. A más de un año de trabajo a distancia es necesario hablar del retorno a las aulas y lo que esto implicará para el sector educativo. Es frecuente que se ponga el foco en las medidas de bioseguridad, pero debemos ir más allá con una mirada integral que incluya las medidas de bienestar físico, mental y emocional de nuestros estudiantes y docentes.

Actualmente vivimos un contexto de duelo donde las familias han sufrido pérdidas y afectaciones en muchos sentidos: económico, la libertad de movernos (debido al aislamiento social), y en peores casos la salud física y emocional. Me detendré en este último aspecto, ya que nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes han vivido situaciones inéditas en las que el único acompañamiento que han tenido, en el mejor de los casos, ha sido a la distancia. Esto se traduce en procesos de duelo inconclusos y no resueltos en su mayoría.

En la agenda pública, ha aparecido frecuentemente el tema de la creación de protocolos de salud física mediante medidas preventivas sanitarias para un regreso seguro a actividades presenciales, pero poco se ha hablado de la salud socioemocional de la niñez, tema de gran trascendencia ya que el desarrollo integral abarca tanto el bienestar físico como mental. Por tanto, se deben establecer acciones concretas para asegurar las condiciones básicas para prevenir y actuar de forma pertinente ante las problemáticas emocionales y conductuales que se han generado por el encierro y se generarán ante la nueva realidad educativa.

El regreso a actividades presenciales se contempla como parte de la solución a diversas problemáticas que actualmente presentan nuestros alumnos. Ciertamente la escuela siempre ha representado un espacio propicio para el aprendizaje y la convivencia; no obstante, nuestros alumnos se tendrán que enfrentar a una realidad distinta, donde las aulas ya no serán del todo ese “espacio seguro” al que estaban habituados, donde la interacción social y la participación se verán limitadas por las medidas preventivas.

Es importante detenerse a pensar el reto que implicará para los docentes acompañar a sus estudiantes en este contexto. ¿Estamos realmente preparados para abordar problemas conductuales, crisis emocionales o ataques de ansiedad, entre otras situaciones, que posiblemente enfrentaremos? Es verdad que los docentes de México siempre hemos sido capaces de sobrellevar las problemáticas en nuestras aulas, pero la nueva realidad traerá desafíos inéditos y con menor posibilidad del contacto físico que implica también menos contención para reconfortar a nuestros alumnos.

Es por eso que una línea de acción que debería ser prioritaria es la formación continua en temas de manejo socioemocional para todas y todos los docentes. Esto, además de que constituye un derecho, será una herramienta que nos permitirá responder a los requerimientos específicos de nuestra práctica y del contexto, y es condición para un regreso a clases presenciales de forma segura para todos los agentes educativos.

Como docente mi preocupación es genuina y me lleva a retomar dos de las condiciones necesarias de los servicios educativos: aceptabilidad y adaptabilidad acorde a los postulados de la Nueva Escuela Mexicana. El primero, bajo la consideración de establecer criterios de seguridad, calidad y calidez de la educación, así como de las cualidades profesionales de los docentes, y por otro lado, la capacidad de adecuar el contexto sociocultural de las y los estudiantes en cada escuela.

Ante una nueva realidad, la creación de ambientes armónicos y la actuación pertinente de nosotros los docentes, serán clave para asegurar la integridad física, mental y emocional de nuestros niños, niñas y adolescentes. Por tanto, el objetivo de la presente propuesta es favorecer las condiciones para cuidar la salud física, mental y emocional de nuestros alumnos, lo cual implica a su vez, asegurar el bienestar en estos mismos términos de nosotros los docentes, pues este sería el primer paso para que podamos cuidar de otros y ser un soporte emocional para el alumnado.

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