Ventilación y pedagogía

"La pandemia ha mostrado que necesitamos otro tipo de educación, las y los estudiantes no pueden seguir sentados durante horas copiando y repitiendo datos; salir al exterior es un compromiso con la salud pero también una posibilidad pedagógica para lograr mejores aprendizajes."
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Laura Ramírez
23/06/2021

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Junto a la salud y la economía, la gran tragedia que ha dejado la pandemia por COVID-19 ha sido la Las escuelas en México empezaron el proceso de apertura, el constante cambio de semáforo epidemiológico trae inestabilidad en los avances, pero el hecho de que varios estados cuenten con actividades presenciales en escuelas o Centros Comunitarios de Aprendizaje, abre la puerta para reflexionar -cada vez con más seriedad y con mayor evidencia- sobre lo que funciona y lo que no.

El acuerdo entre la comunidad científica es que la mejor forma de evitar contagios es usar mascarilla, mantener distancia mínima de 1.5 m entre personas y favorecer las actividades al aire libre; sobre esta última y su relación con la educación se basa este artículo.

En la idea tradicional de la escuela, las y los estudiantes permanecen por varias horas en el aula, muchas veces en grupos de más de 30 personas y sólo con algunos espacios recreativos o deportivos al exterior. Este esquema debe reemplazarse por actividades que aprovechen más y mejor las posibilidades de aprender fuera del aula.

Las y los científicos coinciden en que un ambiente con niveles adecuados de oxigenación es más propicio para el aprendizaje. El monitoreo de CO2 puede emplearse como una medida indirecta tanto del nivel de aerosoles como de la concentración de partículas virales exhaladas por personas contagiadas de COVID, sirviendo como indicador del nivel de riesgo de contagio. Un ambiente seguro, requiere niveles de CO2 por debajo de las 700 ppm.

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