La reapertura de escuelas: “cómo sí” regresar a clases

"Las próximas tres semanas serán clave para demostrar que las escuelas pueden operar con seguridad y no volver a cerrarlas. Debemos pasar del temor al cómo sí podemos realizar un regreso gradual, ordenado, escalonado y adaptado al contexto de cada comunidad escolar."
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Fernando Ruíz
04/09/2021

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Esta semana reabrieron escuelas en veinticuatro entidades del país y a pesar de que en ninguna de ellas reabrieron todas, paulatinamente más planteles seguirán sus pasos. Sin embargo, la reapertura por sí sola no asegura que las familias regresen. Las próximas tres semanas serán clave para demostrar que las escuelas pueden operar con seguridad para todos.

Es necesario recobrar la confianza de las familias y comunidades respecto a que se pueden reducir los riesgos en la convivencia escolar. El regreso a las escuelas es una oportunidad única para que el miedo y temor no continúe dominando nuestras decisiones y mantenga en pausa el derecho al aprendizaje de las niñas, niños y jóvenes (NNJ). ¿Qué debemos hacer para lograr que las escuelas vuelvan a ser el centro del aprendizaje de cerca de 26 millones de NNJ? ¿Qué lecciones hemos aprendido?

En meses pasados y al cierre del ciclo escolar 2020-2021, cinco entidades del país buscaron reabrir de forma generalizada, quince realizaron aperturas focalizadas y el resto continuaron únicamente con clases a distancia. Ante esto nos preguntamos, ¿qué factores permitieron que Aguascalientes y Jalisco lograran mantener un mayor número de escuelas abiertas?, ¿por qué Veracruz, el Estado de México y la Ciudad de México no lo lograron?, ¿los contagios que se presentaron, se dieron en las escuelas?, ¿las escuelas que participaron en los pilotos están ahora mejor preparadas y cuentan con mayor participación de las familias?, ¿qué temores y preocupaciones de las familias no pudieron ser atendidos por las escuelas?

Desafortunadamente, hoy no podemos contestar dichas interrogantes ya que no hubo por parte de las autoridades educativas un diálogo público, claro y directo que contribuyera a disipar las dudas y preocupaciones surgidas en los últimos meses. Por el contrario, nos desviamos en debates centrados en las posturas políticas presidenciales. Ante esto, lograr nuevamente la presencialidad en las escuelas es un propósito colectivo que implica la participación de todas y todos. Esto obliga a poner en marcha un proceso de diálogo entre los colectivos escolares, las familias, las autoridades educativas y los sindicatos de magisteriales, por mencionar a los actores más importantes.

Un aspecto que resalta de las experiencias exitosas es que fueron resultado de procesos planeados, paulatinos y consensuados. Desde el año pasado, por ejemplo, Jalisco tomó medidas que permitieron a las escuelas acumular experiencias de presencialidad intermedia. También se constituyó un grupo de trabajo que analizó e implementó sus acuerdos. Por su parte, Coahuila, Tamaulipas y Guanajuato buscaron preparar a aquellas escuelas que reunían las condiciones para su reapertura. Sinaloa hizo lo mismo para abrir Centros Comunitarios de Aprendizaje, al igual que Chihuahua con un modelo propio.

Un aprendizaje importante es que no todas las escuelas pueden reiniciar actividades presenciales o por lo menos no todas al mismo tiempo. Esta semana en Hidalgo, Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro, Tabasco, Veracruz reabrieron sólo aquellas escuelas que reunían las condiciones, aunque no hubo una explicación clara al respecto. Para promover este proceso, presentamos la semana pasada un Índice de Regreso Estatal que, con base en indicadores epidemiológicos y de rezago educativo, identifica nueve diferentes escenarios para la atención a las escuelas (disponible aquí).

El Índice, mejorable con las aportaciones de todos, promueve que las entidades publiquen un listado de planteles, estado por estado, de cada nivel y modalidad, en los que están confirmadas y garantizadas las condiciones básicas (agua y saneamiento, ventilación cruzada, distancia señalada y espacios al aire libre, electricidad, el paquete de filtro escolar -cubrebocas, sanitizante de manos y termómetro). Aunado a esto, proponemos que se forme una comisión que otorgue un sello y un documento firmado por parte de un equipo técnico que tome la responsabilidad de haber verificado in situ esas condiciones. Nuevo León, Tamaulipas y Querétaro han tenido avances en este sentido.

Las reaperturas sólo deben realizarlas aquellas escuelas que estén preparadas. Parece obvio, pero puede no ser así. No se trata que los docentes regresen, peguen cartelones, abran las puertas y reciban a sus estudiantes; se trata de reconstituir a las comunidades escolares. Para ello, es necesario compartir información, apoyar la formación de capacidades, espacios de participación pertinentes, dialogar y construir acuerdos. La comunicación debe ser clara, empática y continua. Las autoridades deben ofrecer información clave, validada y disponible sobre las precauciones adecuadas, evitando alimentar mitos y conjeturas. Eso no sucede en un día. Los protocolos escolares, como se les conoce de forma técnica, son en realidad acuerdos suscritos entre la escuelas y familias para establecer acciones, tareas y responsabilidades concretas para que las NNJ sientan confianza en las condiciones de sus escuelas.

La Guía para el Regreso Cauto, Ordenado y Responsable a las Escuelas, que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha estado actualizando en diferentes momentos (disponible aquí; no es un protocolo escolar sino un conjunto de directrices y recomendaciones generales para todas las escuelas que, además, no fue hecha para las familias ni es conocida por ellas. Por esto, con base en iniciativas ciudadanas como Abre Mi Escuela y experiencias exitosas de escuelas, hemos planteado un protocolo tipo que esperamos familias y maestros revisen, enriquezcan y adapten en sus escuelas (disponible aquí).

Con base en ello, para lograr la reducción y mitigación de riesgos, es central acordar qué hacer para mejorar la ventilación en los salones, qué medidas establecer para no rebasar el cupo en las aulas y qué tipo de actividades se realizarán al aire libre. En el protocolo debe quedar plasmado el centro de salud que le corresponde al centro escolar, así como la organización de las “burbujas” o grupos de seis estudiantes que mantienen el contacto; que la escuela no sólo haga filtro a la entrada, sino que brinde cubrebocas adecuados para las y los niños a lo largo del ciclo escolar, entre otras medidas. No debemos olvidar que las acciones deben ser objeto de acuerdos colectivos. También debemos implementar mecanismos para evitar aglomeraciones innecesarias en el transporte hacia la escuela, ingreso, permanencia y salida de las escuelas, así como acciones para subsanar carencias y rezagos en la infraestructura.

En este ciclo escolar 2021-2022 debemos pasar del temor al cómo sí podemos realizar un regreso ordenado, escalonado y adaptado al contexto de cada comunidad escolar en el país. Invitamos a las familias y docentes a ocuparse en cómo asegurar que las escuelas no cierren y vuelvan a ser el espacio más extenso y flexible para aprender.

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