Ante nuestros ojos

"Que esta pandemia no signifique que los adultos, en lugar de proteger a niñas, niños y adolescentes, se queden en el semáforo rojo de la negligencia y los abandonen a su suerte. Nos indigna que el proyecto de presupuesto 2021 cancele y recorte programas clave para garantizar sus derechos."
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David Calderón
12/11/2020

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Niñas, niños y adolescentes están sufriendo frente a nuestros ojos y parece que nos empeñamos en no verles, en no escucharles, en no protegerles. Se están cancelando sus posibilidades de una vida digna en su presente. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, expresó con fuerza: estamos al borde de una catástrofe generacional.

Su derecho a la salud está en riesgo, no sólo porque aún no tenemos vacunas para Covid-19, sino por un grave problema de falta de vacunación general, la prevista, la que desde hace mucho es su derecho y hoy está en vilo. Sabemos que millones tienen hambre, pero no hemos logrado articular un programa actual que atienda la desnutrición; el costo será impagable en términos de pérdidas en su capacidad física, emocional e intelectual. Una de cada cuatro personas nacidas este año no está registrada; queda invisible en lo legal y excluida para sus derechos.

No hemos sabido alcanzarles con servicios de atención y protección a domicilio y la tragedia los está aplastando al interior de los hogares y en el entorno cercano. La reciente reforma para prohibir el castigo físico es un acierto, pero todavía 63 por ciento sigue recibiendo golpes como 'disciplina'. Los asesinatos de menores de edad legal ya van en mil 800 con el corte al mes pasado. No hay garantía de que las aulas puedan abrirse, para empezar porque 47 mil escuelas –una de cada cinco– no tienen suministro regular de agua y 16 mil no tienen sanitarios. No podemos resolver temas como tomar la temperatura, sanitizar las superficies, lavarse las manos, cubrebocas para todos, sin inversión en ello.

Apreciamos la gran labor de la SEP y los estados emitiendo por TV y plataforma digital, pero la clave del aprendizaje no es únicamente facilitar contenidos, sino asegurar la relación pedagógica. Lamentamos que no haya visión y generosidad para lograr un trato con los proveedores de voz y datos, de manera que el vínculo entre familias y docentes, entre una niña y su maestra, a través de llamadas y mensajes de celular, no se convierta –por su costo- en una barrera que dispersa y desanima, poniendo en crisis la gratuidad de la educación.

No nos engañemos: estamos delante de una aceleración de brechas pues unos pocos estudiantes aprenden en plataformas digitales, no todavía como se quisiera, pero con sus propios maestros y compañeros, mientras que millones están delante de una emisión que no se detiene ante una pregunta, ni pone otro ejemplo; una emisión masiva y homogénea para un país de enorme diversidad, algo que se torna individual y pasivo, y que para la retroalimentación frecuentemente lo único que se les propuso fue gastar en copias para hacer tareas y mandar fotos frente al aparato como evidencia.

Justo aquellos que no pueden aprovechar las transmisiones de Aprende en Casa, ahora mismo no están con una atención reforzada, sino con versiones aún más precarias de las que ya tenían. La exclusión está pegando doblemente a los más pobres y marginados.

La Federación destina menos de 20 por ciento del gasto programable a las niñas, niños y adolescentes, siendo que este grupo de edad representa más de 33 por ciento de la población en México, con más de la mitad de ellas y ellos viviendo en pobreza. Nos indigna que el proyecto 2021 de presupuesto para la niñez y la adolescencia tenga cancelaciones o graves recortes a programas que son clave para garantizar sus derechos.

La semana pasada entregamos nuestra propuesta a las y los diputados para corregir omisiones y distorsiones en programas concretos: Desde el dinero para la coordinación de este sistema, el Nacional de Protección, hasta los fondos suficientes para el Registro Nacional de Población o para el Programa Nacional de Vacunación. Para asegurar que se ejecute a favor del desarrollo integral de niñas y niños pequeños el apoyo a madres trabajadoras. Para una verdadera expansión de Educación Inicial que no sea saqueada por favores políticos. Recuperar lo que se quiere quitar al CONAFE, que atiende en arreglos multigrado a las localidades más dispersas del país. Recuperar el programa de Convivencia Escolar, ahora que nos estalla en la cara las consecuencias del reclutamiento de niños, que verán destruidas sus vidas si desdeñamos esta prevención de la violencia. Revertir los recortes al programa de Aprendizajes significativos. Dar el dinero completo, 11 mil millones de pesos y no cinco, a Escuelas de Tiempo Completo, justo las que deberíamos expandir para el regreso, en lugar de poner en riesgo el entero proyecto que toca a 3.6 millones de niñas y niños. Poner dinero para las procuradurías, que ahora más que nunca necesitan en cada entidad proteger y restituir los derechos violados de la niñez. Cumplir con los deberes éticos y de compromiso internacional para la atención de niños refugiados en nuestro país, un país que incrementa su capacidad de hospitalización pero que deja caer su capacidad de hospitalidad por graves motivos de derechos humanos. Los recursos para la prevención y erradicación del trabajo infantil, que en la pandemia tiene un muy perturbador repunte y un enorme riesgo para abandono escolar. En fin, cada uno de estos grandes rubros podrían tener increíblemente una reducción sustantiva en 2021, cuando más necesitan ampliación.

Que esta pandemia no quede en la historia de México como el momento en que los adultos, en lugar de protegerles, nos quedamos en el semáforo rojo de la negligencia, y les abandonamos a su suerte. Actuemos ya.

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