Un presupuesto que golpea al magisterio

"De mantenerse el recorte de 42.2% a la inversión en el desarrollo profesional docente, en 2021 las y los maestros solo tendrían 108 pesos para su formación continua, justo ahora que más de 22 millones de niñas, niños y jóvenes necesitan su acompañamiento."
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Gabriela Anzo
12/11/2020

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El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) para 2021 plantea una preocupante reducción del 42.2% a la inversión en el desarrollo profesional docente, lo que deja un presupuesto de tan sólo 119 millones de pesos para el millón 40 mil docentes de las escuelas públicas en educación básica. Con esta asignación, cada docente en el país contaría con únicamente 108 pesos para su formación continua (ver Gráfica 1), justo ahora que los más de 22 millones de niñas, niños y jóvenes (NNJ) que atienden necesitan más de su guía y acompañamiento.

El 29 de octubre, el titular de la SEP señaló durante la primera edición del Premio Docentes Extraordinarios: National Teacher Prize que actualmente las y los maestros ocupan el primer lugar en la valorización de los mexicanos (Boletín SEP No. 283), gracias a que durante la pandemia se han hecho cargo de continuar con el aprendizaje de las NNJ. Sin embargo, parece ser que el Ejecutivo no opina lo mismo, pues el recorte presupuestario es un golpe fuerte para el magisterio y manda una señal incongruente con el discurso del presidente sobre la revalorización docente.

Durante décadas se ha demostrado el valor que tienen las maestras y maestros para el desarrollo de las NNJ pues la calidad de su práctica docente impacta directamente su aprendizaje y logro educativo. Por lo tanto, si queremos un país en el que la educación sea el mecanismo de transformación social y la escuela el catalizador del aprendizaje de cada NNJ, tenemos que contar con el personal docente y directivo que sea capaz de impulsarlo.

Docentes y directivos han señalado en repetidas ocasiones que lo que más necesitan es contar con oportunidades de formación que les permitan seguir aprendiendo. De acuerdo con la Encuesta Internacional sobre la Enseñanza y Aprendizaje de la OCDE (TALIS, por sus siglas en inglés), las y los docentes mexicanos señalaron en 2018 que la prioridad número uno en gasto educativo debería ser “ofrecer oportunidades de desarrollo profesional de alta calidad a las y los maestros”; mientras que en la mayoría de los países (21) señalaron que la prioridad debería ser “mejorar los salarios docentes” (OCDE, 2019).

Ello es reflejo del sinfín de expectativas que la sociedad mexicana tiene de sus funciones docentes. No sólo se espera que tengan un profundo y experimentado conocimiento de lo que enseñan, sino también que sean capaces de identificar las necesidades puntuales de cada estudiante e idear estrategias diferenciadas para atenderlas y así promover su desarrollo integral e individual.

Derivado de la pandemia, las exigencias son aún mayores. Se les pide que desarrollen prácticas pedagógicas flexibles que respondan a las necesidades particulares de cada estudiante, que incorporen el uso de la tecnología en su quehacer docente, que atiendan las necesidades socioemocionales de sus estudiantes tras la pandemia, que mantengan por cualquier vía la comunicación con sus estudiantes y sus familias, que evalúen el aprendizaje de sus estudiantes con Aprende en Casa II, etc. La lista es interminable, pero la incógnita es cómo podemos pedirles tanto y darles tan poco para que lo logren.

Resulta irreal que con tan sólo brindar cursos masivos de capacitación en material digital se garantice que las y los docentes desarrollen las habilidades, experiencias, actitudes y conocimientos para lograr todas estas exigencias y mitigar las consecuencias negativas en el derecho a aprender derivadas de la contingencia sanitaria. Por ello, reducir los fondos – de por sí insuficientes – limita la continuidad, intensidad y pertinencia de los programas de formación continua dirigidos al personal docente de educación básica.

El presupuesto asignado debe ser suficiente para garantizar que cada docente y directivo cuente con las oportunidades de aprendizaje profesional individuales y colectivas para la reflexión, indagación, interacción y experimentación de nuevas prácticas pedagógicas y de gestión; que respondan a las necesidades diagnosticadas y expresadas por las y los maestros; y que sean pertinentes a su contexto, siempre priorizando el aprendizaje integral de sus estudiantes.

Sólo así podrán afrontar los retos de contar con la profesionalización necesaria para el diseño de experiencias de aprendizaje a distancia, desarrollo de habilidades socioemocionales y reforzamiento de aprendizajes, así como para preparar un regreso seguro a la escuela que mitigue el rezago educativo de las NNJ. Asegurar un presupuesto suficiente es sólo el primer paso para garantizar que las y los maestros cuenten con los espacios y mecanismos para su formación continua docente.

Por ello, exigimos a las diputadas y diputados que recuperen la inversión en desarrollo profesional docente a los niveles de 2018 (1,026 millones de pesos); que se cambien las reglas de operación del Programa para el Desarrollo Profesional Docente (PRODEP; S247) para que se considere la ampliación de los contenidos de aprendizaje orientados a la educación incluyente, los nuevos contenidos curriculares y las habilidades para el aprendizaje a distancia; y que se establezcan mecanismos para transparentar el uso de los recursos para asegurar que sí se gaste en el aprendizaje de las y los maestros.

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