Momento de exigir

"Las y los diputados pusieron en el PEF 2021 “un curita” a las Normales, desaparecieron el Programa de Escuelas de Tiempo Completo, asignaron 108 pesos para docentes abaratando su desarrollo profesional… Es tiempo de exigir que no se viole el principio de progresividad en el derecho a la educación de niñas y niños."
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David Calderón
19/11/2020

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Una gran decepción, un gran repudio. Esos son los dos movimientos de ánimo que vienen inmediatos, tras confirmar el proceder de diputadas y diputados de la mayoría que concluyó con la aprobación, la semana pasada, del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2021.

Se apuntaron, para las tres maratónicas jornadas que duró la aprobación en la Cámara baja, mil veintinueve reservas, es decir, mil veintinueve propuestas de ajuste, de manera que otras y otros legisladores pudiesen cuestionar y presentar alternativas, no sólo planteando aumentos o recuperación de partidas, sino indicando de cuál fondo podrían tomarse para no salirse del global aprobado en lo general. Si la reserva se admitía a discusión, entonces el o la legisladora podría subir a tribuna y argumentar la relevancia y urgencia del cambio solicitado, y de ahí el Pleno la votaría; si consigue mayoría, el cambio se hace legítimo y entra en el Decreto final, para que ese ajuste sea una de las formas en las que el Poder Legislativo ejerce su función de contrapeso al Ejecutivo. Para este presupuesto, en la inmensa mayoría de los casos, las reservas no se admitieron ni a discusión. No se dio margen a las objeciones; así, no fueron derrotadas en el Pleno y con argumentos, sino que se mandaron al cajón de la basura.

En resumen, los recortes y cancelaciones que tanto preocupaban en educación se dieron. Se puso un “curita” a las Normales, pues después de eliminar el fondo para Fortalecimiento de la Excelencia Educativa, una de las rarísimas reservas admitidas pasó 149 millones a un programa administrativo de la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación, que es la instancia que regula las escuelas formadoras de docentes. ¿De lo administrativo de veras se pasará a lo sustantivo? Pero este agravio se queda corto, en proporción, cuando la mayoría de Morena y sus aliados, con su voto, definieron que el desarrollo profesional docente es algo barato –imaginemos si en medio de esta pandemia que no tiene para cuándo ceder, maestras y maestros en servicio no necesitan el respaldo de una formación ajustada a la necesidad del nuevo escenario– pues determina que 119 millones para 2021 alcanzan perfecto para poco menos de millón de maestros de escuela pública… Bravo, señoras y señores; se vieron magníficos y revelan con crudeza qué prioridad le dan en la realidad a los maestros cuando asignan 108 pesos para su formación profesional continua en el año que comienza en 42 días.

No corrieron igual suerte y, triturados por la clamorosa indiferencia, cayeron bajo la aplanadora los programas de Convivencia Escolar, de Atención a la Diversidad Indígena y el de Desarrollo de Aprendizajes Significativos. A ceros, sin piedad. No hay indicación de qué pueda sustituirlos, no hay asignaciones a otros rubros que sustente la cancelación porque la función se adjudicará con otro título. Nada; no hay razones ni ideas que se hayan esgrimido. Ante el entorno violento, o para niñas y niños de pueblos originarios, o para quienes experimentan barreras la respuesta no es poner más, ahora que los rezagos se aceleran, sino poner menos recursos. Al Consejo Nacional de Fomento Educativo, el benemérito CONAFE que llega a las poblaciones más alejadas y mantiene con tesón la esperanza de que el arreglo multigrado –niñas y niños en un mismo grupo, de edades diferentes y grados distintos– no sea una marca de escarnio y de postración, sino una oportunidad y el orgullo de la experiencia comunitaria, a ese CONAFE le van a hacer su festejo de 50 años en 2021 con un solidario recorte de mil millones de pesos. Qué desgracia, qué mezquindad, qué ceguera; qué ignorancia que garantiza a otros más ignorancia.

El Programa Escuelas de Tiempo Completo se desapareció. Se extinguió su clave. Esa es la pura y dura realidad; lo mataron. Pero un dejo de esperanza –de esperanza que no sea simulación y cinismo– se coló a un Transitorio del PEF 2021, el Décimo Octavo: “El programa denominado LEEN [La Escuela es Nuestra] incluye recursos para ejecutar los objetivos del PETC [Programa Escuelas de Tiempo Completo] incluyendo los apoyos de las y los docentes que imparten actividades de este programa, en términos de las disposiciones que al efecto se emitan por la SEP”. Es decir: a) Tranquilos, maestros; no sabemos si habrá o no actividades, pero les vamos a pagar el extra, b) la SEP, sin ningún mandato preciso, establecerá disposiciones –que no se sabe cuáles, cuándo y cómo– para que un programa de subsidios cumpla los objetivos de un programa que tenía reglas y métricas. Es tiempo de exigir. A los diputados, que comuniquen bien qué hicieron en su último año de representantes: cómo representaron a su partido, al pasado y al prejuicio. A Hacienda, que hace reasignaciones todo el tiempo, que revise los objetivos de los programas extintos y se resuelvan las acciones por otras partidas. A la SEP, que haga una ingeniería de recursos de La Escuela es Nuestra que no resulte una violación al principio de progresividad en el derecho a la educación de niñas y niños. A todos nosotros, a no olvidar y no dejar pasar de largo la obligación de encontrar soluciones.

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