Cuando la juventud pasa a la acción

 Raúl Carlin

 Radix Education

 30 de Enero del 2026

#CDMX #RadixEducation #Jóvenes #JóvenesEnAcción 

Comparte este artículo:

La primera vez que escuché a un joven decir “yo no sabía que esto que me indignaba podía convertirse en un proyecto”, entendí que muchas veces el problema no es la falta de voluntad, sino la falta de cauces.

En México, a las juventudes se les ha enseñado a sentir —rabia, frustración, esperanza—, pero rara vez a transformar esos sentimientos en acción colectiva.

Estamos acostumbrados a hablar de las y los jóvenes como una promesa lejana, un recurso a futuro o, en el peor de los casos, una energía peligrosa que hay que contener. Les exigimos paciencia, silencio, espera. Que estudien, que se preparen, que algún día —más adelante— participen.

Pero la realidad es otra: las juventudes ya están aquí, ya viven los problemas y ya pagan los costos de decisiones que otros toman por ellas. La pregunta no es si quieren participar, sino si les estamos dando las herramientas y el espacio para hacerlo.

Desde 2019, como coordinador del programa Jóvenes en Acción, impulsado por Radix Education en alianza con la Embajada de Estados Unidos en México, he tenido el privilegio de acompañar a jóvenes que decidieron no quedarse en la queja ni en la abstracción. Jóvenes que entendieron que la participación se aprende participando, y el liderazgo, ejerciéndolo.

A lo largo de siete generaciones consecutivas, el programa ha acompañado a 256 estudiantes de distintos estados del país, así como a 68 mentores —sus maestras y maestros— que caminan con ellos durante el proceso. Más allá de las cifras, estos números hablan de algo más profundo: una colectividad que se ha tejido alrededor de una idea sencilla pero radical: las juventudes pueden —y deben— ser agentes de cambio hoy.

En Jóvenes en Acción partimos de una convicción clara: el liderazgo que no se materializa es polvo en el viento. Por eso, además de fortalecer habilidades de comunicación, trabajo en equipo y pensamiento crítico, enseñamos a las y los jóvenes a diseñar e implementar proyectos sociales reales. La herramienta central para ello es la Metodología de Marco Lógico, que más que un esquema técnico, funciona como un puente entre la esperanza y la acción.

El Marco Lógico obliga a detenerse, a nombrar el problema con precisión, a identificar causas, a plantear objetivos alcanzables y a diseñar acciones concretas. Es, en muchos sentidos, una pedagogía de la responsabilidad: no basta con querer cambiar el mundo; hay que saber por dónde empezar. Y cuando eso ocurre, pasan cosas extraordinarias. 

Derek, desde Nuevo León, decidió enfrentar un problema tan cotidiano como invisibilizado: la falta de educación financiera. Lo que comenzó como una inquietud personal terminó convirtiéndose en una aplicación digital para ayudar a las personas a tomar mejores decisiones sobre su dinero. No se trató solo de tecnología, sino de ciudadanía aplicada al bolsillo.
Ángeles, en Jalisco, miró de frente una realidad conocida en muchas escuelas: la escasez de agua durante los periodos de estiaje. Junto con su equipo, diseñó e instaló sistemas de captación de agua de lluvia en escuelas de su estado, demostrando que el liderazgo también se construye vía tuberías y tinacos y muchas manos a la obra.

Marcos, desde la Ciudad de México, identificó otro tipo de vulnerabilidad: la digital. En un contexto donde los fraudes electrónicos crecen sin parar, él y su equipo desarrollaron un proyecto para educar a las personas en ciberseguridad, fortaleciendo el autocuidado digital y previniendo estafas.

Ninguno de estos proyectos nació perfecto. Todos atravesaron dudas, ajustes y errores. Pero ahí radica su potencia pedagógica: las y los jóvenes no solo aprendieron a liderar, sino a hacerse cargo de las consecuencias de sus decisiones, a evaluar y a corregir sobre la marcha.

Como coordinador, mi papel nunca ha sido dirigir desde arriba, sino acompañar desde el costado. En ese proceso he tenido que desaprender mucho: que la experiencia adulta no sustituye la escucha, que las decisiones no se imponen y que, cuando se confía genuinamente en las juventudes, responden con una seriedad que desarma prejuicios.

La alianza con la Embajada de Estados Unidos en México ha sido clave no como un gesto simbólico, sino como una apuesta por la cooperación basada en la confianza, el fortalecimiento de capacidades locales y el reconocimiento de que el cambio social ocurre cuando distintas voces se encuentran en condiciones de respeto y corresponsabilidad.

En un país donde la educación y la participación cívica suelen reproducir lógicas adultocéntricas —donde se habla mucho sobre las juventudes pero poco con ellas—, Jóvenes en Acción propone otra ruta: una en la que las y los jóvenes no son espectadores ni beneficiarios, sino protagonistas de su entorno.

Si aspiramos a una educación que forme ciudadanos críticos, a sociedades más resilientes y a una democracia más viva, tenemos que empezar por algo esencial: confiar en la capacidad de acción de las juventudes. No basta con escucharlas; hay que darles herramientas, espacio y acompañamiento para que puedan convertir su mirada crítica en transformación real.

Quizá el mayor aprendizaje que me deja este camino es este: cuando la juventud pasa a la acción, no solo cambia su entorno. Cambia, también, la manera en que entendemos la educación, el liderazgo y la posibilidad misma de un país distinto.

Y esa es una lección que no podemos darnos el lujo de ignorar. 

Raúl Carlin

 Radix Education

Originario de Veracruz, México. Se graduó de la Licenciatura en Derecho por la Universidad TecMilenio y posteriormente realizó una Maestría en Liderazgo y Educación en Enseña por México. Con 8 años de experiencia en el ámbito, se considera un apasionado de la educación. Actualmente es Director de Proyectos y Narrativa en Radix Education, desde donde ocupa el Ágora alzando su voz y escuchando la de otros para co-construir la educación que queremos y el país que nos merecemos.

Contacto:
FB: @Raul Carlin @RadixEducation

Crecemos: