La alumna invisible

 José Luis Sánchez Rojas

 Michoacán

 29/05/2024

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En la presente narración, quiero compartir el caso de una alumna que, por sus condición económica, social y física, fue marginada y de alguna manera discriminada en su salón de clases, donde el docente a cargo solo se limitaba a decir: “no aprende”.

Garantizar el derecho a la educación, entendida como el derecho a ir a la escuela, es fácil, pero lograr que se ejerza el derecho a aprender es una cuestión muy distinta que implica la evaluación de distintos factores como las metodologías con las que se trabaja, las herramientas de evaluación, la aplicación de ambas, la forma en que se imparten los contenidos, las condiciones del espacio para el aprendizaje, los materiales, la participación de padres, madres o tutores, las emociones con las que se presentan estudiantes y docentes; es importante además la reflexión sobre los contenidos, libros de texto y las acciones que realizan autoridades educativas inmediatas como el director escolar.

Un día que pasé a observar la clase en sexto grado, una situación llamó mucho mi atención: vi a una niña que realizaba sus tareas cerca del escritorio. Mientras los demás estudiantes resolvían un problema de matemáticas, ella realizaba una plana con su nombre; me limité a observar lo que sucedía en el salón más allá del trabajo del docente y noté que nadie invitaba a la alumna, que realizaba planas de su nombre, a integrarse, como si ella no existiera. Esto ocurrió no sólo en la clase de matemáticas, fue algo común en todas las asignaturas del día, su trabajo era realizar planas de nombres de familiares y dibujos de su casa o familia. Tenía una mirada triste, se notaba un poco desesperada.

Lo anterior me hizo reflexionar sobre el trayecto formativo de cada estudiante. ¿Por qué dejamos atrás a las y los niños que enfrentan dificultades en los aprendizajes fundamentales? ¿Por qué no se les apoya para superar los desafíos que enfrentan?

Al día siguiente busqué a la niña para realizar un diagnóstico y detectamos las siguientes dificultades: escritura poco legible, tamaño de letra grande, faltas de ortografía, dificultades en el espacio entre palabras, requería apoyo en velocidad lectora, fluidez y entonación; noté miedo y nervios -de alguna manera los directivos siempre imponen-, le invité un dulce y dijo su nombre, la comunicación fue limitada.

La invité a dibujar su animal favorito e hizo un perro al que llamó “Manchas”; sorprendido observé que escribió el nombre cuando se supone que tenía dificultad para realizarlo. Comenzamos a dialogar sobre el dibujo y me dijo: él siempre me espera, está conmigo todas las tardes y yo le platiqué de mi perro. Ella escribía palabras si se le dictaban, además dibujaba muy bien. Ambas habilidades las aproveché para ayudarla a mejorar sus aprendizajes fundamentales.

Por lo que me platicó de su perro, deduje que también era necesario platicar con su familia y conseguir su apoyo en las tareas de dictado, crear conciencia sobre trabajar las emociones, que hicieran sentir a la niña importante y evitar conflictos en presencia de ella. 

También pensé en el apoyo del grupo, por lo que apliqué varias dinámicas de integración. Aprovechando el dibujo trabajamos el cartel para estudiar el tema del cuidado del agua; integré a la niña en un grupo y le encargué el dibujo; todos y todas quedaron sorprendidos de lo bien que dibujaba, entonces llegamos al acuerdo de que la apoyaríamos en lectura y escritura, mientras ella nos mostraría cómo dibujar; gracias a estas actividades impulsamos el desarrollo de su lenguaje oral. El docente comenzó a trabajar actividades más llamativas para incluirla en las demás actividades y las adecuó para ella. El reto era rescatar los aprendizajes previos, por lo que comenzó a involucrarse en más tareas.

Ella va a terminar la secundaria, estoy seguro de que ahora cuenta con mayores herramientas a partir de: integrarla, tomarla en cuenta, aprovechar sus conocimientos y habilidades. Tener dificultad en los aprendizajes fundamentales no significa que no tengan habilidades cognitivas distintas que les permitan resolver problemas de manera distinta. Esto reafirma aquella frase de Paulo Freire, base de nuestra comunidad educativa: “todos conocemos algo, pero también ignoramos algo, en el camino nos complementamos”.

Hoy lo reafirmamos cada vez que incluimos, integramos e involucramos a toda la comunidad educativa con el objetivo de superar nuestras debilidades para no dejar a nadie atrás. No queremos más alumnos o alumnas invisibles, todos somos importantes y podemos aprender de todos a partir de la colaboración mutua.

Es un reto convencer a los docentes sobre la importancia del trabajo diferenciando porque se presenta el dilema: dedicar atención a estudiantes que requieren apoyo o a la mayoría que tienen avances en los aprendizajes fundamentales, y poder concienciar sobre la importancia de aprovechar las potencialidades de cada niño y niña, de lograr aprovechar esa diversidad de ideas, pensamientos y competencias.

En la mayoría de las ocasiones es más fácil pasarlos de grado que ayudar a superar debilidades porque les implica capacitarse, investigar, compartir, dejar que el colectivo apoye con ideas, materiales y estrategias. Es triste escuchar: “ojalá no me toque tal niño o niña, porque implica mayor esfuerzo”.

Lograr que no dejen de asistir a la escuela, que participen, que aprendan, aplicar una evaluación distinta, garantizar materiales y espacios dignos es muy complicado para escuelas urbanas, y en las rurales el reto es doble, y triple cuando se trabaja en modalidad multigrado de comunidades indígenas.

No dejar a nuestros alumnos y alumnas atrás, apoyarnos entre todos permite superarnos a nosotros mismos, no sólo es asistir a la escuela, es participar y garantizar el noble derecho de aprender; esto no se logra con clases conferencistas, se logra a partir del análisis y reflexión de nuestras prácticas docentes, de conocer nuestro contexto, nuestros alumnos y alumnas, de ser humildes para reconocer dificultades y pedir apoyo a otros maestros y maestras donde no logramos que se adquieran los aprendizajes. No basta con pasarles de un grado a otro, debemos apoyarles, reconocer que formamos una pequeña parte en sus vidas. Queremos que nos recuerden con nostalgia y admiración por ser quienes los apoyamos para que desplieguen todo su potencial.  

José Luis Sánchez Rojas

Michoacán


Soy un humilde profesor rural, director de una escuela primaria, con 13 años de servicio de los cuales 10 fueron de docente frente a grupo. He trabajado en escuelas del medio urbano, semi-rural, multigrado y rural, en los municipios de Naucalpan, Temoaya, San José del Rincón, actualmente imparto clases en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 164 del municipio de Zitácuaro, estado de Michoacán. Ganador del premio ABC 2023, categoría ser líder. Se debe garantizar estar, participar, pero sobre todo aprender.

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