

La Metamorfosis de "Los Coqueros de la 6"
Lilia Gema Santiago Rios
Docente /Veracruz
08 de Mayo del 2026
#Veracruz #Coatzacoalcos #Profesora #Secundaria #Inclusión #EducaciónSustentable
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¿Puede un residuo orgánico convertirse en la llave de la justicia social? En Coatzacoalcos, Veracruz, lo que antes era basura hoy es el cimiento de una ciudadanía científica que abraza la neurodivergencia, dignifica al migrante y rescata a quienes el sistema solía dejar atrás.
En el corazón de la Escuela Secundaria General Núm. 6, la realidad educativa nos enfrenta diariamente a retos sistémicos: la inclusión de alumnos con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la integración de estudiantes en situación de movilidad migratoria y la lucha contra el rezago derivado de la asistencia intermitente. Sin embargo, lo que para muchos son barreras, para nosotros se convirtió en el proyecto “Los Coqueros de la 6”.
Esta iniciativa ha transmutado de un simple proyecto de aula a un motor de servicios comunitarios con impacto real. Bajo el modelo de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), el proyecto “Coco Gold” ha rediseñado el currículo. Aquí, la ciencia no se lee en términos abstractos; se enseña desde la praxis: la extracción de aceite de coco, la creación de jabones artesanales, nieves, cocadas y el diseño de macetas biodegradables.
Para nuestros alumnos migrantes, el proyecto ha sido un puente de identidad. Al integrar sus saberes regionales con la química aplicada, la escuela deja de ser un lugar de paso para convertirse en un refugio de dignidad.
La inclusión no es invitar a alguien a la fiesta, es invitarle a bailar; y en “La 6”, todos bailamos al ritmo de la ciencia sustentable. El proyecto no busca estandarizar al alumno, sino flexibilizar el entorno.
En la molienda del coco, el estudiante con TDAH no es visto como alguien "inquieto", sino como el motor de la producción; su energía se canaliza en una actividad con propósito y rigor técnico.
La neuroeducación nos enseña que no hay aprendizaje sin emoción. El trabajo sensorial con el coco tiene una función reguladora: reduce los niveles de cortisol y activa el circuito de recompensa.
Para los alumnos con asistencia intermitente —muchas veces debido a condiciones socioeconómicas precarias—, el regreso al aula no es un castigo, sino una oportunidad de reencontrarse con un proyecto que les pertenece.
Además, hemos implementado el “Blog de la Profe Gema” y herramientas de Inteligencia Artificial para que el aprendizaje sea ubicuo. Si un alumno no puede asistir físicamente, puede acceder a tutoriales y simuladores, asegurando que la continuidad pedagógica no dependa exclusivamente de la presencia física. Esto es equidad digital puesta al servicio de los más vulnerables.
El hito más significativo ocurrió cuando los alumnos decidieron que su conocimiento no podía quedarse entre muros. El proyecto evolucionó al llevar sus talleres al Centro de Educación Ambiental Quetzalli.
En este espacio público, fueron los propios estudiantes —incluyendo aquellos con trastornos del lenguaje y neurodivergencias— quienes se convirtieron en maestros de la comunidad. Explicar el proceso de saponificación o la importancia de la economía circular a adultos y expertos transformó su autoconcepto. Ya no eran “los alumnos con dificultades”, eran los expertos comunitarios que están transformando a Coatzacoalcos.
Al trabajar en objetivos comunes, la competencia se disuelve y surge la colaboración. La interculturalidad crítica se vive al compartir una receta o al diseñar un logo con IA que represente la diversidad del grupo. Al final de esta jornada, lo que queda en las manos de nuestros alumnos no es solo un producto artesanal; es la certeza de que su contexto no es un destino, sino un punto de partida.
La metamorfosis de los “Coqueros de la 6” nos ha enseñado que la verdadera innovación educativa no requiere de laboratorios de última generación, sino de una mirada que se atreva a ver abundancia donde otros ven desperdicio.
Este proyecto es un recordatorio de que la Justicia Social en el aula comienza cuando el currículo se vuelve lo suficientemente flexible para que todos —el joven con TDAH, el estudiante migrante, la niña que lucha con el lenguaje— encuentren un lugar desde donde brillar.
Al aplicar el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) y la Interculturalidad Crítica, no estamos simplemente cumpliendo con un plan de estudios; estamos ejerciendo un acto de reparación histórica y pedagógica.
Ser maestros en el México de hoy significa ser alquimistas: transformar la "angustia creadora" en dominio técnico y la exclusión en pertenencia. Que la experiencia de Coatzacoalcos sirva de eco para otras escuelas: el potencial de nuestra educación pública es inmenso y, como el coco, su capa exterior puede parecer dura, pero en su interior guarda una esencia pura, resiliente y valiosa.
Hoy, nuestros estudiantes ya no son "los invisibles"; son productores de ciencia, guardianes del entorno y, sobre todo, arquitectos de su propia dignidad. Porque en la Escuela Secundaria General Núm. 6, hemos aprendido que la dulzura que realmente vale oro es aquella que emana del conocimiento compartido y del orgullo de decir: "yo puedo, yo pertenezco, yo transformo".
Porque en la escuela pública mexicana, nadie sobra y todos sumamos. Dulzura y sabor que valen oro: ¡Somos Coqueros!
¿Y tú, qué tesoro oculto has encontrado hoy en tu comunidad?.

Lilia Gema Santiago Rios
Docente /Veracruz
Soy ingeniera bioquímica en alimentos y profesora con 19 años de experiencia en el sector público y privado. Orgullosamente hija de artesanos oaxaqueños, he heredado valores como la paciencia, la creatividad y el respeto por el trabajo manual, que ahora aplico en la ciencia y la pedagogía. Mi vocación docente va más allá de enseñar fórmulas; busco despertar en mis alumnos la curiosidad por la naturaleza que tuve de niña. He fusionado mi rigor técnico con una visión humanista, liderando proyectos de sostenibilidad educativa para promover el cuidado ambiental. Mi mayor inspiración son mis hijos, Mathi y Samy, quienes representan mi compromiso con el futuro. Para mí, la enseñanza es un acto de amor y el conocimiento una herramienta para transformar realidades y construir un mundo mejor.



