Amor dentro del aula, un acto de responsabilidad y voluntad

 Lourdes Yurixy Matus Padilla

 Docente/ Veracruz

 06 de Marzo del 2026

#Veracruz #Maestra #Secundaria #Violencia 

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Me refugio en estas letras para plasmar mi sentir como docente frente a grupo, e impulsada por una profunda convicción de que aún podemos lograr un cambio. Tengo más de quince años siendo testigo de los cambios generacionales que han enfrentado muchos de nuestros jóvenes; vivo en Coatzacoalcos, Veracruz, una ciudad que es abrazada por la inmensidad del mar y con atardeceres que a diario ofrecen un espectáculo visual.

Como maestra, frente a las situaciones que hemos visto y vivido, me pregunto qué más podemos hacer para “rescatar a nuestros jóvenes” de una sociedad que cada vez se torna más deshumanizada y violenta; creo que como maestros no podemos ser indiferentes a todo lo que está aconteciendo si somos nosotros los que podemos influir en las frágiles conciencias de nuestros niños y jóvenes.

Confieso que es también complicado hablar de estos temas, por las mismas cuestiones de seguridad; sin embargo, permanecer en silencio no brinda oportunidad para reflexionar.

Hace unos días, leí una noticia sobre una maestra del Municipio vecino de Agua Dulce Veracruz; la maestra Martha de nivel preescolar, asesinada por su propia hija; sin duda fue un acontecimiento que consternó no sólo a los pobladores del lugar, sino a todos los que nos enteramos de tan lamentable hecho en el que dos menores de edad, entre ellos su hija, la llevaron a la muerte.  

Este acontecimiento es quizás el que me movió a redactar estas breves líneas y expresar mi preocupación de lo que está pasando y lo que estamos haciendo como maestros dentro del aula.

Sin duda alguna, los maestros no somos los responsables de las conductas de nuestras niñas, niños y jóvenes, pero sí es la escuela la segunda institución que forma después del hogar, y es aquí donde cada docente con sus propios medios y recursos enfrenta las realidades que viven los estudiantes: hogares destruidos, drogas, hipoalimentación, pobreza extrema, entre muchos más.

Si bien las y los maestros cada día abrazan con fuerza su misión de educar, me atrevo a decir que más que las enseñanzas académicas nos vemos en la necesidad urgente de reconstruir verdaderamente la dignidad de la persona, de resaltar día a día una cultura humanista que nos permita valorar en todo momento lo que somos como personas, tan valiosas unas para otras.

La tarea dentro del aula hoy requiere de manera urgente un trabajo de generosidad a favor de toda la sociedad, ser cada vez más conscientes que la falta de sentido de la vida y las incertidumbres del futuro se suman a las principales preocupaciones que impiden a nuestras niñas, niños y jóvenes a seguir, optando por caminos fáciles y sin salida.

Y es aquí donde se requiere un compromiso urgente, dignificar la persona, mostrar los valores éticos y principios morales para que nuestros estudiantes elijan la libertad, no el libertinaje y opten siempre por la verdad, porque la verdad exige humildad y convicción.

Hoy requerimos de un ejército de docentes dotados de un pensamiento firme y fuerte, necesitamos un ejército convencido de que el único camino para lograr verdaderos cambios desde un salón de clases es el amor, y al mencionar la palabra amor me refiero a la palabra como un acto de responsabilidad y voluntad, capaz de mover y penetrar a lo más profundo de las conciencias. El amor es capaz de intervenir en un proceso de manera puntual para mejorarlo.

Y ya que se ha dado la oportunidad de plasmar un sentir, no quiero terminar este breve escrito sin exhortar a nuestras autoridades educativas en todos los niveles –pero considero que tendríamos un mayor impacto a nivel federal–, de trabajar por una formación académica humanista y en brindar las oportunidades necesarias y reales para que los maestros se capaciten en los temas que urgen enfrentar, y con ello, apoyar a nuestras niñas, niños y jóvenes en las situaciones actuales, porque mucho se ha dicho en discursos, pero la realidad que vivimos las y los maestros que estamos frente a grupo es realmente crítica.  

Lourdes Yurixy Matus Padilla

 Docente/ Veracruz

Soy madre de familia, estudiante y docente frente a grupo, mis aspiraciones diarias son académicas y profesionales, mi primer y mayor compromiso es el bienestar de mi hijo y familia y enseguida la felicidad que yo pueda aportar a la vida de mis alumnos por medio de mis enseñanzas, clases. Desde muy joven, (aunque siempre tuve el apoyo de mi madre), tuve la inquietud de estudiar y trabajar al mismo tiempo para poder lograr mis metas profesionales, durante más de cuatro años colaboré en la Cámara de Diputados federal, así mismo trabajé para el Gobierno del Distrito Federal, en redacción y locución de guiones para la Hora Nacional. Hoy tengo quince años siendo maestra frente a grupo en una escuela al sur del estado de Veracruz, donde imparto la materia de español y desde hace algunos meses publico mis escritos con aspiración de lograr que mis letras lleguen a medios internacionales.

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