

Mujeres de la Tierra: Reflexiones desde la raíz
Osmaira Hernández
Mujeres de la Tierra /Guerrero
21 de Agosto del 2026
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¿Cómo acompañamos procesos de liderazgo comunitario en espacios donde las mujeres no están acostumbradas a ser tomadas en cuenta? ¿Cómo fortalecemos la confianza y el arraigo territorial en contextos de incertidumbre y precariedad? ¿Cómo soñamos con un mundo lleno de oportunidades, cuando nuestro contexto nos limita?
La colectiva Mujeres de la Tierra nos invita a reflexionar sobre estas preguntas partiendo de la siguiente declaración: Si buscamos promover proyectos de impacto regenerativo con mujeres rurales, esto implica mucho más que crear oportunidades económicas: significa construir espacios seguros, fortalecer capacidades y acompañar procesos que respondan a las realidades de cada territorio.
El proyecto surgió a partir de dos necesidades muy concretas. Por un lado, existía la posibilidad de transformar productos agrícolas para agregarles valor; por otro, conocíamos el potencial de las mujeres de la comunidad, muchas de ellas amas de casa que buscaban oportunidades para participar en actividades productivas que pudieran complementar su economía familiar.
Desde el inicio, Mujeres de la Tierra se construyó sobre algo fundamental: la confianza. Antes de existir como proyecto productivo, ya existían relaciones, afectos y una historia compartida entre las mujeres involucradas. Esa base ha sido clave para todo lo que hemos logrado.
Los primeros años fueron un periodo de aprendizaje y experimentación. Descubrimos productos con potencial, aprendimos procesos y comenzamos a visualizar oportunidades de crecimiento. Como ocurre con muchos proyectos productivos, parecía natural querer producir más, llegar a nuevos mercados y en nuestro caso, incluir a más mujeres.
Sin embargo, en el camino también encontramos retos importantes. El crecimiento acelerado trajo consigo nuevas exigencias y responsabilidades que implicaban que las mujeres involucradas comenzaran a enfrentar una carga adicional a las ya bastante significativas de labores domésticas, y cuidado de sus familias.
Al mismo tiempo, la presión por profesionalizar y expandir la iniciativa, dejó menos espacio para algo muy importante que se estaba desarrollando paralelamente: la resignificación de las relaciones sociales, el desarrollo de confianza y su poder de autogestión.
Fue en medio de ese proceso cuando surgió uno de los aprendizajes más valiosos. Comprendimos que Mujeres de la Tierra no era solamente un espacio de trabajo. Se había convertido en un lugar donde las mujeres podían encontrarse, escucharse y acompañarse; un espacio seguro donde podían compartir experiencias, construir confianza y generar redes de apoyo. Ese descubrimiento transformó nuestra manera de entender el proyecto.
Hoy, Mujeres de la Tierra es un colectivo con perspectiva de género que busca fortalecer el liderazgo, la autonomía y la participación de las mujeres de la microcuenca de Juluchuca, Guerrero. Más allá de la producción y comercialización de productos con valor agregado -que sigue siendo uno de nuestros enfoques a mediana escala-, buscamos crear oportunidades para el aprendizaje, el intercambio de conocimientos y el desarrollo de capacidades que permitan a las mujeres participar activamente en la construcción de un futuro más justo y resiliente para sus comunidades.
Creemos en la importancia de acompañar a las lideresas que ya existen en el territorio, mujeres con conocimientos, experiencia y una enorme capacidad de transformación, pero que muchas veces no han contado con los espacios o herramientas necesarias para desarrollar todo su potencial.
Mirando al futuro, soñamos con un colectivo sólido, donde mujeres de todas las edades puedan encontrar oportunidades para aprender, liderar y participar en proyectos que se adapten a las realidades específicas que enfrentan.
Aspiramos a seguir fortaleciendo redes de apoyo, impulsando iniciativas productivas regenerativas y acompañando procesos que contribuyan a reducir las desigualdades y las distintas formas de violencia que afectan a las mujeres de nuestra microcuenca.
Todavía tenemos más preguntas que respuestas, pero seguimos caminando con la certeza de que en nuestra comunidad existe una enorme abundancia de talento, conocimiento y liderazgo esperando florecer. Nuestro papel es seguir creando las condiciones para que eso suceda.
Porque, al final, Mujeres de la Tierra no trata únicamente de los productos que elaboramos. Trata de las mujeres que los hacen posibles, de las relaciones que construimos juntas y de la convicción de que cuando una mujer fortalece su voz, toda la comunidad se fortalece con ella.

Osmaira Hernández
Mujeres de la Tierra /Guerrero
Es ambientóloga, amante de los atardeceres, las escritoras latinoamericanas y el aroma de la tierra mojada. Durante los últimos años ha trabajado acompañando procesos de regeneración socioambiental en comunidades rurales de la costa de Guerrero, con especial interés en el liderazgo de mujeres, la construcción de comunidad y la gobernanza local. Actualmente coordina el Nodo de Género en ReSiMar, convencida de que la regeneración de los territorios va de la mano con el cuidado y fortalecimiento de los vínculos que los sostienen, la participación activa de las comunidades y la construcción colectiva de futuros más justos, inclusivos y resilientes.



